Capituló 14

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Draco se sentó en el borde de la cama para  calzarse unas deportivas azules y plateadas.
La habitación parecía una zona de guerra. Las  sábanas  estaban  revueltas encima  del  colchón  y  la  colcha  y  las  almohadas estaban tiradas en el suelo. Unos platos sucios con restos de sándwiches  de  jamón  a  medio  comer  estaban  apilados  en el  tocador,  y  la pintura,  que  colgaba  de  la  pared  y  que Draco había  comprado  a  un artista  local, tenía  el  marco  roto.

Terminó de  atarse  las zapatillas  y  se puso  de  pie. La  habitación olía  a ella,  a  él,  a sexo. Pasó  por  encima  de  una  pila  de  toallas  húmedas y cogió  el  walkman  del tocador. Se  puso los auriculares  alrededor  del  cuello  y  sujetó  el  walkman  en  la cinturilla de los  pantalones cortos.

Salvaje. Era la única palabra  que  le  acudía  a  la mente  para describir la noche anterior.  Sexo  salvaje  con  una bella y fogosa  mujer.  La  vida  no  podía  ser  mejor. Sólo  había  un  problema.

Hermione no  era  cualquier  bella  y  fogosa  mujer.  No era  alguien  con  quien  hubiera  tenido  una  cita.  No  era  un  ligue.  Y  ciertamente  no  era una  de  esas  mujeres  que  querían  acostarse  con  él  porque  era  jugador  de  hockey.  Era la  madre  de  su  hija.  Las cosas estaban  comenzando  a complicarse. Salió  al  pasillo.  Se  detuvo  delante  del  otro  dormitorio  y  miró  por  la  puerta entreabierta. Hermione tenía  los  ojos  cerrados  bajo  la  luz  del  amanecer  que  se filtraba  a  través  de  las  cortinas  y  su respiración era lenta y suave. Se  había puesto un camisón blanco abotonado hasta el cuello que parecía sacado de la  casa de la pradera. Aunque hace unas cuatro  horas antes  estaba  con  el trasero  al aire,  totalmente desnuda, en  el  jacuzzi  del  baño  principal  haciendo  su  mejor  imitación  de  una  reina del  rodeo. 

Después de un poco de práctica lo había hecho muy bien. Le gustaba especialmente  la  forma en  que  balanceaba  la pelvis  contra  la  de  él mientras susurraba su  nombre  con  esa erótica voz sureña suya. Un  movimiento  detrás de Hermione llamó  su  atención  y  levantó  la  mirada  a Lyra.  Observó  cómo  se  ponía  de  lado  y  se  tapaba  un  poco  con  la  sábana.  Dio  un paso  atrás y se encaminó  a las escaleras. La  noche  anterior  le  había  mostrado  de  nuevo  otra  parte  de  su  pasado,  le  había mostrado  a  una  niña  confundida y herida,  y  le  había  agregado  otra  dimensión  a  la forma en  que  la  veía de adulta.  No  creía que  ella  hubiera tenido  intención  de  cambiar nada,  ni  siquiera su  opinión  de  ella.  Pero  lo  había hecho.

Draco entró  en  la  cocina  y  abrió  la  nevera.  Cogió  un  batido  de  yogurt  rico  en carbohidratos  y  proteínas.  Cerrando  la  puerta  con  el  pie  quitó  el  tapón  de  la  bebida energética y  puso  en  marcha el contestador  automático.  Subió  el  volumen,  apoyó  una cadera  en  la  encimera  y  comenzó  a  tomar  la  bebida  revitalizante.  El  primer  mensaje
era de  Sirius,  y mientras escuchaba  las quejas  de  siempre  de  su  abuelo  acerca  de  tener que  dejar  un  mensaje,  pensó  en  Hermione.  Pensó  en  su  voz  cuando  le  había hablado  casualmente  sobre su  madre.  Había bromeado  sobre cuando  su  abuela  había tratado  de  casarla  con  un  carnicero  del  Piggly  Wiggly  y  sobre  que  pensaba  que  era tonta  por  esperar  el  amor  de  su  padre.  Lo  había  dicho  como  si  le  diera  vergüenza, como si  esperara  demasiado.

El contestador  automático  emitió  un  pip  y  la  voz  de  su  agente,  Doug  Hennessey, llenó  la  cocina  para  informar  a  Draco de  la  reunión  que  había  tenido  con  Bauer.  Tenía que  reunirse  con  la  gente  que  le  había  hecho  los  patines  a  medida  para  enterarse  de por  qué  las  botas  habían  comenzado  a  molestarle  la  última  temporada.  Draco siempre había  usado  las  de  Bauer.  Siempre  lo  haría.  Aunque  no  era  tan  supersticioso  como algunos  tíos  que  conocía,  lo  era  lo  suficiente  como  para  querer  arreglar  el  problema en  vez  de  cambiar  de  fabricante. Se  tomó  el  resto  del  batido  de  yogurt,  aplastó  el  bote  con  la  mano  y  lo  lanzó  al cubo  de  la  basura.  El  contestador  automático  no  emitió  ningún  mensaje  más  y  Draco salió  de  la  cocina.  La  niebla  cubría  la  terraza  y  la  playa.  Los  escasos  rayos  matutinos que  traspasaban  la  niebla  proyectaban  su  luz  a  través  de  las  ventanas  de  la  sala  de estar. La  noche  anterior  la  había  observado  en  esas  ventanas.  Había  mirado  cómo  iba cayendo  la  ropa  de  su  bello  cuerpo  y  había  gozado  con  la  pasión  que  le  suavizaba  la boca y le  enturbiaba  los ojos.  Había  observado  cómo sus propias manos se  deslizaban sobre  esa  piel  suave  para  tomar  los  tersos  senos.  Se  había  observado  frotarse  contra su  cuerpo  desnudo  de  arriba  abajo,  y  casi  había  explotado allí mismo, en los calzoncillos.

Simplemente Irresistible (Dramione)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora