Capítulo 30.

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Me recuesto en el sillón luego de despedir a mi novio.

—¿Eli? —grito.

—¿Qué? —su respuesta también es un grito.

—¿Quieres ir conmigo al ensayo y hablar con los chicos de la banda?

Escucho sus pasos y lo tengo frente a mí un segundo después.

—Primero desayunemos y después vamos —da un salto y toma el teléfono.

—¿Por qué tanto entusiasmo? —me acomodo en el sillón.

—Veré a Sol... ¿Hola?, buen día. Me gustaría que a la habitación 520 mandaran el desayuno especial. ¿Puede estar en quince minutos? De acuerdo, muchas gracias.

—¿Sol? ¿Te entusiasmas porque vas a verla? —hago una mueca de desagrado.

—Obvio. Es mi prima favorita.

—¿Pero? ¿Qué? ¿Cómo? —Resoplo molesta— ¿Estas feliz por ver a tu prima y no a tu hermana? La cual debo aclarar te da todos tus caprichos.

Me mira sorprendido.

—¿Qué tiene de malo?

¿Cómo que qué tiene de malo? Debes estar contento por verme a mí, maldito estúpido. Soy tu hermana, tu sangre. La que te cuido de pequeño, quien daría su vida por ti sin dudarlo.

—Déjalo —irritada por su idiotez me alejo hacía el baño. Tal vez una ducha sirva para aplacar mi molestia y mis tontos pensamientos. Quizá no todos los hermanos tienen sentimientos similares a los míos, amor incondicional y tal vez un poco egoístas. No porque yo tenga esos sentimientos, hacia mis hermanos, ellos deben tenerlo para conmigo. Aunque eso duela. Resoplo—. Si el desayuno llega antes que termine de ducharme, espérame; tampoco quiero ver que has picoteado, atente a las consecuencias si es así. —amenazo.

La ducha es la más larga que alguna vez tome, una de las razones es porque el agua se encuentra una delicia, la segunda era poner a prueba la resistencia de Eli y sí que es corta. En los últimos minutos toco la puerta cinco veces, apurándome.

Elías debería agradecer que yo tenga la paciencia de Job en lo que a él e Isaac respecta. Una hermana como yo no se consigue por ningún lado, hay que rogar a todos los dioses por millones de años y si estos están de buen humor te otorgan semejante presencia en tu vida. Rio en voz alta ante tal pensamiento. Ojala ellos pensaran que soy genial.

—¡Apresúrate, Marie! Ultimo aviso que te doy, si en este momento no sales del baño no voy a dejarte nada para desayunar.

Me coloco mi camiseta.

—¡No lo harías! —reto.

—Pruébame, hermanita.

Con sus palabras abro la puerta de sopetón, mascullo una maldición al sentir el impacto del cuerpo de Elías, ante tal acción.

—Apártate, imbécil. —Le propino coscorrón en el estómago.

—¡Maldita, desgraciada! —se aparta y soba la parte donde lo golpee.

Hago oído sordo a sus malas palabras y pregunto:

—¿Comiste mi desayuno, Elías?

—Fíjate tú misma —señala hacia donde se encuentra la mesa. Le propino un empujón a mi hermano apartándolo de mi camino y me acerco a la mesa—. Te estas abusando, hermanita. El hecho de que no me hayas visto por un buen tiempo, no te da el poder de golpearme cuando te de la gana, al querer recuperar el tiempo perdido.

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⏰ Última actualización: May 06, 2017 ⏰

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Lev Hedeon. (+16)  S.D.A #1Donde viven las historias. Descúbrelo ahora