Scarlet
El llegar a la que consideraba mi casa, y saber que me tenía que ir me partió el alma.
El divorcio ya se había concedido, ya no era más la esposa de Stephan Montgomery, ya no era más la marquesa de Abercorn, ni la madrastra de las gemelas.
Sin embargo, aún quedaba el juicio de adulterio, en donde se repartirían los bienes, y donde esperaba hundir a mi ex esposo.
Dentro de unos días sería el juicio y yo debía dejar Montgomery Hall lo antes posible.
Ya era una mujer libre.
Pero... Me sentía tan mal. Sobre todo por las gemelas, me había encariñado tanto con ellas que ahora, el decirles adiós me estaba matando.
Jane lloró aferrada a mi falda, Rosemarie, que era un poco menos sentimental que su hermana, solo me miraba triste.
-¿No podemos ir contigo? - me preguntó Rosemarie. Lo cual me sorprendió. Ella nunca había sido muy afectuosa conmigo.
-Lo lamento tanto mis niñas...-les dije mientras las abrazaba a ambas.-... Las amo como si fueran mis hijas. Pero...
-Odio a papá... - me dijo Jane.-... Primero no dejaba a Bernadette venir a casa y ahora te aleja de nosotras.
-Yo también lo odio.-susurró Rosemarie.
Yo tomé las manos de ambas.- No digan eso. Sea como sea es su padre y no deberían sentirse así. Además, un pajarito me dijo que pronto estarán con Bernadette. Y... - las volví a abrazar. Me dolía dejarlas.-... Recuerden bien que siempre las querré, siempre podrán contar conmigo.
Poco después tuve que irme. Bruno me esperaba afuera de la casa. Él me llevaría a la mansión Cavanagh, la casa del Primer Ministro, pues Lady Cavangh, mi madrina, tan amablemente me había ofrecido su techo y su protección.
Mi madre ya me había mandado una carta, estaba indignada y... Textualmente había escrito:
"es lo último que te escribiré en años, sabes que hemos de repudiarte."
Y yo lo sabía, pero, ¡oh! Dolía tanto todo ésto.
Y lo peor estaba por venir. El juicio.
¿Por qué no sentía que fuera buen idea? Era la peor humillación pública que podría vivir. Y sin embargo, ahí me encontraba yo, en una sala del tribunal, sentada del lado del demandante, con Bruno a mi lado, el juez enfrente en ese gran podio, un jurado a mi derecha, oyentes en el público y el que fue mi esposo, en el lado del acusado.
-Los cargos son... - recitó el escribano. -... Adulterio y daño al honor.
-Lord Abercorn ¿cómo se declara? - preguntó el juez.
Mi ex esposo estaba tenso en su silla. Me miró.
-Culpable, su señoría.- dijo lentamente. Yo no me lo podía creer.
El juez arrugó su rostro. Todos esperabamos un juicio largo y la oportunidad de oir todos los testimonios, y la deliberación del jurado. Pero ahora que Stephan se había declarado culpable, hacía todo tan sencillo, sin escándalo, y por ende, nada satisfactorio para mi. Y supe... ¡oh sí, lo supe! Eso era justamente lo que él quería.
-bien, es algo inesperado, Lord Armstrong, ¿cuál es la pena que exige?-preguntó el juez.
Bruno, con su típica elegancia de siempre, y su seriedad propia de su profesión, se levanto mirando directo al Juez.
-Su señoría... - comenzó su alegato.-... Bajo los cargos ya citados, y dada la gravedad de la falta, exigimos la remuneración de la dote, otorgada por la familia Scarborough, además una pensión de soltería anual para mi cliente, el control sobre las piezas de joyería adquiridas durante el matrimonio y que se aplique a Lord Abercorn la pena máxima en éstos casos... - Bruno dejó una pequeña pausa dramática y sonrió un poco.-... Que pierda el derecho a volver a contraer nupcias.
-¡Objeción! Su señoría.... - alegó el abogado de mi ex esposo.-... Es demasiado premio para una mujer que ha cometido los mismos cargos por los que mi cliente está siendo acusado.
Mi respiración se cortó.
Stephan iba a usar a James en mi contra. Casi sin pensarlo miré para atrás, en donde mi hijastro estaba sentado al lado de Bernadette. James me miró, sostuvo mi mirada, y yo no dejaba de pensar "no lo hagas, si realmente me amas, no digas nada"
Pero él desvío la vista. Rompiendo mi corazón. Era obvio que no se esperaba que yo quisiera destruir así a su padre, tal vez ahora me odiaba por eso.
-Nosotros queremos presentar una contra demanda.- dijo el abogado de Stephan.-... Tenemos pruebas de que ésta... Señora... Cometió adulterio incluso antes que mi cliente... - Stephan me miró y sonrió. Idiota. Aunque, Bruno me lo había advertido.-... Y es escandaloso el comportamiento de Lady Scarborough, pues fue nada más y nada menos, el hijo de mi cliente, Lord James Montgomery, conde de Leighton, el objeto de tan bajas pasiones.
Esa revelación causó revuelo y una sarta de comentarios entre el jurado y el público. Tanto bullicio que el juez, molesto por la falta de orden, mandó a callar a todos los presentes.
-Calmate y no bajes la cabeza.-me susurro Bruno antes de que todos guardaran silencio. No había notado que mis manos temblaban.
Tenía que serenarme.
-¡Orden! - gritó el Juez.- ¿Está ese Lord Leighton aquí, para atestiguar?
-por supuesto.-dijo el abogado. Ese maldito gordo me estaba cayendo peor a cada minuto.
Con el corazón en la mano, vi a James acercarse y sentarse en el estado, lo oí decir el juramento con la mano en la biblia.
El abogado de Stephan fue el que comenzó con el interrogatorio.
-¿Es cierto que usted tiene fama de perseguir a las mujeres de su padre?
James sonrió. -Si se refiere a Caroline Whindshid, creo que ese es un asunto viejo.
Mis manos estaban frías. ¿Qué sería capaz de decir?
-Sí, lo es... Lord Leighton, seré claro ¿Ha mantenido contacto más allá del fraternal con Lady Scarborough?- preguntó el repugnante abogado. Por favor James, no lo digas.
-Supongo.- dijo él, vagamente. Sin mirarme.
El abogado sonrió.
-¿Usted guarda sentimientos pasionales hacía la ex señora de su padre?-preguntó.
James volvió a sonreír. Pero era su típica sonrisa cínica ¿Dónde estaba esa versión más dulce que yo bien conocía? -... ¿Me está preguntando que si me gustaría follarmela?
-conteste la pregunta.- intervino el juez.
-Sí, los tengo. Es preciosa ¿no la ve?- dijo. Pero seguía sin mirme.
- Es todo... - dijo el abogado triunfante.-... Señores del jurado. Me parece que todo está claro, si ella no hubiera motivado a su hijastro, él sería incapaz de hacer tales declaraciones.
Y ahora tocaba el turno de Bruno. Yo me sentía tan impotente. ¡oh James! Solo me estaba haciendo parecer una puta.
-Lord Leighton, cuéntame, ¿Alguna vez usted besó a Lady Scarborough?- preguntó mi abogado.
-Sí.- dijo James, sin reparos. Mi corazón comenzaba a quebrarse. Él se había puesto del lado de su padre.
-¿En dónde?-continuó Bruno.
-¿En los labios?- dijo James, como si fuera obvio, como si para él solo existieran esa clase de besos.
-¿Qué tipo de sentimientos tiene hacía ella?- el tono de Bruno se ensombrecía con cada respuesta. Parecía molesto.
-...
-¿Lord Leighton?-presionó el juez.
James suspiró.
-Yo la amo....- dijo viendo a Bruno, después fijo sus ojos en mi. -... La amo como jamás he amado a otra mujer, la adoro, y pienso que es la criatura más hermosa de la tierra.
Y aunque esas palabras debieron haberme puesto a llorar de felicidad. Solo lograron romper mi corazón... Mi honra... Y mi vida.
. -. -. -. -. -. -. -. -. -. -. -. -. -. -. -. -. -. -. -. -. -. -. -. -. -. -. -. -. -. -. -. -. -. -
N/A: Feliz Navidad 2016 y Año Nuevo!!!!
Comments?
Atte.
Lenka Mockingjay
ESTÁS LEYENDO
La Madrastra (Saga Montgomery #1)
Historical Fiction"Estás destinada a encontrarte a una persona, la que, de una u otra forma deberá compartir contigo cierto espacio, cierto tiempo y ciertos sentimientos. Pero la vida no es un cuento de hadas y a veces no hay finales felices. Tal vez casarse con él...
