Eran las seis de la tarde cuando Orlando abrió los ojos, había dormido todo el día. Dominado por la flojera se obligó a levantarse de la cama, pensó en ir a correr como lo hacía todas las tardes y así lo hizo. Al regresar de nuevo a su apartamento se metió a la ducha, entonces recordó a Amelia y su mano derecha encontró el camino hacia su entrepierna, se imaginó tocando aquel perfecto trasero, sus fantasías lo llevaron hacia sus apetecibles senos, donde puso su boca para acariciar sus puntas con la lengua. Sus dedos jugaron con la piel sensible de su miembro, pudo imaginarla rogando por más con su mirada penetrante... Se corrió antes de darle más rienda suelta a su imaginación.
Todavía sentía en su piel la satisfacción del placer que se había dado, cuando se sentó en el sofá de la sala de estar para ordenar comida china. Unos minutos después de tener las bolsas con los contenedores calientes en sus manos, la oscuridad rodeó su apartamento por completo, su edificio quedó sin electricidad.
No le extrañó que el encargado le explicara por teléfono que unos fusibles se habían fundido y que pasarían un par de horas antes de que encontrara a un electricista que trabajara de noche y reparara el daño. La vieja estructura donde vivía solía mal funcionar de vez en cuando, si no era el ascensor el que fallaba, alguna tubería se rompía e inundaba una planta entera. Pero a pesar de esos inconvenientes, era feliz en donde vivía y ahí se quedaría.
La oscuridad vino acompañada de un silencio inusual. Encendió unas velas para cenar ya que sus alimentos se iban a enfriar si no comía pronto, pero un sonido proveniente de las escaleras del edificio captó su atención, pasos dudosos y apresurados se aproximaban a su planta. Al escuchar el usual tintineo de llaves supo que Amelia había llegado a casa, un poco tarde comparado con su rutina diaria. Por el exceso de ruido se imaginó que la chica estaba intranquila por alguna razón y que le costaba abrir la puerta de su vivienda por lo que decidió asistirla.
Abrió su puerta y caminó hacia ella, sus ojos ya se habían acostumbrado a la oscuridad:
—¿Todo está bien? —preguntó galantemente.
Un grito despavorido fue lo que obtuvo como respuesta, todas las pertenencias de Amelia volaron por los aires incluyendo un contenedor que al chocar con el suelo se abrió y regó comida en el piso.
—¡Mierda! —susurró Amelia muy bajito, pero no tanto para no ser oída por Orlando quien se sintió avergonzado por asustarla.
La comida ensució los documentos que llevaba en la mano, al parecer muy importantes para ella por la forma como los miraba y trataba de limpiar.
—Lo siento —suplicó Orlando apenado agachándose junto a ella para ayudarla.
Amelia se retrajo al sentir el roce de la mano de su vecino sobre la de ella. Como con miedo le pidió con un gesto que la dejara sola, pero él no iba a retroceder, ese desastre era su culpa y no podía desentenderse, sobre todo después de sentir el contacto de su delicada piel, un instinto sobreprotector lo dominó.
La chica, al percatarse que él no iba a desistir, tanteó el piso para buscar sus llaves, y al encontrarlas, se apresuró a intentar abrir la puerta, pero sus dedos temblorosos no se lo permitían. Orlando no iba a cometer el error de ofrecer ayuda para ser rechazado, así que, sin pronunciar una palabra y con delicadeza, le quitó las llaves a Amelia de sus manos y en un par de segundos abrió su puerta.
Ella quedó paralizada cuando vio al vecino sacar el celular y utilizarlo como linterna para introducirse en su hogar, dudó por unos segundos sobre cual acción tomar y antes de poder decidir qué hacer, lo observó regresar con papel absorbente para limpiar el piso. Juntos se dispusieron a tratar de enmendar el reguero, entonces Orlando se levantó de nuevo y preguntó:
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Vecinos (COMPLETO)
RomanceÉl era escritor, ella estudiante. Él estaba fascinado con ella, ella se negaba a ser herida de nuevo por un hombre. Él quería conquistarla, ella se negaba a ser conquistada... ¿podrá Orlando ganarse la confianza de Amelia? Quizás el destino los quis...
