— ¡Corten!. Paramos durante 30 minutos y volvemos chicos. — Se oye en el set.
Rebusco en los bolsillos de mi pantalón vaquero mi paquete de tabaco, para encontrarlo vacío. Con un gruñido ininteligible me acerco a Rob para pedirle un cigarro.
Últimamente odio tener contacto con la gente. Cualquier tipo de gente. Toda la gente en realidad. Y ahora mismo, tener que aguantar el escrutinio del inglés sólo para obtener un cigarro, me apetece lo mismo que un vaso de lava en el infierno.
— ¡Eh, Rob! ¿Me das un cigarro, tío?
— Claro. — Dice Rob mientras saca dos cigarros; uno para él, y otro para mí.
Mientras me tiende un encendedor, continúa:
— Últimamente me he vuelto un poco suicida, así que te daré un consejo gratis: si sigues yendo para todos lados apretando los dientes y gruñendo, van a empezar a confundirte con un doberman, hermano.
— ¿Sí, eh? ¿Y tú quién eres en todo esto? ¿Cesar Millán, el encantador de perros?— Le pregunto mientras arqueo una ceja sardónica.
— Pues, aunque ni siquiera sé por qué, resulta que te estimo como amigo. Aunque tus chistes son un asco, eres buen tipo. Y llevas unos días, que uno no sabe si hablarte, o directamente irse a la mierda cuando apareces. Alex, lo de Candy es...
— Sea lo que sea lo que vayas a decir, hermano, mejor te lo guardas. — acoto.
Me alejo de él en busca de un café, lo que lleva mi pensamiento directamente a Candy; desde que todo esto empezó, no ha dado señales de vida por el set. Y la verdad es que lo prefiero así. Aunque esto refuerza mi teoría de que es una arpía debajo de esa carita de niña buena.
“¿Cuánto tiempo había dedicado a tejer semejante red de mentiras?"
Comienzo a sentir náuseas sólo de imaginarla maquinando e ideando esta mierda.
— Hunt... Tengo que hablar contigo— levanto la cabeza para ver a Otto, que permanece delante de mí, parado, dando vueltas de manera nerviosa a un papel en sus mano.
Parece que justo ahora la humanidad entera quiere hablarme. Bien.
— ¿Y sobre qué es eso de lo que quieres hablar?— Le pregunto.
— Candy— contesta enjuto.
— Joder, Otto. No pienso hablar de ella, ¿Ok?. No quiero saber, ni hablar de ella. No quiero verla, ni olerla. ¿Me he expresado con claridad?.
— Antes de tomar ninguna decisión, deberías leer esto. — Dice Otto desdoblando el papel delante de mí, y de forma que sólo yo pueda leerlo.
Un sudor frío me recorre la columna nada más leerlo.
— ¿Qué demonios significa esto, Otto?
— Esto llego ayer a casa de Candy. Donde, te recuerdo, vive con su hija de 10 años.
— Mira, no sé qué... — Me apresuro a aclarar
— ¿sabes dónde está el Howler's?— Pregunta.
El Howler's era un viejo club de moteros, reconvertido en pub con sabor a cine, decorado con fotos de todas las producciones que se llevaban a cabo en la zona, y famoso por ser un punto de encuentro en Los Ángeles.
— Sí, ¿por?
— Nos vemos allí a las 6. Hunt, ¿Me he expresado con claridad?— Dice Otto antes de volverse y alejarse por uno de los pasillos.
Mierda. ¿Quién será la mente retorcida que ha enviado eso? Por las palabras escogidas, no podía estar pensando que era cosa mía... ¿o sí?
Probablemente era alguna fan con algún tipo de trastorno, que había hecho de Candy un blanco fácil.
ESTÁS LEYENDO
3,2,1...Action!!
RomantikAlex Hunt es un joven actor norteamericano. Declarado el hombre más sexy del mundo, tiene fama, dinero, una novia supermodelo...y una adicción a las magdalenas de chocolate. Candela es una joven madre soltera que se establece en Los Ángeles y consig...
