Capítulo 17

3K 98 0
                                        

EL INTERROGATORIO NO FUE demasiado bien.

Oh, bueno, hicimos un montón de amenazas y usamos las estacas como

instrumentos de tortura, pero no se logró mucho. Dimitri estaba todavía

atemorizante cuando trataba con Sonya, pero después de su crisis con Donovan,

tuvo cuidado de no caer en esa enloquecida rabia otra vez. Esto era más saludable

para él a largo plazo, pero no tan bueno para atemorizar a Sonya a que respondiera.

No ayudó mucho que no tuviéramos exactamente una pregunta concreta para

hacerle. Había una serie de ellas que le lanzábamos principalmente. ¿Sabía de otro

Dragomir? ¿Estaba relacionada con la madre? ¿Dónde estaban la madre y el niño?

Las cosas empeoraron cuando Sonya se dio cuenta de que la necesitábamos

demasiado para matarla, sin importar cuánto la torturábamos con la estaca de

plata.

Habíamos estado trabajando durante más de una hora y nos estábamos quedando

exhaustos. Al menos, yo. Me apoyé en una pared cerca de Sonya, y aunque tenía

mi estaca afuera y lista, me apoyaba en la pared un poco más de lo que me gustaba

admitir para mantenerme en posición vertical. Ninguno de nosotros había hablado

en un rato. Incluso Sonya había dejado de gruñir sus amenazas. Se limitó a esperar

y se mantuvo alerta, sin duda, planificando escapar, probablemente pensando que

nos habíamos cansado antes que ella.

Ese silencio era más aterrador que todas las amenazas del mundo. Yo estaba

acostumbrada a que los Strigoi usaran palabras para intimidarme. Nunca había

esperado sentir el poder que podían tener, estando tranquilos y mirando

amenazadoramente.

—¿Que le pasó a tu cabeza, Rose? —preguntó Dimitri, de repente echándome un

vistazo.

Había estado un poco fuera de sintonía y me di cuenta de que me estaba hablando.

—¿Huh? —Me aparté el pelo que había ocultado parte de mi frente. Mis dedos

quedaron pegajosos con la sangre, provocando vagos recuerdos de cuando me

E

Vampire Academy Richelle Mead

199

estrellé en la mesa. Me encogí de hombros, haciendo caso omiso a los mareos que

había estado sintiendo—. Estoy bien.

Dimitri le dirigió a Sydney la más rápida de las miradas. —Llévala a que se acueste

y límpiala. No dejes que se duerma antes de que podamos determinar si se trata de

una conmoción cerebral.

—No, no puedo —argumenté—. No puedo dejarte solo con ella…

—Estoy bien —dijo—. Descansa, de modo que me puedas ayudar más luego. No

eres buena para mí si simplemente te vas a desmayar.

Todavía protesté, pero cuando Sydney suavemente me tomó del brazo, me tropecé.

Last SacrificeDonde viven las historias. Descúbrelo ahora