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-Alexis. Joder despierta-ladra su voz al lado de la cama, cuando por fin logró girarme hacia él sigue-tienes la ropa que necesitarás para hoy en el baño, el resto, lo he recogido yo todo y metido en el coche, tienes veinte minutos para prepararte ¿entendido? -dice autoritario-.
No tengo ni ganas ni fuerzas para llevarle la contraria así que me levanto y me dirijo hacia el baño. Miro la hora en un precioso reloj en forma de sol que está colgado en la pared y me asombro al ver lo temprano que es. Harry no ha debido de dormir nada, ya que cuando yo quede dormida, algo tarde, el seguía despierto y ya tiene todo preparado para marcharnos, lo que me hace preguntarme por qué no ha conseguido conciliar el sueño.
Cuando me desvisto me permito por primera vez desde que estoy aquí mirarme al espejo desnuda. La nueva herida le daba frescura a las demás, los tatuajes intentan tapar algunas pero sigue siendo imposible esconder la totalidad. No me gusta lo que veo, y dudo que a alguien le llegue a gustar está lleno de magulladuras y quemaduras... Así que le doy la espalda a mi reflejo y me dispongo a darme la ducha rápida. No me lavo el cabello puesto que ya lo hice la noche anterior y salgo. Encuentro la ropa bien plegada en uno de los estantes. Un jersey de cuello alto negro pero dentro de este, como escondido, un bote de ungüento con algo escrito en el tape: ayudará.
Me dispongo a ponérmelo sobre la herida que agradece el tratamiento, mientras pienso en lo raro de la situación, quiere hacerme daño pero me cuida, me cuida bien. Es contradictorio. Pero ahora que lo pienso... puedo aprovecharme de la confusión. Puedo seducirlo, y así tal vez me deje en paz. Sí, es lo que haré. Pero espero no caer en mi propia trampa.
Cuando terminó de vestirme me miró de nuevo en el espejo y veo que estoy completamente vestida de negro, algo que no me tranquiliza nada.
Salgo y me encuentro a Harry vestido de la misma manera, pero también me fijo en el color esmeralda intensificado por el contraste con el negro y me pierdo unos instantes en ellos. Se ven... peligrosos. Con un movimiento rápido y sin despegar sus ojos de los míos me pasa otras prendas negras, guantes negros de látex y nada menos que un pasamontañas del mismo color.
-Póntelos, ¿que esperas? -ordena mientras el se pone los suyos-.
-¿Harry?-digo mirando las prendas en mis manos con inseguridad-.
-¿Qué?-ladra impaciente, la dulzura que me dejó ver ayer, se ha esfumado por completo-.
-¿Vamos... vamos a robar?-pregunto dudosa, en ese caso, todo el dinero de Harry debe de provenir de robos.
-Si, pequeña-dice con una mirada maliciosa en los labios-.
-Sabes... yo no tengo experiencia en robos, nos podrían pillar.
-Lo sé. Pero yo sí, tú solo tendrás que seguirme el juego y todo saldrá bien, y si no... Yo me daré a la fuga, pero tú no tendrás esa suerte...