36.Asiaticos.

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Alec La Rosso.

Seguimos caminando, había demasiada gente y eso me pone algo incomodo.

—¿Ya estamos cerca?—le pregunte a Kidori.
Espera, solo faltan unas calles más—dijo.

—esta bien—dijo Kendall aun lado de mi.

Seguimos caminando, habían muchos comercios, muchas personas, muchas luces, mucho ruido.

Kendall se acerco más ami, me tomo de la mano y me miro.

—Tranquilo, no pasa nada—dijo.

Odio que me conozca.

Tengo una especie de paranoia cuando hay muchas personas, siento que me observan, que hablan de mi, que planean hacer me algo, atarca me, matar me, no se, no me gusta que pasen cerca de mi y lleguen a tocar me.

Exhale.

—Llegamos—dijo Kidori.
—Ya tenia 4 días esperando para esto—dije y solté la mano de Kendall mientras entrábamos a un local y subíamos escaleras.

Habían hombres armados.

—Bueno, aquí tienen a una de las mafias más importantes de Asia—dijo Kidori.

—Gracias—le dijo Jay aun lado de mi.

Los chicos estaban atrás de nosotros.

Me senté en una de las sillas que estaban enfrente del escritorio y ahí estaba Zen sentado enfrente de mi.

—Señor La Rosso—dije.
Buenas noches, ¿cuanto producto quieres?—pregunto.
—Sus drogas no me interesan, se que no son de buena calidad—dije fuerte y claro.

Él señor sonrió.

—¿Que es lo que quieres entonces?—pregunto.
—Personas—dije.

Se que se esta ganando mucho por eso en la actualidad.

—¿mujeres?—pregunto.
—Mujeres, hombres, niños, de todo un poco e internacional—dije.

—Te prometo que sera todo de buena calidad, pero hay distintos precios entre las mercancías utilizadas y puras—dijo.
—¿A que se refiere con eso?—pregunto Kendall.

—Virgenes o no—dije.

—Bueno, necesito que la mercancía salga de aquí a Estados unidos y completa—dije.

—Por supuesto,¿cuantos?—pregunto.
—Como unos 8, es para ver si deja ganancias o no—dije.

Asintió.

—Ayer llego a visitar me una chica, pensé que era una de tu gente por que no parecía de por aquí, pero al parecer no, esta comprando a muchas casas mercancía y ella me comentó que esta muy bien él negocio del mercado negro, a la compra venta de organos—dijo él.

—Por ahora solo quiero lo que pedi—dije.

—Esta bien—dijo y me dio la dirección y cual seria la embarcación que las llevaría.

—ha sido un placer hacer negocios con usted y espere su dinero—dije y salimos de la casa.

Trafico de órganos, se lo comentare a mi padre.

—Vamos a comer—dijo Aidden.
—Vamos—dijeron los demás.

Empecé a caminar, pero Addison me detuvo.

Contra Mafias ©Donde viven las historias. Descúbrelo ahora