Scarlet
Debía ser fuerte ¿cierto?
Debía mantener la compostura ante él ¿cierto?
¡Ah! Cómo odiaba sentir que el corazón se me iba a escapar del pecho, y lo peor era tener que fingir.
Tener que sentarme tranquila, en el sillón de mi recámara. Indiferente, mientras él cerraba la puerta y me miraba fijamente.
Acomodé mi camisón sobre mis piernas para taparlas lo más posible.
James tenía razón, aún el recuerdo de nuestras anteriores entrevistas seguía vivo en mi piel y me asustaba terriblemente.
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-Querida mía...- me dijo mi madre. Dispersando mis recuerdos.-...¿Serías tan amable de empezar con la oración?
Yo asentí algo turbada. Los cirios ardían bajo la suave luz de las llamas, el salón estaba atiborrado de personas, todas guardando luto y velación al féretro donde yacía mi padre.
Solo dije las plegarias como en un trance, sin saber exactamente qué estaba diciendo.
¡Oh James! Hasta en mis penas apareces.
No podía dejar de pensar en esa noche, de hace una semana ya.
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-¿Gustas tomar asiento?- pregunté nerviosa, rogando a Dios que James entendiera mi indirecta. Tenerlo frente a mi, solo mirándome de la forma en que lo hacía, me incomodaba.
James tomó asiento frente a mi, mirándome bajo esas largas pestañas suyas.
-¿Qué asunto os ocupa milord, que lo ha traído a hacerme ésta visita tan indecorosa?- traté de modular mi voz lo mejor posible. Él solo sonrió.
-¿Desea ahora hablarnos de usted, milady?... - preguntó él.-... ¿Después de todo?
Yo suspiré.
-Usted es un caballero que pronto contraerá nupcias...- nerviosa, volví a acomodar mi camisón.- ... Al igual que yo, y...Y...-Intentaba mirar cualquier cosa que no fuera él.-... Ésta audiencia es tan irregular que....
James se levantó de su asiento. Cuando estuvo frente a mi, tomó mi mano y me instó a levantarme igual.
De nuevo su cercanía, su olor, lograron marearme.
Sus ojos medio verdosos miraban los míos.
En ese instante, no hubo necesidad de palabras. Sentí que ese era el lugar en el que necesitaba estar.
De pronto James simplemente se arrodilló, se dejó caer hasta que su cabeza llegó a la altura de mi abdomen. Sin quitar en ningún momento su mirada de la mía, y en esa extraña postura abrazó mis piernas, hundiendo su nariz en mi ombligo.
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Miraba a mi padre, pero ese rostro ya no lo reconocía.
Es extraño, cuando una persona muere, su alma, que es lo que le daba la vida, se va, y junto con ella se lleva todos los rastros familiares que en vida podías reconocer en su rostro.
Ese ya no era mi padre, era solo un cuerpo vacio y sin vida que alguna vez fue mi progenitor.
Pues su espíritu, ya hace muchas horas se había ido.
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La Madrastra (Saga Montgomery #1)
Historical Fiction"Estás destinada a encontrarte a una persona, la que, de una u otra forma deberá compartir contigo cierto espacio, cierto tiempo y ciertos sentimientos. Pero la vida no es un cuento de hadas y a veces no hay finales felices. Tal vez casarse con él...
