Capitulo Siete

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La guié por la puerta de atrás, pasamos las estufas y las mesas de preparación de acero, y dejé caer la bolsa de grasa junto a la freidora. Dean, el que me había encerrado en el congelador la primera noche, estaba fregando fregando los pisos del comedor- Había puesto ka radio en una estación de Rock And Roll y en el vestíbulo se oía "Soul Twist" de King Curtis a todo volumen. Dimos la vuelta hasta adelante.

-Oye, Dean, ella es Grace. Le voy a dar algo de comer.

-Haz lo que quieras—dijo sin levantar la mirada y mientras mecánicamente hacía grandes círculos con el trapeador.

Grace se quedó al borde del área del comedor, cerca de las baldosas mojadas.

-No quiero ensuciarte el suelo.

-No importa —dijo Dean.
A Dean no le caía bien el señor Canalla y para él cualquier trabajo hecho con menor calidad que la que el jefe requería representaba casi una victoria. Pero cuando levantó la mirada para ver a Grace, su expresión cambió. Y también su voz—. No te preocupes. En serio.

Era obvio que le había gustado. No supe por qué, pero su interés en ella me molestó.

-¿Qué quieres comer?—pregunté. Ella me miró.

-No me importa. Cualquier cosa estaría bien.

-Tenemos casi todo lo que existe en el planeta.

-¿A ti qué te gusta?

-La hamburguesa de pastrami, los aros de cebolla, la baklava, la malteada de anarcadis con caramelo.

-¿Qué es baklava?—preguntó Grace.

-Es una cosa griega. Tiene miel y nueces y está envuelta en, eh... una cosa de papel.

-¿De papel?

-Hojaldre —dijo Dean—. Idiota —Yo me sonrojé un poco.

—Es buena —dije.

-Sorpréndeme—dijo ella sonriendo.

-La especial de Eric a la orden —que cosa más estúpida dije, pensé mientras caminaba de regreso a la cocina. Me pregunté si se había dado cuenta de que no solía hablar con chicas. Me acordé que todavía tenía el gorro bobo puesto y me lo quité rápidamente.
En diez minutos salí con una bandeja llena de todo lo que había mencionado y una bolsa de bolitas de papa. Por instinto, miré al estacionamiento para asegurarme que el señor Canalla no nos estuviera espiando. Grace miró la bandeja, asombrada.

-Caray. No tenías que traérmelo todo.

-No tienes que comérmelo todo.

Dejé la bandeja frente a ella. Examinó cada cosa.

-¿Esto es el... bak no sé qué? -Baklava.  

-Lo dejare para el final —dijo ella. Mordió un aro de cebolla. Señalé un tarrito de salsa

—Es salsa frita. Mi jefe la inventó. Es como cátsup y mayonesa mezcladas. Es buena.

Ella sumergió el aro en la salsa, luego se lo metío entero a la boca.

-Mmm... —después, le quito el papel encerado amarillo a una hamburguesa. Al principio comió mordidas delicadas, pero se fueron haciendo cada vez más grandes hasta que prácticamente devoraba la hamburguesa. Dean se puso junto a ella, apoyándose en el mango del trapeador.

-¿Cómo se conocen tú y Eric?

-Tenemos una clase juntos —respondió ella con la boca llena de hamburguesa.

-Súper —dijo Dean, que no sabía ser más original

—¿Qué tienes unos dieciséis años?

-Quince.

-Pareces de dieciséis —estaba claro que quería invitarla a salir, pero no lo hacía porque yo estaba ahí. No por respeto, ni nada parecido; es que no quería pasar una vergüenza si ella decía que no. Al final se dirigió a mí—. Me voy. Cierra tú.

-Claro —dije yo.

 -Ya lo capté.  

-Es medio imbécil.

-También capté eso —dijo ella con una sonrisa irónica.  

-Creo que le gustas.

-Vaya suerte que tengo —empezó a beber su malteada. La puerta de atrás se cerró y Dean aceleró  el motor de su automóvil más veces de lo habitual, sin duda para tratar de impresionarla.

-¿dónde vives?—le pregunté

-Al oeste de la escuela.

-Eso queda como a cinco kilómetros de aquí.

-Ya.

-¿Cómo vas a llegar a casa?

-No iré a casa —giró su vaso y se secó en la mesa las gotas de condensación que se acumularon en sus dedos.-Me fugué —bajo el vaso —No volveré nunca.

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Hola lectores, pueden comentar que les pareció el capitulo espero que les haya gustado (a mi sí).



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