"Sean bienvenidos mis queridos huéspedes, al mejor hotel de la Carretera 76.
Disfruten de la intimidad que se resguarda en las habitaciones, pues de ahí ningún ruido escapara.
No te podrás perder del Gourmet nocturno, ni mucho menos el entretenimien...
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Los Angeles había sido un lugar interesante, y a pesar de que muchos no podían dejar de despegar sus pies de las playas; cumplieron con su deber: hacer un reportaje acerca del comportamiento social tras las recientes elecciones.
Ya habían pasado tres semanas desde su llegada a América, y era hora de su regreso a la Ciudad francesa.
Hasta ahora el viaje para la azabache había sido asombroso. Su mejor amiga había cumplido su promesa, estaba con ella más que con el moreno. Tomaban fotos a cada paso que daban emocionadas, incluso se podría decir que ellas habían capturado la historia de todo el grupo en el Nuevo Continente.
Otoño ya dejaba sus últimos rastros; el sol no estaba a todo el resplandor que querían, sin embargo disfrutaron al máximo su estadía.
Ahí estaba ella. Observaba la inmensidad del Océano Pacífico y sus olas tronando contra la costa. El sonido de las gaviotas decoraba ese ambiente como una melodía de despedida. Ese era su último día, la siguiente parada era el aeropuerto de internacional de San Diego.
¿Como celebraban su último día?
En esa playa. Riendo con una fogata en la arena, acampando llenos de alegría. Todos contando diversas anécdotas. Aprovechando al máximo. Este ciclo escolar era el último antes de irse a la universidad. En definitiva gozaban de cada momento antes de que todo esto se volvieran simples recuerdos.
Nadie se sumergía al mar. No era necesario sumergirse en la brisa marina para tan siquiera saber las bajas temperaturas a las que se encontraba.
Aún así se divertían. Se divertían de esa manera mágica que solo las almas joviales pueden hacerlo hasta en días donde el cielo está nublado y la luz de las estrellas es cubierto por un manto gris.
-Marinette ¿No vas a venir?- gritó Alya a su amiga mientras se acercaba a ella corriendo entre la arena, quien se mantenía en la lejanía observando la luz de luna apenas perceptible.
-Así estoy bien Alya, es solo que...- se quedo viendo enamorada aquella luz.- No se, así estoy bien. Ya te alcanzo.- dijo aún con la vista en las nubes. Escucho como la morena empezó a titubear.
-Entonces... si vas a estar aquí...- la azabache regresó a ver a su amiga, quien tenía su mirada algo nerviosa.- No te molestaría si estoy con Nino esta noche.- preguntó apenada. Ella soltó una pequeña risa.
-Claro que no, estate con el si quieres.- la castaña asintió emocionada y fue corriendo al campamento. Ella siguió con lo suyo.
-Ya llegue cariño.- tiro feliz Alya acercándose a su novio.
-¡Alya!- esbozó alegre el moreno. Con solo eso, Adrien supo que en ese momento el se quedaría en segundo plano para su amigo. Así que decidió irse alejando poco a poco.