El sonido agudo y chirriante de la puerta llamó la atención de Isaäk, haciendo que dejara el cuerpo de este sobre aquella metálica mesa. Dejó la toalla sobre una de las mesas, tomó su ropa y se vistió lo más pronto posible, luego de aquel acto inmoral y pasó su mano por su cabello, acomodándolo levemente.
— Vaya, pensé que llegaría hasta mañana, comandante—le dijo a un hombre de una buena estatura, cabello grisáceo debido a los años que llevaba consigo, tal vez unos cincuenta, o tal vez era debido a su trabajo, tenía unos ojos avellana, algo humedecidos por el frío del lugar—. Tal y como se lo comenté en mi llamada, el sujeto acaba de despertar.
— Tenía grandes expectativas con respecto a tu experimento, parecías muy emocionado con todo lo que decías. El capitán espera ansioso el pedido y mandó más dinero del acordado—respondió aquel hombre sin imputarse ante el lugar mientras observaba con curiosidad y caminaba hasta la camilla donde estaba el cuerpo de Anielka—, tenemos una nueva oferta para ti.
— ¿Qué oferta? A estas altura no me vengan a cambiar los acuerdos del contrato—refutó mientras caminaba detrás de él—. Habla de una maldita vez.
Aquel hombre soltó una gran carcajada antes de voltear a ver a Isaäk, palmeando su hombro con suavidad. Soltó un suave suspiro antes de sacar un sobre de su bolsillo, dejándolo sobre el cuerpo de Anielka.
— Hijo, sabes perfectamente que antes de cumplir las órdenes del capitán, cuidaré de ti sin importar lo que suceda—aquel hombre esbozó una leve sonrisa— ¿Recuerdas el día en el que te dije que cambiarías tu apellido por el de tu madre? Fue para protegerte, nadie en Inglaterra dudaría de tu origen inglés, si te hubieras quedado en Alemania, seguramente estarías muerto y eso no lo habría permitido.
Soltó un leve suspiro antes de volver a ver a su padre, si, el hombre que alguna vez lo había alejado de su hogar y lo obligó a vivir una vida camuflada para su seguridad y que, sin llegar a imaginarlo había terminado trabajando bajo las sombras del imperio alemán, del país que lo había visto nacer. Eso era el origen de su fría actitud, en el fondo siempre había buscado venganza por quienes lo habían forzado a esconderse, siempre odió su origen inglés.
— ¿Cuál es la oferta? —Preguntó finalmente.
— El capitán desea que, aparte de vendernos los informes y los sueros que creaste, nos vendas al sujeto del experimento—dijo con suavidad, viendo a Anielka de reojo, pasando su mano por el cabello de este, observando atentamente la tonalidad de su cabello—. Aunque por lo que veo, estuviste disfrutando de su cuerpo, ¿Verdad? Eso es un poco degenerado de tu parte.
— Bien, realmente fue divertido experimentar en todo aspecto con su cuerpo pero, si eso quiere el capitán, que se lo lleve.
Sin darle mucha importancia, fue a la habitación de la cabaña y sacó un maletín que dejó sobre la mesa libre que estaba al lado de la de Anielka. Al abrirlo, había veinte pequeños frascos con un suero de color rojizo y luego fue por una caja donde había una serie de carpetas y discos con información y narraciones de cómo había avanzado e experimento, de cómo el cuerpo de Anielka se había vuelto dependiente del sexo para "sobrevivir", un cuerpo adicto al sexo que respondía con rasguños que se mantenían ocultos bajo la ropa pesada de Isaäk y bajo las uñas de aquel joven que, era una cosa más dentro de esa casa de la cual, se van a deshacer.
— ¿Cuál es el nombre del experimento? Imagino que le pondrás tu nombre o algo parecido, ¿No? —Preguntó mientras revisaba cada carpeta de aquella caja, viendo atentamente cada día del registro, riendo de vez en cuando.
— Un nombre, no he pensado en uno—respondió con recelo mientras se cruzaba de brazos, viendo a su acompañante con atención, desviando levemente la mirada hacia aquel chico.
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Anielka
Ficção AdolescenteLa guerra es el diario vivir en un futuro no muy lejano. Existen quienes huyen de todas las maneras posibles, y también hay quienes trabajan a escondidas para buscar la forma de hacer más poderoso a un imperio, Inglaterra. En los suburbios de la ci...
