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Scarlet

No fui capaz de borrar las  palabras de James, ese decreto funesto me persiguió durante cinco torturantes días.

Los mismos en los que él desapareció sin aviso alguno. La tarde después de lo del armario, simplemente se fue, y durante la cena, el ama de llaves solo dijo que él había tomado un equipaje ligero y que no había dicho a dónde iría o cuando regresaría.

Y aunque por una parte estaba relajada pues no tenía que estar lidiando con el estrés que su presencia me causaba. Por otro, y era el más irritante; lo extrañaba horriblemente.

Extrañaba todo. Verlo llegando al comedor en las mañanas, siempre oliendo a sándalo, sus miradas subidas de tono, sus sarcasmos, y su sonrisa.

Y luego, en las fiestas, cuando él salía a colación, me molestaban las suposiciones que todo nuestro circulo especulaba.

Que lo más probable era que se hubiera ido con tal o cual mujer.

Y dolía el solo pensalo en brazos de otra.

Por otro lado, intenté, con una determinación que hasta el momento no sabia que poseía, volver a tener una relación con Stephan.

Ya no servía ignorar el hecho de que desde hacia meses solo éramos un matrimonio de apariencia.

Él ya no tenía detalles conmigo, ya no me tomaba de la mano,  no compartiamos habitación e intimidad como en el principio de nuestra vids conyugal. No siquiera habíamos compartido una de nuestras charlas a solas. Y jamás estabamos solo nosotros dos.

Pero ¿cuando se había roto mi matrimonio? ¿cuando perdí a nuestro hijo? Tal vez. ¿cuando encontró que no podía compenzar nuestra brecha de edad? ¿o cuando llegó su hijo a nuestras vidas?
No lo llegué a saber nunca.

Y dursnte esos cinco días intenté conversar con él coml antes solíamos, y por las noches intenté seducirlo e inconscientemente de hacer con él lo que febrilmente deseaba hacer con James.

Pero Stephan siempre tenía una excusa de poco peso, y me ordenaba rudamente irme a dormir a mi habitación ¡Cómo si yo fuera su hija!

Ni siquiera sucedió nada, cuando, la quinta noche, me aparecí en su alcoba. Con el cabello suelto y solo vistiendo un bata corta y mal cerrada, de satén.

Él solo me miró cansado.

-Antes de que me pidas algo, o intentes de nuevo algo, te aviso que hoy tampoco estoy de humor para eso.- me dijo.

Y yo exploté. Ya no lo soportaba.

¡Yo tenía necesidades, joder!

-¡Siempre me dices lo mismo! Hoy no querida estoy cansado, hoy no Scarlet no estoy de humor... - le reproché, cerrando correctamente mi bata. Al menos así ya no me sentiría tan puta.-... No debiste haberme tocado nunca ¡Debiste permitirme seguir siendo virgen! Así al menos no tendría necesidades que bien sabes que no puedes cumplir.

Stephan solo me miraba. Y su inexpresivo rostro me molestaba.

Sentía un volcán de furia en mi interior y lamentablemente ya no soportaba retenerlo.

-Simplemente no me es apetecible en este momento.- dijo tranquilo mi esposo.- Ahora ve a dormir por favor.

Y desvío su mirada.

Ahí caí en cuenta de su mirada culpable que intentaba a toda costa ocultar de mi.

Stephan era el que se había alejado de mi, por él, nuestra relación se había ido a pique. Y él, que siempre había sido un hombre activo, ahora me decía que no tenía deseos de tocarme.

Y la comprensión de todo éste asunto me cayó como un balde de agua fria, calmando mi odio y reemplazandolo por una sensación extraña y fría, como cuando caminas por una nevada en invierno.

-Tienes una amante.- le dije. Aun sin saber que me había motivado a decirlo o si quiera a pensarlo.

Y realmente esperaba una respuesta. Que él me dijera que estaba loca, que jamás le faltaría a nuestro matrimonio, que cómo era posible que pensará en eso si él era un hombre honorable.

Pero Stephan solo me miró inescrutable, sin negarme nada.

Luego suspiró. Y eso me sirvió como la mayor afirmación que me pudo haber dicho.

Pero, por algún motivo no me sentía herida. Bien sabía que era por todo mi asunto con James, y de pronto sentí que si lo deseaba a él en lugar de a su padre, ya no faltaba a mi moral.

Yo ya no tenía un matrimonio, había sido reducido a una relación casi paternal y de eso solo se había encargado Stephan.

-Quiero saber su nombre.- le exigí. Ni siquiera reconocí mi voz, sonaba distante y frívola.
Él volvió a suspirar.

-Madame Stoichkov.- dijo sin reparos ni titubeos.

Yo asentí.

Y luego pensé en la amiga viuda de mi madre, Cassandra Stoichkov, la cual físicamente era muy parecida a Elizabeth, la esposa muerta de Stephan.

No era sorpresa que él se hubira fijado en ella. - ¿Y qué haremos con todos esto? Mandame Stoichkov es una dama a la que estimo mucho por cierto y tu no te estás comportando como un caballero con ninguna de nosotras.

Él me miró impasible y se sentó en uno de sus sillones.

-No pareces muy molesta.- me dijo cruzando las piernas.

Yo me senté en el sillon frente a él.

-No estoy ciega... - respondí. Más valía ser sinceros.-... Me di cuenta de que nuestra relación hace mucho tiempo dejó de ser un matrimonio.

Él sonrió.

-Sí, ya no compartimos un matrimonio, en realidad Scarlet, jamás lo compartimos. Tu nunca me amaste al igual que yo nunca te ame.... - dijo.-... Y Cassandra me da lo que jamás obtuve contigo,  no te ofendas, eres una mujercita maravillosa y cualquier hombre de tu edad estaría fascinado contigo, pero no funcionamos simplemente por cuestión de edad, y no me estoy refieriendo a lo físico, sino a filosofía, a la manera en que vemos la vida, y tu eres aun una niña para mi, mientras Cassandra.... - suspiró y yo sonreí, en el fondo, el verlo feliz me alegraba.-... Y ahora que ya lo sabes todo; me supongo que irás a buscar el lecho y el consuelo de mi hijo en cuanto llegué a casa ¿No es así?

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N/A: o.o chan, chan, chan!!!!!!

Comments?

Atte.
Lenka Mockingjay

La Madrastra (Saga Montgomery #1)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora