Cuando eres solo la típica chica de secundaria que a menudo hace el ridículo, pero que a la vez, se divierte con sus amigas, no tienes nada que destacar sobre ti.
Está chica ni siquiera tiene novio pero desde que empezó su antepenúltimo curso del i...
Llegué a su casa. Era muy bonita y acogedora. Cuando entramos Amelia vinó corriendo hacía nosotros dándonos un abrazo para después cogerme de la mano y llevarme a su cuarto. Al llegar entramos a un cuarto de una princesa. Todo rosa, con varios juguetes y una cama gigante. Ella en comparación con la cama era un gisante. Nos sentamos en unos cojines que tenía frente a una mesita.
- Te estaba esperando. -sonrió- Quiero jugar con una chica, siempre tengo que jugar con Alex porque mamá está ocupada.
- No pasa nada, yo jugaré contigo siempre que tu hermano me quiera traer aquí. -le dije mirándola mientras la veía concentrada peinando una muñeca.
- Si te traerá. Me ha dicho que le gustas. -dijó con una suave risa- Tomá, esta será tu corona.
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- Vaya es muy bonita. -me agaché para que me la pusiera.
- Tú serás la princesa y yo la reina. -dijó colocandomela.
Empecé a jugar con ella y la verdad es que era mucho más inteligente que el resto de niñas, sin quitar ese lado tan dulce suyo. Gracias a eso el tiempo se nos pasó volando y cuando me dí cuenta Alex entró en la habitación dándonos un beso en la frente a cada una.
- Amelia ¿cuándo me vas a dejar a mi princesa estar conmigo? -dijó Alex sentándose detrás mío y abrazándome.
- Vale, pero es la única amiga que has traído a casa y yo también quiero jugar con ella. -dijó Amelia poniendo morritos.
- Pues como ya has jugado un rato con ella me toca a mí. -me cogió en peso y salió dándome tiempo a decirle solo adiós a Amelia.
Me llevó a cuestas hasta su habitación y allí me tiró en la cama para después cerrar la puerta y tirarse junto a mí.
- Parece que le gustas más a Amelia que a mí. -dijó bromeando.
- Podría ser... -reí.
- Que va, eso es imposible, como yo no te quiere nadie. -me dijó para después depositar un beso en mi frente. Entonces caí en la cuenta de que tenía que decirle algo.