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James

Cuando mi querida hermana Bernadette me escribió para notificarme de una noticia perturbadora, como textualmente decía la carta. Llegué a pensar que lamentablemente ya sería nombrado marqués de Abercorn.

Me sorprendió saber que, en realidad, una boda era la perturbadora noticia. Mi padre por fin había cumplido su objetivo de darles a las gemelas una madre. Aunque sinceramente creí que después de Caroline, él desistiría de todo intento. Pero supongo, que aprovechó el tiempo que estuve fuera de casa, para lograrlo.

Según Bernadette, la mujercita nueva de papá, no era más que una muchacha de menor categoría, arribista, desabrida, y una bruja absurdamente interesada, que solo buscaba la fortuna de papá y la ruina de toda la familia.

Cuando llegué a Montgomery Hall, creí que sería una mujer como Lady Anne. Aquella preciosa, sensual y manipuladora Lady Anne que algún día tuve la mala suerte de conocer.

Sin embargo cuando conocí a la pequeña Scarlet Scarborough, me di cuenta de que en realidad, Bernadette estaba exagerando.

Era tan tímida, retraida y frágil como un pequeño ruiseñor, indefensa ante todo y todos. Sus ojos castaños eran como los de un venado espantado en plena cacería. Una mujer de carácter tan sumiso y asustadizo que pronto descubrí lo divertido que era ponerla en jaque con insinuaciones subidas de tono.

Era un mujer a la que jamás me habría acercado voluntariamente en algún baile de Almanac's. Sin embargo, había algo en ella que era imposible de ignorar para mi. Algo me atraía a ella.

Tal vez era ese sentimiento de necesidad de protección que destilaba su mirada, o esa piel de porcelana que contrastaba tan deliciosamente bien con sus vestidos oscuros. O tal vez, la manera en la que sus ojos me veían escandalizados cuando la aprisionaba contra la pared de un pasillo solitario y oscuro.

Más de una vez mi buen juicio me invitó a dejarle tranquila, pero algo más fuerte me incitaba a desear tocarla prohibidamente.
Lo que me costó más de un buen golpe en la mejilla, y al verla huir de mi, totalmente despavorida, no podía evitar sonreír.

Esa era la clave... Prohibida. Eso era ella para mi, y tal vez era aquello su mayor atractivo a mis ojos.

La noche que la asalté en su recamara, la pieza que en su tiempo había pertenecido a mi madre, un lugar en donde hasta ese día jamás pensé como un entorno pasional. Fue la primera vez que se me antojó tocarla. Encontré tan estimulante su reacción llena de temor ante mi cercanía, y como a toda costa ella trataba de evitar que yo notara las reacciones de su cuerpo ante mi presencia. ¡Algo que con ninguna otra mujer había sucedido!

Me reí ante sus mejillas sonrosadas, su respiración entrecortada, y ese constante e hipnótico gesto que hacía al morder sus labios al estar nerviosa, y que sin saberlo me invitaba a querer hacerles lo mismo.

Y sin duda aproveché cada instante en los siguientes meses para volver a repetir esa escena, en donde se me presentara la oportunidad, solo para volver a ver esa expresión en su rostro.

Para después de todo, llegar a la misma conclusión. Scarlet podía ser tan sumisa, frágil y obediente como quisiera mostrarle a todo el demás mundo, incluyendo a mi padre. Pero yo bien me pude dar cuenta que, bajo esa fachada tan asustadiza y tímida, había un mujer pasional, con fuegos artificiales esperando la llama adecuada que la prendiera tanto como para saltar por todas partes. Y también llegué a la feliz conclusión de que mi padre no era esa llama.

Y justamente pensaba en eso mientras la miraba en la cena, hasta que mi padre me preguntó algo.

-¿Disculpa? - dije desconcertado. Constance río sin disimulo ante mi falta de atención.

-Me acompañaras ¿no es así? - preguntó mi hermana.

-Te decía que tú escoltaras a Constance y a Scarlet a Londres, para el inicio de la temporada... - dijo mi padre. -... Algunos de los arrendatarios están en huelga y debo permanecer aquí, espero lo entiendas.- le dijo a su mujercita mientras le tomaba la mano.

Ella pareció querer protestar, no era extraño pues tal vez ella ya pensaba en lo que podría pasar estando solos en Montgomery Hall, como yo mismo ya empezaba a planear.

Sin embargo, resignada asintió. Y yo... Sonreí.

Sin duda ésta temporada me divertiría de lo lindo.

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N/A: lo sé, lo sé, lo siento. Fue capítulo corto. Pronto subiré el siguiente, espero. Por el momento quería agregar esta parte de lo que piensa James.

¿Qué opinan?

Atte.
Lenka Mockingjay

La Madrastra (Saga Montgomery #1)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora