Tenía la mejor suerte de todas, amigos que me querían, una familia perfecta, me amaban, no era malo ser yo. Estuve más contenta de ser yo cuando gané un premio para ir a un viaje en crucero con mis cinco mejores amigos. Las que parecían hermosas e i...
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—Maldigo este horrible clima—suelta Amber enfadada.
—¿Qué te sucede ahora? —Crystal se acerca a ella sonriendo, ocultando la pena que siente por dentro, recordando a cada minuto a Amy y Miguel.
—Mira mi cabello, parezco la pantera rosa luego de ser metida en la secadora.
—Sólo son las puntas, no exageres—musita Feith detrás de los asientos.
—Chicos necesito hablar con ustedes—Crystal habla firme, pero con una voz silenciosa, cautelosa, temiendo que una de esas bestias pueda estar cerca.
Los reúne a todos en la cabina del capitán, donde yace el cristal roto, a la cabeza de Crystal se vienen los recuerdos de cuando la criatura cayó encima del vidrio y casi le causó un infarto. Cuando su vida peligró, cuando acabaron con uno de esos monstruos.
—Necesito contarles algo que vi antes de que Amy...muriera—Crystal se frota las manos, demuestra su nerviosismo, y el miedo que la consume por dentro y no le deja llevar una supervivencia más ligera.
—Bueno...habla—ordena Feith—. Me pones nerviosa.
—Cuando trepé la palmera para sacar los cocos, me afirmé de una saliente, una protuberancia que sobresalía de la palmera, una vez que me afirmé la protuberancia se rompió, y cuando me acerqué a verla más de cerca, mi de cuenta de que era una cámara—al decir las últimas palabras los jóvenes se ponen pálidos—. Chicos, creo que nos están vigilando.
—¿Te refieres a que somos un experimento? —musita Amber con dificultad.
—¿O estamos en un reality show? —los ojos de Greg se mueven hacia todas direcciones con sarcasmo. Mason también se siente vigilado, así que curva su mirada hacia los extremos del avión—. No creo que seamos un experimento, quizás fue sólo el nerviosismo del momento—Greg se abre paso para ver a Crystal a los ojos—. Pero ya puedes tranquilizarte, no estamos siendo vigilados.
Los oídos de los jóvenes se ven envuelto por una gran y estruendoso rugido, el mismo que han escuchado varias veces, pero más que un rugido, es como una maquina tronando, pero no deja de ser aterrador. Por la magnitud del sonido, debe de ser una maquina muy grande, pero ¿Para qué habría una máquina de tal magnitud en una isla desierta?
—No soporto escuchar eso, ni una vez más—Mason se levanta del suelo con las manos en sus oídos.
—Está haciendo un poco de frío ¿No? —inquiere Crystal mientras frota sus manos en sus brazos tratando de encontrar calor en ella misma.
—La verdad es que sí, pero no quería decir nada—agrega Mason—, creí que me estaba volviendo loco.
—Hace dos horas hacía un calor infernal—Dían mira por la ventana mientras observa como de su boca sale un blanco y fino vapor.