Capitulo 9

98 18 0
                                        

Me sigue mirando, ¿qué me va a hacer? En este momento no tengo duda de dos cosas: me mata él o me aniquila la desesperación para que me diga algo, o que por lo menos me dé una señal de vida.

Mueve la mano que tenía en mi cintura. Por fin. De una manera muy tentativa baja su mano y la coloca encima de mi trasero, siguiendo su curva hacia arriba por mi espalda, pasando su mano completa por debajo de mi sostén y rozándome la piel con la yema de sus dedos. No me esperaba esto de él. No paro de mirarlo mientras me acaricia justo donde decidió posar su mano. Me relajo completamente.

Mierda. Mi alma esta rendida a su voluntad. Pase lo que pase, estoy dispuesta a todo lo que disponga para mi.

Deja de mover sus dedos, no los puedo sentir. Percibo que me está tocando con sus uñas. No puede...

Presiona sus uñas contra mi piel, como un felino con sus garras cuando atrapa su presa. Ya sé cual es mi rol. Recorre de arriba a abajo mi espalda, arañando cuanta carne haya a su paso. Estoy a su merced. Ahora dependo de su voluntad.

Gimo hacia adentro, tratando de no demostrarle debilidad, mucho menos que me esta doliendo, pero tambien para ocultarle que esto me excita demasiado.

¿Cómo puede algo tan animal, tan salvaje, hacerme gruñir por más?

De una mano me sujeto de la parte de atras de su cuello, y de la otra me agarro de su camisa por la espalda. No se detiene. Me retuerzo y hago movimientos bruscos con mi cuerpo, indicándole indirectamente que no aguanto más. Esta a punto de brotar una lágrima si no para ya mismo.

- Ya... por favor - le susurro al oído. Empiezo a tocar su cara de manera tierna. Basta con mirarlo fijamente, expresándo que ya es momento de que se apiade de esta alma.

Es efectivo. Al instante saca su mano de debajo de mi blusa, me coge con sus dos manos mi cara y me besa suavemente los labios.

- Volteate - me ordena.

¿Y como no? Yo le obedezco, y me giro. Alza mi blusa desde el borde y ve la obra de su mano. No sé cómo he quedado, pero estoy ansiosa por llegar y ver cómo ha marcado lo que le pertenece. Dios. A veces siento que no soy yo quien acepta y hace estas cosas.

- Wow. Mierda. Te dejé la espalda hecha un desastre.

- ¡No! ¿En serio? Juramelo. Pensé que sólo era una amorosa caricia, no más.

Esta tratando de ocultar su cara de mi, odio que lo haga. Muchísimo más cuando sabe que desde mi altura de 1,57 metros puedo ver lo que los altos no pueden, y que puedo observar cada movimiento que realice.

Se está sintiendo mal y lo sé. No debería, pero es así como se encuentra ahora mismo. Aún cree que no existe oscuridad y pecados listos para que yo cometa. Nada de lo que hemos hecho hasta ahora ha sido sin mi consentimiento. Si se lo he permitido es porque asi yo lo he decidido. Debería ser yo quien oculte la cara. Parezco una lunática. Soy la única persona que conozco que le apasiona verse marcas en la piel, sólo si esas marcas han sido para satisfacer una necesidad, sea sentimental o sexual. O según sea el deseo de David.

- ¿Que pasa? - le preguntó cogiendo sus manos de mi cara y llevandolas hacia abajo, entrelazando mis dedos con los suyos.

- Te dejé la espalda muy marcada, se me ha ido la mano. No quería dejarte así, pero a la vez, no sé, siento que así te hago mía. Necesito que fisicamente me recuerdes de alguna manera.

- Ya para. Admito que jamás alguien me ha hecho algo así. Pero me gustó - en realidad me encantó... ¿qué rayos me pasa? -, sino, te hubiera dado un rodillazo ahí donde antes tenía mi boca - y le señalo su parte baja, haciendo una mueca con mis labios.

Infinitamente #PGP2016 Donde viven las historias. Descúbrelo ahora