33. Te encontre.

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Daniell Fabozzi.

Respire hondo y exhale.

Tocaron la puerta y seguí bebiendo.

—No quiero ver a nadie, largo—grite.
—Daniell, tenemos un encargo—dijo Lana desde afuera.

Bufé.

—No quiero ir, largate—grite.
—Ya han pasado 2 meses, superalo—dijo ella en voz alta.

Busque dinero de las apuestas que he estado ganando y tome algo.

Me puse los lentes y agarre la botella.

Abrí la puerta.

Me encontré a Lana y sonrió.

—Es bueno que ya..—la interrumpí —No vuelvas a decir me eso—dije y la quite de mi camino.

Toque mi bolsa trasera del pantalón y ahí seguían mis llaves.

—A ella no le hubiera gustado ver te así, Dani—grito Lana.

Me voltee a ver la y me encogí de hombros.

Salí de la casa y subí a mi auto.

Di un sorbo de la botella.

Empecé a conducir y como siempre en estos meses término en la carretera tomando.

—¿por que me dejaste?—grite y empecé a sentir esa sensación a la cual ya me he acostumbrado.

Los ojos me empezaron arder, él nudo en mi garganta ahí estaba de nuevo y grite.

Llore, llore como siempre.

Sonó mi celular y era Alec.

Tire la botella.

—¿Que quieres?—le conteste.
—Ya la encontre—dijo él.

Senti como si el tiempo se hubiera detenido un rato o tal vez fue mi corazón.

—¿Donde esta?—pregunte.
—Tenemos que acercarnos a Argentina—dijo él.
—Nos vemos en la casa—dije.

Sentí como mi corazón volvió a sentirse cálido, volveré a ver esos ojos grises con motas verdes que tanto me encantan.

Me subí al auto, arranque y comencé a conducir, me metí en él carril contrario y los claxon empezaron a sonar.

Saque mi mano por la ventana y les enseñe mi dedo anular.

Seguí conduciendo.

Busque en mi teléfono él numero de Aidden y le llame.

Él contesto.

—¿Que paso? —pregunto con su voz apagada.
—Alec la encontró, esta en Argentina—dije.

Escuche él grito de Aidden.

Me pase un tope y se me callo él teléfono.

—Maldición—dije.

Eche un vistazo a la carretera y los autos estaban lejos, baje a buscar él celular, lo intente tocar con mi mano y nada.

Volví a mirar y todavía faltaba.

Seguí intentado y lo toque pero él cinturón de seguridad no me dejaba alcanzarlo.

Contra Mafias ©Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora