Pepper
–¡Esto es como estar en el jodido infierno!
–Kaa, deja de moverte –le digo.
–De haber sabido que dolería tanto, no me hago ni madres.
–Te dije que en las costillas dolía más.
–Pero lo quiero ahí, se ve sexy.
–Bueno, ya deja de moverte o harás que quede mal.
–Apuesto que ha sido la peor cliente que has tenido –me dice Lex.
–¡Oye, tú! –lo regaña Kaa–. No hay nadie más dulce que yo.
–Eres la mejor, Kaa. –le dice Lex–. ¿Pero podrías devolverme mi mano? La necesito para trabajar, y si le sigues cortando el flujo sanguíneo, la voy a perder.
–Pues te la pegas de nuevo, necesito algo dónde descargar mi furia del dolor.
No pude evitar echarme a reír al ver la cara de sufrimiento de Lex. Pobre de su mano.
Estamos en mi casa, en la habitación que uso como estudio de tatuajes, haciendo el pavo real de Kaa, y Lex la acompaña para darle ánimos, o eso es lo que dicen. La verdad no sé hasta cuando estos dos se van a seguir haciendo idiotas y aceptarán que sienten algo entre ellos, pero mejor no digo nada, presiento que el saco de idiota-con-un-amor-platónico me queda a mí.
Vuelvo a presionar el pedal con mi pie, mi maquina vuelve a la vida y continuo con el tatuaje.
Después de un rato, suena mi teléfono.
–¿No vas a contestar? –me pregunta Kaa.
–No puedo tocar nada, a menos que quieras infectarte.
–Bueno, a ver, pásame su teléfono –le dice a Lex y él lo hace.
–Kaa, no te muevas –le digo, mientras ella contesta.
–¿Aló?... Porque ella no puede contestar... ¡Deja de estar de neurótico! –. Ya con sólo esa palabra, sé quien está al otro lado de la línea.
Luego, Kaa se despega el teléfono de la oreja mientras pone los ojos en blanco y activa el altavoz.
–...rdas están? –dice la voz de Dastan a través del teléfono.
–Cuida tu boca, te está escuchando –le dice Kaa.
–Hola, Dastan –lo saludo.
–¿Por qué no están en la facultad? –. Se oye algo enojado.
Cabrón.
–Lo bueno de ir en posgrado, es que puedes adaptar tu horario a tu antojo, don mandón.
–¿En dónde están?
–En casa de Pepper –contesta Lex.
–¿Y tú que haces ahí, idiota?
–De lo que te pierdes –le dice Lex con humor–. Estoy disfrutando de dos hermosas chicas sólo para mí.
–Eres un hijo de puta, ni se te ocurra tocarlas.
–Demasiado tarde. ¿Sabes que Pepper lo hace increíblemente bien? Aunque Kaa dice que duele un poco –. Mientras Lex sigue burlándose, Kaa se tapa la boca con una mano para que no se escuche su risa, y yo sonrío.
–Vete a la mierda –le dice Dastan. De milagro no rompe las bocinas del teléfono con su furia–. Estoy ahí en 30.
–De acuerdo –dice Lex–. Apresúrate, a menos que no quieras ver cómo termina Pepper.
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Huellas en la Piel ©
RomansaLa tragedia que marcó su vida y el casi perderlo todo, hizo de Pepper una chica fuerte e independiente, además, no estaba dispuesta a perder a nadie más. Ella no necesitaba de nadie... O eso pensaba. Dastan tiene todo el poder y la facilidad para co...
