No tardé prácticamente nada en llegar. Revisé todo el local. Allí no había nadie. Sé que era peligroso porque la policía estuvo allí esa misma mañana, pero tengo que encontrarlo.
Decidí dar una vuelta por el barrio. Tal vez estuviera cerca. No me equivocaba. Lo encontré cerca de un solar abandonado. Me acerqué por detrás hacia él.
-Hola, Teodoro.
Él se giró rápidamente. Me miró extrañado y sacó su pistola. Pero no contaba con una cosa: yo también la había sacado de mi bolso. Nos mirábamos y nos apuntábamos. Él me miraba de una manera extraña. Yo con odio y ganas de matarlo.
-¿No vas a decir nada? -le pregunté.
No contestaba. Apreté el gatillo. Se oyó su grito. Solo le di en una pantorrilla.
-¿Ahora vas a decir algo?
Levantó la cabeza y me miró fijamente. Se empezaron a oír ruidos de sirenas de policía, cada vez más cerca.
-Bueno. No quieres hablar. Entonces morirás. No me importa que me atrapen si estás muerto -le dije viendo que no iba a decir nada.
Estaba a punto de apretar el gatillo cuando dijo:
-Estás protegiendo a tu verdadero enemigo. Esto aún no ha acabado.
Y apreté el gatillo. No entendí lo que me dijo. Solo sé que la policía me rodeaba y me detuvieron.
Puede que tuviera razón. Puede que eso aún no hubiera terminado.
Tres meses. Llevaba tres meses en esa asquerosa prisión. Mi compañera de celda no me hablaba. En el recinto nadie se me acercaba. Las vigilantes me temían. ¿El motivo? Unos días antes maté a una presa que me molestaba, que intentaba chulearse de que no me tenía miedo. Resulta que murió suplicando piedad. No la tuve. Creo que perdí la humanidad.
Allí no pasaba nada emocionante. Era simplemente la misma rutina día tras día. Hasta ese día. decían que tenía visita. ¿Quién demonios me iba a visitar? Mi familia, imposible. En el juicio dijeron que no querían saber nada de una asesina. ¿Amigos? ¿Cuáles? Me dirigí a la sala de visitas y me senté en el lugar que me indicaron, esperando a que entrara alguien por esa dichosa puerta.
Sentí la puerta abrirse y unos pasos dirigirse hacia mi. Levanté la cabeza y pude ver a la persona que tenía frente a mi. Parece que Teodoro tenía razón cuando dijo eso de que esto aún no había acabado. Puede que también sea cierto eso de que él no era el auténtico enemigo, pero...lo más importante ¿quién era esa persona y qué hacía allí?
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Instinto Psicópata
Acción¿Qué hacer cuando te llega un paquete con fotografías de tu familia y una nota amenazante?
