El sólo hecho de escuchar "padre" hizo que su cuerpo se estremeciera por completo y un pavor indescriptible se apoderó de su cuerpo.
Bajó la mirada, completamente avergonzado y apoyó su cabeza en el hombro del mayor. No tenía la valentía para contestar, no podía dejar de sentir vergüenza.
Tragó saliva antes de tratar de mirarlo a los ojos.
—No lo sé... —musitó con un hilo de voz antes de sentir cómo sus lágrimas rodaban por sus mejillas—. Desde que puedo recordar... Hasta el último día que estuve en casa.
Escuchar su respuesta aumentó notablemente aquella ira, acumulándose como cólera en su garganta, queriendo hacer y decir cosas dignas de confinamiento, sin embargo se controló abrazando a su amado aprisionándolo contra su pecho.
—Siento mucho que hayas tenido que pasar por eso —tal vez aquellas no eran las palabras correctas pero lo necesitaba—, pero gracias a que llegaste a Londres pude conocerte, tú me salvaste.
El volumen de su voz iba bajando considerablemente, sin duda estaba preocupado por el estado del contrario. Se prometió a sí mismo darle todo aquello que no pudo experimentar, lo que no fue capaz de vivir o conocer.
— ¿Dónde te tocó? —musitó casi inaudiblemente, lo obligó a que se recostara boca arriba, posicionándose sobre él y recorriendo su cuerpo con sus manos, acariciando su piel como un intento de eliminar cualquier rastro de otra persona.
Trataba de mantenerse fuerte pero sólo rompió en llanto ante aquella, casi inaudible pregunta, aferrándose con fuerza al mayor, dejando sus piernas, cada una al costado del cuerpo del mayor.
Hundió su rostro en el pecho del mayor, tratando de olvidar o imborrable y aunque no quisiera, recordar, lo hacía.
Su cuerpo, se sentía frágil, sucio de recordar aquellas situaciones que carcomían su ser y trataba de ocultar ante todos por vergüenza, por miedo.
—Isaäk... —susurró—, cada parte que tus manos han tocado, me han limpiado, sus besos... Quitan ese recuerdo...
Sentir las lágrimas del menor en su pecho le transformaron el rostro en uno preocupado por completo. Se apoyó con las manos a los costados de la cabeza de Anielka y miró su rostro con las mejillas encharcadas, pero toparse con sus ojos fue el detonante de lo que inconscientemente provocó que algunas lágrimas se escaparan por sus mejillas y cayeran en las del contrario. Había visto a Anielka llorar antes, pero aquellas palabras le llegaron sorpresivamente, y es que su objetivo era eliminar su dolor. Y es que su joven amado era un niño a sus ojos, alguien que merecía el sol, las estrellas o cualquier otro cuerpo celeste, e incluso todas las constelaciones y lunas, todas las flores y los colores; quería, ante cualquier cosa, su felicidad.
Se inclinó un poco hasta alcanzar sus labios y darle cortos besos una y otra vez.
—Anielka, te amo. Te amo tanto... —susurró abrazándolo y volviendo a besarlo.
Cada beso que Isaäk le daba, cada caricia que recibía de su parte lo hacía sentir querido, valorado y amado.
Llevó sus manos al rostro del mayor, acariciando con suavidad sus mejillas, secando con cuidado aquellas lágrimas, cómo sí pensara que llegaría a lastimarlo sólo con su tacto.
Aquellos besos hacían que su llanto fuese calmándose lentamente, hacía que olvidara todo y sólo se concentrara en las hermosas sensaciones que había aprendido a experimentar junto Isaäk, fuerza únicas.
Con él, todo era una experiencia nueva, era experimentar todo tipo de "primera vez" en todo aspecto.
Correspondía cada uno de sus besos, rodeando su cuello hasta concentrarse en el último, disfrutando de aquella hermosa sensación.
—Te amo tanto... Te amo con todo mí ser.
Se recostó a su lado y lo abrazó fuertemente. Era inevitable que, a pesar de que su amado apartara sus lágrimas, estas continuaran escapando de sus ojos. Se estaba mostrando vulnerable, pero le dejó de importar a ese punto, tan solo se concentró en rodear con sus brazos el cuerpo del menor, como un desesperado intento de protegerlo de cualquier miedo que estuviera en su mente.
Giró levemente la cabeza para alcanzar el oído del contrario y así poder susurrarle.
—Tendremos un departamento frente al río, cerca de este bosque para poder visitarlo cuando quieras. Podemos adoptar un perro, un gato o cualquier otro animal que desees. Abriremos el restaurante con un menú que contenga tus platillos favoritos, con chocolate como postre, y pasearemos para ver a las flores florecer en marzo. Nos divertiremos, juntos... Haré hasta lo imposible con tal de verte sonreír, de escuchar tu risa día a día —, estaba consciente de que estaba haciendo muchas promesas, pero simplemente no podía parar. Realmente quería darle todo el afecto que no tuvo su amado y que él mismo vivió durante su edad más temprana.
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Anielka
JugendliteraturLa guerra es el diario vivir en un futuro no muy lejano. Existen quienes huyen de todas las maneras posibles, y también hay quienes trabajan a escondidas para buscar la forma de hacer más poderoso a un imperio, Inglaterra. En los suburbios de la ci...
