Capituló 11

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Por  primera  vez  en  siete  años, Luna  casi  se  alegraba  de  que  su  hermano  gemelo estuviera muerto. Los amigos de Ron o  bien acababan mudándose de estado o bien morían, y él  nunca había podido  soportar  las deserciones. No le importaba  que  la persona desertora no  tuviera  otra  opción. Luna se quitó  bruscamente  las gafas de sol  y  atravesó  el vestíbulo del hospital. Si Ron estuviera vivo, no habría  podido aguantar  cómo  su buen amigo y  amante, Josh, agonizaba  de  sida. Él había sido demasiado emotivo y  habría  sido  incapaz  de disimular  su  pena.  Pero Luna  no  tenía  ese  problema. Luna siempre había sido más fuerte que su  gemelo.

Inclinó  la  cabeza  y  empujó  con  fuerza  las  pesadas  puertas  de  cristal.  Tenía  todo bajo  control.  Menos  mal.  Si  no  fuera  así,  no  habría  podido  ir  al  hospital  a  despedirse de  Josh.  Si  no  fuera  por  el  autocontrol  que  poseía,  se  derrumbaría  antes  de  llegar  a casa.  Sin  embargo,  estaba  muy  cerca  de  sufrir  una  crisis  nerviosa  allí  mismo  y empezar  a  llorar  por  ese  hombre  que  tanto  la  había  ayudado  cuando  murió  su hermano.  Ese  hombre  que  tanto  quería  había  sido  un  vividor,  un  sibarita  loco  por  los objetos  de  Liberace. Josh  era  ahora  poco  más  que  un  esqueleto  esperando  que  su familia  lo  llevara  a  casa  a  morir.  Era  la  última  víctima  del  sida.  Había  sido  un  gran apoyo  para ella  y  lo  quería mucho. Luna  aspiró  profundamente  la  fresca  brisa  matutina  para  limpiar  sus  pulmones del  aire  viciado  del  hospital.  Iba  a  cruzar  la  decimoquinta  avenida  hacia  la  casa  que compartía  con  su  gato,  Bootsie,  cuando  una  voz  la detuvo.

—¡Eh,  Luna!

Se  detuvo  en  medio  de  la  calzada  y  al  mirar por encima del  hombro, se encontró  con  la  cara  sonriente  de  Blaise Zabini.  Una  gorra  azul  de  béisbol  le  daba sombra  a  los  ojos  y le cubria su corto pelo negro. Llevaba  tres grandes  sticks  de  hockey  sujetos en  una  mano  y  apoyados en su  ancho  hombro.  Verle  en  su  barrio  era  toda  una sorpresa.

Luna vivía en  Capital  Hill, una  zona  al  este  de  Seattle  que  era  conocida  por  estar  habitada  por  gays  y  lesbianas. Luna  había  vivido  toda  su  vida  rodeada  de  homosexuales  y  sabía  la  preferencia sexual  de  cualquier  persona  a  los  pocos  minutos  de  conocerla.  La  primera  y  única vez  que  estuvo  con Blaise supo  en  cuestión  de  segundos que  era  heterosexual  de  pies a  cabeza.

—¿Qué  haces aquí? —le  preguntó.

—Llevo  unos sticks al  hospital.

—¿Para qué?

—Para  una subasta.

Luna se  volvió  hacia  él.

—¿Crees  que  van  a  soltar  pasta  por  conseguir  tus viejos palos  de  hockey?

—¿Qué  te  apuestas?  —Blaise  esbozó  una  amplia  sonrisa  y  se  balanceó  sobre  los talones— Soy un  gran  portero. Ella  negó  con  la cabeza.

—Eres  un  creído.

—Lo  dices como  si fuera  algo  malo.  A algunas  mujeres  les gusto.

Luna no  se sentía  atraída  por  ese tipo de hombre  apuesto  y presuntuoso.

—Algunas mujeres deben  de estar  muy  desesperadas. Él se  rió  entre  dientes.

—Y tú ¿qué  haces por  aquí,  Rayito  de Sol?

—Iba  para casa. La sonrisa se  le borró de la cara.

Simplemente Irresistible (Dramione)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora