Scarlet
El personal del servicio nos esperaba afuera de la casa, como correspondía. Eran al rededor de veinte personas, solo de personal doméstico, sin duda muchísimas más de las que tenía a mi servicio en casa de mis padres.
El sol estaba a su máximo esplendor, y el calor veraniego inundaba el ambiente.
Stephan y yo bajamos del carruaje e inmediatamente fui presentada como su esposa, la nueva señora. Se me presentó a la Señora Mills, el ama de llaves, y el Señor Rupert, el mayordomo.
La Señora Mills, me preguntaba cuando podría reunirse conmigo para establecer los horarios y comidas de la casa, cuando de la puerta de entrada salieron dos pequeñas niñas. Hermosas en verdad, de cabello castaño dorado y ojos verdes, ambas idénticas, corrieron hacía Stephan llamándolo con alegría papá.
-Querida... - me dijo mi esposo. -... Permíteme presentarte a dos de mis más grandes tesoros. Mis pequeñas gemelas, Jane... - presentó a la pequeña vestida de rosado. -... Y Rosemarie. - presentó a la gemela vestida de azul.-... Niñas, ella es mi nueva esposa, Scarlet.
Sonreí, eran adorables, tal vez tendrían poco menos de diez años. Y ambas con confiada expectativa infantil me sonrieron.
-¿Será nuestra nueva madre? - preguntó emocionada, Jane.
Estaba a punto de responderle, cuando una voz femenina me interrumpió.
-Ella será vuestra madrastra, que no se les olvide niñas que su madre siempre será Lady Elizabeth. - dijo la mujer. Era elegante y bella, una de esas damas que nunca aspiré a ser. Era mayor que yo, extremadamente parecida a las gemelas y sin duda no lo agradaba mi presencia.
-Bernadette. - dijo mi esposo. Y ella sonrió forzadamente.
-Buenas tardes padre. - contestó ella realmente molesta. Luego me miró. - Buenas tardes señorita.
-Es señora, Scarlet es ahora mi esposa. - Stephan también se molestó con su hija. Y sinceramente me pareció que por ella fue que ninguna de las otras hijas asistieron a la boda. Sin embargo no quería que entre ellos hubiera discordia por mi culpa.
La reverencié. - Es un gusto conocerla.
Bernadette pareció descolocada, tal vez esperaba una esposa altanera. Simplemente se giró y entró a la casa sin decirme una palabra.
Más tarde Stephan me explicó que desde que su madre había muerto al nacer las gemelas, Bernadette en ese entonces de diecinueve años, tomó las riendas de la casa, y que era probable que no le agradará que alguien más viniera a robarle el puesto. Y sin embargo, que ella debía entender que, al estar casada y vivir en otro condado, él necesitaba quien se responsabilizara de sus hijas y su casa.
Después de entrar a la mansión, me quede impactada por la pulcra y ordenada belleza del salón. Algunos dirían que faltaba decoración pero a mi me pareció perfecta.
En las escaleras una señorita, como una versión más joven de Bernadette, nos esperaba con una dulce sonrisa.
Saludó a su padre, y él me la presentó como Constance, la hija que pronto debería ser presentada en sociedad y por la cual yo debería organizar un baile.
Constance era una muchacha menor que yo, de quince años, simpática y amable, la cual estuvo encantada de tener a otra mujer joven en casa.
-Amo a Bernadette, no me malinterpretes. - me decía mientras caminábamos por los jardines. Pues se propuso enseñarme la casa, mientras su padre descansaba un momento. -... Pero desde que se dió cuenta que cumplirá treinta en menos de tres meses, y el hecho de que aún no ha tenido hijos, se ha amargado me temo.
-Deberías comprenderle. - le dije.
Ella sonrió.- sí, pero siento que no puedo hablar con ella, siempre me dice que debo dejar de ser una niña y no pensar en tonterías románticas... - suspiró. - De seguro en la capital hay caballeros guapísimos. ¿A qué si?
Sin poderlo evitar, le dije lo que creía aún si con eso destruía un poco sus esperanzas. -... Es cierto, tu hermana tiene algo de razón, el amor es algo muy difícil de encontrar.
Constance me miró. - pero tu amas a papá ¿no? Sino ¿Por qué casarte con él?
-Le quiero. - dije. Y fue cuando realmente me di cuenta de que mi esposo realmente había sobrepasado la simple estima. -... Sin embargo, solo te digo que no os hagáis muchas ilusiones. Pero sí, en Londres hay hombres muy apuestos.
Constance emocionada no paró de hablarme de lo mucho que deseaba un amor romántico como el de las novelas. Que el caballero que fuera el elegido le proclamara amor eterno mientras bailaban al son de un vals. Y yo con pesar pensé que eso es lo que todas esperamos, pero que pocas obtienen. Sin embargo me reía, aún faltaban dos temporadas para que fuera presentada.
Pasadas dos semanas, Bernadette regresó a la comodidad de su casa en Kent con su esposo.
Y fue hasta entonces que comencé a disfrutar de mi nueva vida, pues hasta ese momento mi hijastra mayor no paró con sus desplantes groseros y sus comentarios hirientes hacía mi persona, Bernadette pensaba que yo era una caza fortunas, y aunque no lo dijo en palabras textuales, creía que yo era una zorra ambiciosa que buscaba la ruina de su padre. Eso le valió varios disgustos a mi esposo.
Después de que ella se fuera, realmente comencé a ser feliz. Constance era una niña extraordinaria y alegre, a la cual se le tomaba cariño rápidamente, que me trataba como a una amiga. Las gemelas, en cuanto Bernadette se retiró, se comenzaron a acercar a mi. Jane estaba emocionada, pues me confesó que siempre había querido una verdadera madre y no un culto a un retrato. Sin dudarlo me propuse ser una madre para ella y su hermana.
Rosemarie, por su lado, era muy apegada a Bernadette, pero al irse ésta, se mostraba menos reticente a mi trato.
Y Stephan, por otro lado, era un buen marido. Siempre me defendió ante su hija, y ordenó que a diario se me llevaran rosas a mi habitación. Era la clase de matrimonio que en definitiva no esperaba. Lleno de detalles.
Al cabo de unos meses, para las fiestas dicembrinas, ya era yo la que lo buscaba a él, la que buscaba su tacto y sus besos. Comenzamos a compartir habitacion y cama, además de largas conversaciones. Y él poco a poco se metió en mi corazón.
-Sabía que serías una buena esposa. - me dijo un día mientras veíamos a las gemelas correr en el jardín. - No me importa lo que Bernadette piense. Sé que haz sido una de las mejores decisiones de mi vida.
También por esas fechas, Bernadette nos visitaría, con la diferencia de que yo ya tenía un puesto de importancia en esa casa, Constance decía que me había convertido en su mejor amiga, las gemelas, en especial Jane, me consideraban como una madre, y tenía contento a mi marido, sin embargo no podía evitar estar triste, sería mi primera navidad sin mi familia.
Madre mandó una carta, me decía que pasarían las fiestas en Bath, en la casa de Vivian y Dorian, también me escribía que me extrañaba horrores pues ya en definitiva se había quedado sola. Por otro lado, habló de la salud de papá, ya no era el hombre vigoroso de antes, al parecer nada en comparación con Stephan que parecía no querer un descanso, y ella estaba preocupada.
Sin embargo, una sorpresa se presentó a la puerta un día antes de navidad. Emilian.
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La Madrastra (Saga Montgomery #1)
Ficção Histórica"Estás destinada a encontrarte a una persona, la que, de una u otra forma deberá compartir contigo cierto espacio, cierto tiempo y ciertos sentimientos. Pero la vida no es un cuento de hadas y a veces no hay finales felices. Tal vez casarse con él...
