Themyscira:
La isla paraíso, con mujeres guerreras, mujeres desconocidas para el resto del mundo, así existieran satélites en el espacio o aviones capaces de llegar a lugares con océanos de distancia, las amazonas seguían siendo una cultura apenas existente en el folclore griego, y no tenían nada en contra de ello, en verdad les pasaba indiferente...
Hasta aquel día...
Una piloto y su hijo convivían en un viaje por los cielos arriba de su pequeña avioneta, dos integrantes de la familia Trevor siendo el par de osados que su sangre parecía pedirles ser; todo estaba yendo perfecto hasta que el motor comenzó a fallar sacando humo negro por la parte trasera de la nave seguida de una pequeña explosión. La joven madre, de nombre Diana, se vio forzada a hacer un aterrizaje forzoso en una isla que apareció de la nada, casi como una especie de milagro para salvarla a ella y a su pequeño hijo que lloraba aterrado en la cabina trasera, la turbulencia no se hizo tardar y pronto se sintió la misma nave revolcarse en la playa; la joven madre sacó a su hijo de la nave antes de que ésta terminara por explotar salvándose de la terrible muerte que les esperaba si hubieran seguido adentro, pero eso no evitó que la misma explosión les sacara volando un par de metros.
-¿Mamá? -Preguntó Steve acercándose al cuerpo inconsciente de su progenitora mientras la sacudía en un intento de despertarla -Mamá, despierta, por favor...
En los intentos fallidos del pequeño por despertar a su madre, no se dio cuenta de los varios pares de ojos que le observaban entre la maleza; no era que las amazonas se sintieran amenazadas por lo sucedido, porque hubiesen desconocidos "profanando" su territorio, aunque fuera por accidente, pero todas ellas esperaban a la indicación de su líder para acercárseles a auxiliarlos o correrlos.
-¿Te encuentras bien? -Preguntó una voz consternada y juvenil detrás del niño que comenzaba a hacerse a la idea de que su madre estaba muerta en vez de inconsciente. El resto de las amazonas pronto se alertaron al ver a la más joven de ellas y princesa acercándose como si nada al intruso.
Steve levantó la vista, sus mejillas empapadas de lágrimas y una mirada triste que se aclareció un poco al ver a una niña de aproximadamente su edad (ocho años) con ropa un poco extraña como la que usaban esas personas de las películas de culturas antiguas que veía, su cabello negro azabache completamente suelto, piel bronceada y ojos azul turquesa.
-M-Mi mamá...
El rubio apenas pudo formular esas palabras cuando volvió a sentirse triste, pero ya no lloró, no quiso mostrarse débil ante una niña, algo muy infantil pero muy acorde a su edad.
-Hmm... Ella estará bien -Aseguró la amazona con una radiante sonrisa que hizo a Steve ruborizarse un poco al pensar que le sonreía a él -Me llamo Diana, ¿y tú?
-S-Steve... Trevor... Te llamas igual que mi mamá...
Diana miró a la mujer poniéndose más seria, pero la luz de su mirada no se fue por un segundo; entonces se volteó hacia la maleza de la selva y...
-¡Oigan, necesitamos ayuda aquí! -Gritó la pequeña moviendo de un lado a otro sus brazos llamando la atención de tanto Steve como del resto de las amazonas que yacían ocultas hasta entonces.
-Alguien en serio debería enseñarle un poco de disciplina a la princesa... -Murmuró por debajo una de ellas mientras salían de su escondite.
-Sí, -afirmó otra a un lado suyo con burla en su voz -tal vez quieras ser voluntaria.
No hace falta contar lo que seguro muchos sabrán o deducirán, pero para resumir digamos que, efectivamente, las amazonas sanaron a la piloto y revisaron a su hijo por si acaso. Durante todo ese tiempo Steve y la princesa Diana se hicieron muy cercanos, tal vez más de lo que el resto de las amazonas sentían correcto, pues el joven Steve le contaba a su nueva amiga las cosas que existían en su mundo, la mayoría de ellas no tenían ni el menor sentido para la princesa, pero eran igualmente cosas e inventos que le llamaban la atención.
Fueron por lo menos dos semanas de relatos que la mayoría de las veces parecían haber sido sacadas de la manga de Steve, pero sus historias lograban que la princesa se sintiera cada vez más intrigada sobre lo que existiera más allá de su hogar, de la Isla Paraíso.
No en balde pasaron los días cuando ya era hora de que Hipólita eligiera a la mejor de sus guerreras para llevar a la familia de dos de vuelta a su mundo, uno que según lo que pensaban todas las amazonas era salvaje y hostil, por ende solo podía ir la mejor de ellas; así que pronto se organizó un torneo amistoso donde la ganadora tendría el deber (o privilegio, según como lo viera) de acompañarles de vuelta al Mundo de los hombres. No hace falta decir que la princesa Diana tenía más que prohibido participar... por obvias razones.
El torneo no se hizo esperar, y tras varias grandes hazañas y fracasos estrepitosos, finalmente una amazona quedó como la ganadora del título, quien no fue otra que Antíope, la misma amazona que esperaba enseñarle disciplina a la princesa, la misma que era hermana de Hipólita... y tía de Diana...
Todo fue preparado para su partida al día siguiente, con provisiones suficiente para su viaje en barriles medianos y agua potable en varias cantimploras, los tres (Antíope y Diana y Steve Trevor) salieron a mar abierto para su regreso al mundo hostil que los dos humanos conocían como hogar.
-Sé que deseabas acompañarlos, Diana -Dijo Hipólita tras la puerta de la habitación de su hija -Pero ese lugar es conocido por su ferocidad ante quienes sean diferentes -La reina abrió la puerta al no escuchar a su hija, pero cómo escucharla cuando ésta se removía algo incómoda dentro de un barril en el barco que se encaminaba a Estados Unidos -¡Diana!
Pero ya no se pudo hacer nada, el barco realmente había zarpado hacía casi doce horas y alcanzarlo sería una tarea imposible, pues los únicos que sabían a dónde se dirigía ya se habían ido.
***
Antíope tenía hambre, o más bien, antojo de una de las frescas frutas que estaban guardadas en uno de los barriles, vaya su sorpresa al ver a su sobrina encogida dentro de aquel barril misterioso al ser un sobrante.
-¿Qué hace aquí, majestad? -Preguntó la amazona por un lado sorprendida y por el otro casi colérica.
-Quería conocer el mundo de los hombres, tía Antíope -Respondió la princesa con una sonrisa de oreja a oreja orgullosa de sus acciones.
La mayor no dijo nada, en cambio se quedó en silencio esperando a que alguna idea le llegara a la mente, estaba segura Hipólita estaría buscando a su hija por toda la Isla Paraíso moviendo cada río, piedra y montaña para encontrarla, y eso solo hacía su situación más complicada.
-¡Diana! -Exclamó Steve con alegría al ver nuevamente a su amiga, quien pronto le correspondió el saludo saliendo de su incómodo escondite.
-Creí que te quedarías en Themy... ammm -Comenzó a decir la madre de Steve recibiendo con igual jovialidad a la pequeña polizona.
-Themyscira -Completó Antíope aún enojada con la incauta de su sobrina. Pero aceptando finalmente lo que ocurría.
Otros días después de aquel incidente, finalmente habían podido llegar a Estados Unidos, a una ciudad llamada Metrópolis cientos de veces más grande que la misma Themyscira, definitivamente las cosas que Steve le había contado a la princesa no eran tan exageradas como ella lo pensó en su momento.
Cada que avanzaban por las llamadas calles de la enorme ciudad, Steve no podía evitar recordarle a su amiga sus descripciones diciendo casi a cada esquina "¿Recuerdas cuando te conté de...? Pues mira, ahí está, es esa". Así pasaron varias horas para las cuales los dos menores sintieron irse en seguida mientras la amazona y la piloto conversaban sin descuidar por un segundo a los dos niños.
Todo marchaba... si bien no como lo planeado, sí muy bien; inclusive Antíope, que era la más reacia en mantenerse seria durante todo el recorrido, disfrutaba cada segundo, hasta que...
-¡Ayuda! -Se escuchó de un parque cercano, y como en toda ciudad donde el crimen era en realidad algo extraño (a plena luz del día), varios curiosos se acercaron a donde los gritos encontrándose con varias personas siendo aplastadas entre los escombros de un edificio recién derrumbado...
Continuará...
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Antes del Comienzo
FanfictionCientos de chicos fueron e hicieron cosas antes de convertirse tanto en los héroes como en los villanos que serían en el futuro; nadie sabía qué sería de ellos, pero algo era constante y seguro: representaban una amenaza. Por eso A.R.G.U.S. creó una...
