Scarlet
A la mañana siguiente ni siquiera fui capaz de verle a los ojos en el desayuno. ¡Mucho menos dirigirle la palabra!
Había cometido un error enorme. Me había comportado como una mujerzuela pues ni siquiera con mi marido había actuado de esa manera jamás.
Sentía un remordimiento de conciencia como nunca en mi vida que casi no me dejó comer. Y no simplemente por haberlo dejado besarme de esa forma tan apasionada e inmoral, ni por tontamente haberle correspondido. Sino también porque aún deseaba que lo volviera a hacer, e incluso que llegara más lejos.
Ansiaba repetirlo y eso atormentaba mi moralidad racional de la peor forma posible.
James también parecía incómodo con mi presencia. Trataba de ignorarme y de no mirar hacía dónde yo estaba.
¿Por remordimiento? Lo más seguro. O por pena. Ya le había dado la oportunidad de cumplir su travesura y ahora tal vez por vergüenza ya no soportaba ni verme.
Salió de casa desde temprano, para mi estabilidad y bienestar mental.
Pero el recuerdo de sus manos en mi cuerpo seguía latiente, e incluso me descubrí varias veces durante el día, pensando en qué más me gustaría que sucediera.
Incluso cuando Emilian nos visitó a Constance y a mi, aunque más a ella por obvias razones, para invitarnos al baile de presentación de Margaritte, la hija de Lady Margaret Lewes.
Aunque realmente no era necesario, Margaritte Lewes era la mejor amiga desde niñas de Constance, y ya habíamos recibido la invitación formal desde hacía días. Así que tan solo fue un pretexto de mi hermano para asegurarse la asistencia de mi hijastra.
Era adorable verlos juntos. Ver a mi hermano cohibido e incluso algo tímido con ella, él que siempre fue tan despreocupado y alegre, y verla a ella que siempre era tan vivaracha y habladora, a veces solo callada viendo a Emilian con amor.
Y tenía que admitirlo, aunque me daba mucho gusto por ellos y ya deseaba planear du boda, también sentía una punzada de celos, y añoranza. Y de repente me imaginaba a James y a mi misma en los lugares de Constance y Emilian. Pero eso era imposible.
Yo era su madrastra y él jamás me consideraría como mujer incluso aunque Stephan no existiera.
. -. -. -. -. -. -. -. -. -. -. -.
Ya ibamos tarde. El baile de Margaritte ya habría empezado. Y Constance aun no terminada de alistarse.
Yo la esperaba ya lista en el vestíbulo. Al parecer solo amabas ibamos a salir hoy.
-Te vez.... Aceptable.-dijo James haciendome voltear hacia atrás. Él estaba saliendo de la sala del despacho, totalmente vestido para un baile.
-Gracias. - dije dudosa.
¿Aceptable? ¿Qué clase de cumplido era ese?
Sin embargo veía algo más en su mirada, palabras que no supe interpretar en ese momento.
-¡Ya estoy lista! - gritó Constance mientras bajaba corriendo por las escaleras.
Ella realmente se había esforzado, su vestido dorado y crema la haría ver como la muchacha más bella de todo el baile.
Nos subimos al carruaje en medio de la animada platica de mi hijastra, pero ni él me hablaba ni yo a él, al menos no directamente.
Al llegar, ambas fuimos guiadas por él, aunque yo trataba de no recargar demasiado mi mano en su brazo, pues era demasiado incómodo para ambos.
Casi inmediatamente Emilian se nos acercó para solicitar bailes con Constance, y conmigo aunque bien sabía que yo no era muy fanática al baile, mucho menos al vals.
ESTÁS LEYENDO
La Madrastra (Saga Montgomery #1)
Fiksi Sejarah"Estás destinada a encontrarte a una persona, la que, de una u otra forma deberá compartir contigo cierto espacio, cierto tiempo y ciertos sentimientos. Pero la vida no es un cuento de hadas y a veces no hay finales felices. Tal vez casarse con él...
