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Nunca la leas

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Al terminar de escribir la carta no sabía cómo firmarla.

¿Debía poner su apodo o su verdadero nombre? ¿Tenía que sincerarse completamente o solo sus sentimientos?

Pero lo más importante... ¿Ella la leería?

Las cosas serían más sencillas si tan solo, al firmarla de la manera que fuese, él pudiera dirigirse a la chica de ojos turquesa para entregarle el escrito, decirle que lo había hecho él mismo cuando nadie más lo veía, que si ella quería podía leerlo en voz alta y que todo el mundo se enterase, se enterase que él la amaba, que se había enamorado apenas sus manos se tocaron la primera vez que salieron juntos; pero era más importante aún que ella lo supiera, que leyera la carta así fuera en silencio, que nadie más que ellos dos lo supiesen, que sin importar lo que todos dijesen, el cariño entre ambos nunca terminase, nunca lo haría porque ambos lo sabrían, sabrían que, así fuera de una manera cobarde como una carta, su amor estaba confirmado y el mundo entero sobraba cuando hablaban de ambos como pareja. 

Pero él no se creía capaz de dársela, ni siquiera de firmarla con el nombre por el cual su amada le conocía.

Así pasaron varios minutos con él sin saber qué hacer, pero al final se decidió, y en otro sobre completamente en blanco, escribió con su mejor letra la frase Nunca la leas.

Pasaron años. Sí, años, antes de que Diana se diera cuenta de la existencia de un sobre blanco.

El papel era común y no estaba sellado, aunque debía admitir que lo escrito en la parte al reverso la confundía, de todos modos la letra que escribía Nunca la leas tenía lo suyo, a la amazona siempre le había gustado la letra cursiva y solo el leer esa frase le agradaba, así lo escrito fuera confuso y algo de celos le dieran por no poder hacer una igual, sus libretas eran testigos de ello.

Sus libretas... Diana volteó hacia sus cosas ya puestas en cajas para su próximo traslado. Ese sería su último día en aquella habitación, sería la última vez que estaría entre las paredes que tantos recuerdos guardaban; pero sus libretas eran las únicas que, en vez de estar puestas en cajas, estaban amarradas junto con las libretas de Murciélago y Super listas para ser recicladas. Ahora que lo pensaba, el sobre había caído de una de sus libretas que, por mera melancolía, se había puesto a revisar.

–Hubiera sido una pena que se fuera a perder entre tantas otras hojas de papel –Murmuró Diana mirando el sobre.

¿Qué quería decir exactamente con no leerla?

No parecía tener alguna maldición escrita, tampoco que su autor fuera a ser tan obsceno como para tener plasmadas en esa carta una infinidad de malos deseos.

–No creo que alguien se entere...

Con curiosidad ella abrió el sobre dejando éste a un lado y leyendo una carta que apenas era una hoja escrita de un solo lado.

Maravilla.

¿O debería llamarte Diana?

Me disculpo si ves las letras distintas unas de las otras, pero decidí escribir esta carta en mis momentos solo, eso es raro, porque ya no estoy solo como antes ¿sabes? Ahora te tengo a ti a mi lado, y es por esa razón por la cual te escribo.

Disipaste todas las tinieblas que me cubrían, me enseñaste a ver luz aún en la habitación más oscura, y nunca me dejaste solo, aún después de haberte dicho mi pasado, aún después de demostrarte que soy el peor compañero por el cual podrías pedir, aún después de que todos se alejaran en cuanto lo supieron por el sentido común de alejarse de un asesino.

Antes del ComienzoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora