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Scarlet

No tiene caso hablar de todos esos meses en los que pasé llorando por James.

Al salir de Londres, acompañada por Bruno, me sentía como la peor mujer del mundo pues hice sufrir al hombre al que amaba.

Junto con Bruno, que simplemente se había convertido en un buen amigo, viajé hasta las afueras de Inglaterra. De ahí pensé en que tal vez podría haberme ido a Liverpool, tomar un barco y llegar a América, haber vivido en una bonita isla del Caribe, o tal vez incluso de refigiada en la antigua América Española.

Pero no, estaba totalmente afectada, necesitada de un cálido y protector apoyo, y Bruno fue ese apoyo.

Me invitó a la antigua casa de su familia, en el centro de Escocia.

Ameliztown, la extensa propiedad de Bruno, era una extensión de tierras, con ganado ovino y plantios de trigo, y una construcción enorme y burda, de piedras toscas y una arquitectura de castillo un tanto del medievo. Con torres altas, y murallas cercando una plaza principal. Un mundo tan alejado de las bellas y elegantes casas Victorianas de Londres.

En el interior, había pequeñas casas y puestos, como un pequeño pueblo. Fue como si de repente hubiera sido transportada a la época medieval.

Cruzando el pueblecillo, nos recibieron unas enormes puertas de madera, y entonces, cruzando un descuidado y gran jardín, llegamos a la casa de Bruno, aunque el término casa se quedaba corto, más bien era el pequeño castillo encima de la colina que coronaba Ameliztown.

En el castillo, solo vivía la anciana tía de Bruno, Lady Ginebra Ashton, condesa de Halliburton. La última de su linaje. Y la señorita Eloise Teneriphe, hija adoptiva de los padres de Bruno.

Lady Halliburton era una adorable anciana, de cabello completamente blanco, y ojos azules, tanto como los de su sobrino. Era la esposa viuda del hermano del padre de Bruno, y su única familia biológica viva.

Y miss Eloise Teneriphe, era hija de unos amigos difuntos de los padres de Bruno, los cuales la adoptaron, y al morir éstos, Bruno juró velar por su bienestar como cualquier hermano mayor.

Era una muchacha joven, creo que de la edad de Constance, linda podría decirse, de cabello oscuro, ojos marrones, y cara algo regordeta, muy religiosa, muy sencilla, pues a pesar de haber sido criaba por Condes, y haber podido ser como cualquier jovencita de sociedad, ella vestía sencillamente, con telas simples casi rayando en lo campesino, recatada, y usaba la tradicional confía que escondía su cabello. Yo me sentí por primera vez como una mujer elegante, con escotes escandalosos, a pesar de que en realidad no lo eran, con vestidos caros y costosas joyas.

Por primera vez me sentí como la mujer que jamás fui. Una mujer brillante y elegante que eclipsaba a la pobre Eloise, ante Bruno, y todos los presentes. Como antes yo había sido eclipsada.
Fui bien recibida por ambas damas, Lady Halliburton inmediatamente se compareció de mi y me tomó bajo su protección, y Eloise al principio era simpática, hasta que se dio cuenta del interes que Bruno me profesaba. Siempre pensé que esa chica quería a su hermano adoptivo de una forma diferente a la fraternal.

Ya estando tanto tiempo solos, tan lejos de todo. Fueron claras las intenciones de Bruno para conmigo.

Aunque si bien fue mi consuelo, si bien dejé que me abrazara esas noches en las que yo vagaba por el jardín, llorando, y él llegaba y sin palabras, solamente me ofrecía su hombro y sus cálidos brazos, si bien yo lo permití, me dejé consolar y lloré en su hombro mientras me acunaba. No podía dejar de pensar en James. Durante meses lo añoré. Pensaba que él, probablemente ya me habría superado. Él era fuerte, a él siempre le había sido fácil deslindarse de cada mujer con la que estuvo, ¿Cómo yo, que jamás pasó de un beso, podía esperar que me profesara ese amor eterno que me juró algún día?

Además, Bruno era tan atento conmigo, tan considerado, todo un caballero.

Se convirtió en un verdadero amigo para mi, y poco a poco, sus sonrisas me contagiaron hasta que las mías volvieron a aparecer y se fueron secando mis lágrimas.

-Se que aún te duele, que aún lo amas.- me dijo él una mañana, su tono ya no sonaba molesto al hablar de él, sino, algo un poco más melancólico, desayunabanos en el jardín, con las enormes colinas escocesas de fondo, fue el día en el que él regresaría a Londres pues tenía asuntos urgentes, además de ir a cobrar mi dinero.

-Aunque esté así de dolida por mi decisión, sé que fue lo mejor que pude hacer.-dije, desde hacía mucho tiempo no valía la pena negar lo que yo sentía por James. Esos diecinueve meses habían sido tan extraños, por un lado me sentía destruida, dolida, con el corazón rasgado y sangrando, extrañaba a mis padres, a mis hermanos, a mis gemelas, pero sobre todo a James Montgomery, y me sentía culpable, él terminó creyendo que yo amaba a Bruno, nada más alejado de la realidad, y sin embargo, por otro lado agradecía la compañía y el apoyo que Bruno me ofrecía. Y tantos buenos momentos que pasé a su lado.

Él tomó mi mano entre las suyas, con la intimidad y confianza nacida de las tantas veces que lo había hecho. Y sonrió triste.

-Me siento inútil por no poder darte la felicidad que mereces. Porque a pesar de todos mis esfuerzos continues con esa melancolía...- dijo. Yo suspiré. Solo una persona podía calmar mi alma, y... Esa persona me odiaba por creer que jugué con sus sentimientos.-... Más tarde partiré hacía Londres, y quiero proponerte algo.

Lo mire curiosa. Bruno se veía algo nervioso.

-Hay responsabilidades que un hombre debe cumplir... - vaciló. Yo jamás lo había visto así de nervioso y vacilante, él era abogado, esa clase de cosas no le sucedían.-... Las esposas de mis arrendatarios están comenzando a molestarse.

Yo sonreí.

-Bueno, obviamente tus arrendatarios son tu responsabilidad, deberías buscar qué es lo que las tiene tan inquietas, y solucionar el problema.- dije tranquilamente. En los últimos meses era normal que buscara mi consejo, y que yo buscara el suyo.

-Eso lo sé... - respondió, su mirada me atravesaba ¿Por qué estaba tan intranquilo? -... A ellas les molesta tu presencia en ésta casa... - no pude evitar reírme un poco, eso era ridículo. Sin embargo, Bruno me miró molesto y serio.-... No estoy bromeando, mi personal comienza a verte como la señora de ésta casa y las familias de mis arrendatarios piensan que vivimos en el pecado por no estar casados.. - él volteó los ojos. Y yo lo miraba divertida, era simplemente hilarante.-... No lo entiendes, todas éstas familias son muy católicas, temerosas de que el pecado viva cerca de ellos, y yo soy su ejemplo moral.

-¿Entonces por tu gente, debo irme?- pregunté.

Un ligero sonrojo subió por su rostro junto con una vacilante sonrisa.

-No...-sus ojos azules me miraron, eran realmente hermosos.-... Estoy consiente de los sentimientos que te inspiro, y me parece que tu estás consiente de lo que me inspiras, lo que quiero decir es...- su voz titubeba, sus ojos me miraban brillantes. Oh no.-... Scarlet, dentro de cinco meses podrás volver a contraer matrimonio, y la gente de ésta tierra te aprecia, empezando por mi.... - su mano me acarició el rostro ¿Por qué hacías ésto? -... Se que clase de matrimonio tendríamos. Tal vez no puedo ofrecerte ese amor apasionado que sientes por Leighton, pero te ofrezco protección, todo lo que soy y todo lo que tengo.

-Bruno...-intenté decirle que no debería pedirme eso. No cuando mi alma aun vibraba ante el solo recuerdo de James. Pero sus labios me interrumpieron, eran tan cálidos, tan distintos a los de James, éstos no me reclamaban, no querían dominar, solo eran como caricias, tiernas y ligeras... Refrescantes.

-Piénsalo...-me susurró cuando se alejó de mi.-... No me digas nada ahora, solo piénsalo mientras estoy lejos.

Después... me dejó sola.

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N/A:
:D
:)
No. Me. Maten.

Comments?

Atte.
EmmersonJ.B

La Madrastra (Saga Montgomery #1)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora