Este caballero, Miguel, programó una cita con mis padres en casa de él. Creo que es para mañana jueves. Que rápido fue eso. Hace apenas unas horas estaban hablando con don Alejandro, y ya tienen cita con este otro señor para conocer la verdad. Que lean la biblia, ¿no les basta con eso?
Mis padres están muy tensos con todo este asunto de la religión, pero a mí me da igual, es decir, por lo menos si mi padre va a cualquier iglesia, eso sería suficiente para mí. Pero mi madre rechaza la idea de que asistamos a diferentes congregaciones. Ella no va a permitir que haya una mezcla de ideas es nuestra casa de cómo debemos vivir para Dios.
Cristian se salvó esta vez de ver los problemas entre su madre y su padrastro. Mañana jueves en la mañana viaja de nuevo a Cartagena. Suertudo.
A pesar de que mi madre vaya a la iglesia y se declare como una persona recta delante de Dios, sigue siento un poco testaruda. A ella no le va hablar con la gente de manera suave y misericordiosa.
Mi madre siempre intenta que el pecador vea su iniquidad, que se arrepienta y vaya a nuestra iglesia. Yo no. No me da vergüenza confesar y profesar mi fe, pero creo que cada quien es libre de tomar una decisión por su propia cuenta.
Yo amo a Dios, de verdad. Asisto a las células* que mi madre permite que se realicen en nuestro apartamento, que se llena de mujeres listas para escuchar la voz de Dios a través de nuestra líder espiritual. Voy cada domingo a las reuniones familiares y todos los sábados al culto para jóvenes. Siempre uso mi mejor ropa para ir a la iglesia, jamás he ido como una desechable de las calles. Asisto a los campamentos y actividades recreativas que la iglesia programa.
He tenido contactos y conversaciones profundas con Dios. Cuando he estado enferma, he sentido alivio gracias a él. Las veces que he orado últimamente, noto que mi espíritu se une a algo divino, haciéndome sentir paz, logrando que olvide cada momento de mi vida que hasta ese instante me atormentaba. Dios responde a mis oraciones, siento su presencia en mí. Sé que me cuida. Soy consciente de que Dios cuida de mi corazón y me perdona cada pecado. Él hizo que mi madre dejara de beber. Incluso, Dios logró que el corazón de mi padre se doblegara y aceptara casarse con mi madre, para que no siguieran viviendo en fornicación.
Lo amo. Dios cambió lo que yo nunca pude en mis fuerzas.
Pero esto me asusta, no quiero dejar de asistir a mi iglesia. Siento que se está repitiendo lo que viví hace aproximadamente 2 años. Justo cuando logro encontrar paz en mi alma, algo sucede para abatir mi existencia, a tal punto que dude de todo lo que creía tener claro en mi cabeza.
El día pasa muy rápido, más de lo que esperaba. Hoy es jueves, es el día.
Asisto a clases, nada del otro mundo, excepto por el hecho de que aún no le agrado ni un poco a esa profesora de religión. Curiosamente, la mañana pasa rápido. No he podido controlar mis pensamientos y dirigirlos a mis deberes como estudiante. Esa reunión de mis padres con ese hombre me tiene preocupada. No quiero más cambios, así me encuentro feliz.
Rayos, tantos años que tuvieron que pasar para que mi mente respirara calma, y ahora vienen ellos a ahogarme de nuevo.
- Dios, por favor, no quiero que esa cita de mis padres con ese señor sea para mal -. Oro para mí misma, susurrando para que nadie me escuche.
Suena el timbre que indica que es hora de partir a casa. Me despido de Carolina y Luisa y me dirijo a la salida para verme con Sara e irnos con quien sea que nos recoja, para pasar el semáforo y llegar a casa. Vaya...
Almorzamos, al finalizar cada quien se ocupa de sus obligaciones. El ambiente está un poco diferente. Todo por culpa de esa reunión. Empiezo a realizar mis tareas en el escritorio de mi cuarto y van pasando minutos, horas. De repente, siento que no estoy sola en mi habitación.
- Mi amor, vamos de salida a la casa del pastor Miguel. Terminen sus tareas y a las 8 en punto de la noche se acuestan -. Me ordena mi padre. Rayos, ya van para allá.
Asiento con la cabeza y mi padre se acerca a mí a darme un beso en la frente. Entra por la puerta mi madre a despedirse de la misma manera. Unos segundos después, escucho que la puerta de nuestro apartamento se cierra. Se han ido. Reviso la hora en mi iPod Touch, son las 4:00 p.m.
¿Por qué me habrá dicho que nos acostáramos a las 8 de la noche? ¿Acaso la ocasión amerita ese gran lapso de tiempo?
Genial. Con esta incertidumbre no podré conciliar el sueño hasta que lleguen de nuevo.
Amelia Novoa
2011
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Infinitamente #PGP2016
Non-Fiction¿Sacrificarías tu alma por amor? Cuando la religión y el amor juvenil se ven enfrentados, es cuando debes tomar una decisión por ti mismo. ES LA PRIMERA VEZ QUE ESCRIBO DE ESTA MANERA. Agradezco la paciencia y comprensión. Puede que este modificando.
