—Preguntaste algo difícil, me encantaría saber la respuesta, aunque por otro lado preferiría quedarme en la incógnita —besó la cabeza del menor y, sin apartarlo de su lado, se sentó con Anielka sobre él. Lo abrazó rodeando su cintura y hundiendo su rostro en su cuello.
Tal vez solo era él, pero desde que se dio cuenta del latido del contrario no pudo evitar darse cuenta del suyo también, hasta ese momento no había considerado aquello, pero era verdad que su corazón se aceleraba con tan solo escuchar su voz o ver el rostro sonrojado del menor que tanto amaba. El roce de su piel desnuda era sólo la cereza en el pastel que le provocaba enloquecer por completo, centrándose únicamente en su amado.
Tomó una mano del chico y la llevó hasta su propio pecho para darle a entender que él llegaba a sentir lo mismo.
Al sentir aquello latidos, esbozó una amplia sonrisa, apegándose más a su cuerpo, sin mover su mano.
Respiró profundo un par de veces, apoyando su cabeza en el hombro del mayor. Podía sentir aquel leve roce entre ambos cuerpo y cómo sus latidos buscaban sincronía con el del mayor.
— Ihre Schläge sind schön—susurró levemente en su oído, acariciándole el cabello con la otra mano—. Significa, tus latidos son hermosos.
Dijo en un susurro antes de dejar suaves besos en su cuello, ascendiendo hasta detrás de la oreja del mayor mientras acomodaba su cabello lentamente.
—Ich liebe dich auch~...—canturreó con coquetería antes de morder un poco el lóbulo de su oreja—. Y eso, te amo demasiado.
Aquellos susurros y palabras en su oído le hicieron estremecerse, al igual que le sacaron una sonrisa un tanto estúpida y una risa igual. Pero es que, joder, ese niño no podía ser más sensual.
Meses antes no se habría imaginado que estaría así con un joven alemán de piel como la seda y armoniosa voz, con ese acento tan peculiar y adorable actitud. Él es perfecto, en todos los sentidos, a los ojos de Isaäk. Aunque eso no es algo que fuese a decir en voz alta, o tal vez sí, pero prefería guardarse egoístamente la mayoría de aquellos pensamientos.
— ¿Cómo es que puedes llegar a ser tan jodidamente sexy? —Preguntó musitando, lo atrajo aún más a él y acarició suavemente su espalda—. Ich liebe dich auch, para ti también —su pésima pronunciación aún seguía ahí, pero a ese punto le dejó de importar.
Dejó escapar una pequeña risita al sentir aún más cerca el cuerpo del contrario y aquellas caricias que erizaban cada parte de su piel.
Algunos suaves suspiros se escaparon de sus labios, rozando lentamente por el cuello del mayor.
—Sólo lo soy... Sí se trata de ti—susurró antes de volver a buscarlo sus labios, tomando el rostro del mayor entre sus manos, acariciando lentamente sus mejillas con sus pulgares antes de dar un leve mordisco en sus labios—. Amo cómo se escucha de tus labios, cada palabra que tus labios pronuncian... Es música para mis oídos.
Le sonrió con coquetería antes de besarlo con suavidad, dejando ambos cuerpos sin distancia y sólo entregándose a aquel roce de labios que empezó a profundizar.
Sonrió una vez más antes de corresponder a su beso entrelazando sus lenguas y acariciando con la suya la del menor. Bajó sus manos hasta los muslos del chico y los acarició. Pasó traviesamente una de sus manos hasta su trasero y continuó con sus caricias.
—Demonios... Me fascinas, Anielka. Más de lo que piensas —besándolo nuevamente, recorrió la espalda del menor con su mano libre.
La lluvia de ya había cesado, sin embargo el frío comenzaba a concentrarse, lo sabía y esta era la razón por la que tendría que generar calor para ambos, aunque de eso ya se preocuparía un poco de tiempo más tarde.
Sus caderas empezaron a moverse lentamente ante cada caricia del mayor, sintiendo cómo su cuerpo reaccionaba lentamente a cada estímulo.
Escondió su rostro en el cuello del mayor, dejando suaves besos y lamidas en su cuello antes de empezar a morderlo repetitivamente, dejándole marcas cada vez más notables.
—Mi cuerpo se mal acostumbró a tus caricias, a tus besos y reacciona por sí solo—empezaba a jadear levemente. Acariciaba lentamente su cabello mientras trataba de acomodar el miembro del mayor entre sus glúteos—. Tus manos conocen perfectamente mi debilidad~
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Anielka
Ficção AdolescenteLa guerra es el diario vivir en un futuro no muy lejano. Existen quienes huyen de todas las maneras posibles, y también hay quienes trabajan a escondidas para buscar la forma de hacer más poderoso a un imperio, Inglaterra. En los suburbios de la ci...
