Capítulo 15.

289 29 3
                                        

El silencio en la casa es abrumador, y para ser honesta, bastante deprimente. Resoplo, inflando ambas mejillas. Las manecillas del reloj son lo único que logra escucharse. No pasos, no voces, sólo el constante tic-tac molesto.
A las ocho en punto, escucho la puerta de un auto cerrarse y seguido de eso, el timbre de la puerta se hace sonar. Un leve dolor de estómago se aparece sin que pueda detenerlo. Arriba, se escuchan pasos, después una puerta abriéndose y cerrándose, y luego más pasos que continúan por las escaleras. La mamá de Jeremy hace un buen nudo a su bata de dormir, al mismo tiempo en que se acerca a la puerta para abrir.

—Buenos días, ¿es usted Acacia? ¿Madre de Jeremy Bennett? —Pregunta una voz muy conocida, del otro lado de la puerta.

—Sí, soy yo. ¿Lo puedo ayudar en algo?

—Soy el agente Sam Cleanstone, tengo algunas cosas que debo platicar con usted y su esposo.

Me quedo completamente en shock al escuchar su nombre. Esto no puede ser bueno, para nada bueno. La mamá de Jeremy lo hace pasar, y antes de que ella suba a hablarle a su esposo, subo corriendo las escaleras y entro fugazmente a la habitación de Jeremy. Él aún sigue durmiendo, su respiración es tan tranquila que, por un momento se me cruza la idea por la cabeza de dejarlo así. Pero no puedo hacerlo.

—¡Jeremy! —Lo llamo lo bastante alto. No logro nada, como es de esperarse. Sólo obtengo un quejido de su parte, y luego sigue durmiendo.

Resoplo.

Me pregunto si, a pesar de que él esté en la misma habitación que yo, puedo ser capaz de agarrar los objetos, es decir, está dormido, ¿cierto? Es como si no estuviera.
Tomo entre mis manos el suave y pequeño cojín blanco sin problema alguno. Una sonrisa se dibuja en mi rostro. Lo levanto en lo alto y tomando bastante fuerza, lo lanzo directamente contra su rostro.
Jeremy se despierta de golpe, sentándose abruptamente en la cama, mirando a todos lados, tratando de ver qué sucede. Sus ojos se detienen en mí y luego observa el cojín, para luego verme a mí de nuevo.

—¿Por qué hiciste eso? —Pregunta, con voz molesta y frunciendo el ceño.

—Porque te hablé y no despertaste.

—Así que tu solución fue estrellar una almohada en mi rostro.

Sonrío, encogiéndome de hombros.

—Resultó ser efectivo —respondo.

—¿Qué hora es? —Pregunta, buscando la hora en su celular.

—La hora en que levantes tu trasero de esa cama —contesto.

—Espera, ¿qué haces aquí? Ayer desapareciste frente a mis ojos, ¿a dónde fuiste y cómo hiciste eso? —Me mira con ambas cejas elevadas, interrogativamente.

Trago saliva, un poco nerviosa.

—Yo... no lo sé, pasa cuando estoy... molesta o... ya sabes —titubeo, e inmediatamente me aclaro la garganta— Vine porque no quería estar en casa.

Me mira por unos segundos y luego asiente levemente.

—Bueno, no te perdiste de mucho, la mujer —que por cierto me dijo que se llama Emma— me dijo que ella seguirá investigando y preguntando, dijo que hará lo posible para ayudarte.

Suspiro.

—Bien —me quedo callada unos segundos—. Debes pararte ya, tenemos un problema... uno muy grande.

—¿Qué problema? —Sus músculos se tensan, y es en ese momento que me doy cuenta que no lleva puesta una camisa. Niego lentamente, concentrándome.

—Sam Cleanstone está aquí, en tu casa. Exactamente en la sala, vino a hablar con tus padres.

—¡¿Qué?! —Sus ojos se abren a tope. Avienta las cobijas hacia un lado y se pone de pie rápidamente, tomándome por sorpresa. Tampoco lleva pantalón, sólo bóxer... demasiado apretado.

ScarsDonde viven las historias. Descúbrelo ahora