Capítulo 20

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— ¿Lista? — Oigo a mi espalda la voz de Alex, mientras observo mi aspecto en el reflejo que me devuelve el espejo del tocador de Kendra.

Hoy es el día. A pesar de los intentos — numerosos— de mi recién estrenado marido por agotarme físicamente para facilitarme la tarea, no he pegado ojo en toda la noche. Aún no sé qué es lo que me causa más intranquilidad; quizá, el hecho de ir a la Corte,  a luchar por un derecho fundamental de una madre. Quizá volver a sentir sobre mí la mirada crudamente maligna y vil de Máximo. La sola idea de que tamaña maldad pueda siquiera tener una nimia oportunidad de arrancarme a mi hija, me hace sentir cómo si una mano fantasmal hubiera penetrado en mi pecho para tirar de mi alma, causándome un profundo dolor de constante presencia.

Después de levantarme esta mañana, elegí cuidadosamente unas dos piezas de vestido sobrio y chaqueta de un tono beige suave. Dejé que los minutos pasaran bajo la sofisticada ducha del baño negro de Alex, con la esperanza de que el calor y el agua lavasen mi desasosiego, sintiendo como el olor de Alex me envolvía, volviéndome más fuerte. Tras peinarme la melena hacia atrás con fijador y precisión casi quirúrgica, salí a la habitación de Kendra.

Vacía, ya que ella había ido a pasar unos días a casa de sus abuelos adoptivos. Aun así, sentarme en medio de la habitación, me recordaba en cierta manera lo increíblemente difícil que sería para Máximo intentar arrancar a mi hija de mi seno.

Una foto en un marco violeta llama mi atención. Nunca antes la había visto. En la imagen, Kendra y yo parecíamos hablar en la mesa de la cocina, mientras en un segundo plano, Alex nos observaba sonriendo. Recuerdo ese día. Fue nuestra primera mañana en la casa de Alex. Nuestra casa ahora. Big Tom debería haberla tomado sin que nos diéramos cuenta. Agarro la foto y acercándola a mi corazón, me juro a mí y a mi nueva familia, que todo va a salir bien.

“Ya no más, esta vez no seré yo la víctima, Máximo.".

— No dejaremos que se acerque a Kendra. Te lo juro por mi vida. — La voz de Alex me devuelve al presente.

Mis ojos se encuentran con los suyos, y en su fiera mirada azul, veo algo más que una promesa. Separo los labios de manera inconsciente, y Alex fija rápidamente su mirada en ellos.

— Será mejor que nos vayamos ya...o llegaremos tarde, señora Hunt.

Típico de Alex. En estos días he aprendido mucho de mi marido, y entre todas las cosas, ese “lenguaje " tan suyo. Primero hablaba de esa manera solemne, a veces ruda. Llena a partes iguales de autoridad, honor, y peligro. Y al siguiente instante decía algo para hacerme reír y quitar hierro al asunto.

Acercándome y rodeando su cintura con mis brazos, le doy un suave beso. La pasión pasa rápidamente entre los dos, como una descarga, borrando mi fruncido ceño y mis preocupaciones. Muerdo ligeramente su labio inferior para dar por terminado el beso. Comienzo a andar hacia las escaleras, y escucho a Alex seguirme.

Abajo, en el salón, una pequeña comitiva nos espera: Callie, mi abogada, Otto, Basti y Big T. Todos vestidos formalmente, y con expresión solemne decorando sus rostros.

— ¿Estamos todos listos? — Pregunta Callie. — Vamos a patearle el culo a ese tipo.

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