CAPÍTULO V

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Jungkook no podía dormir. Daba vueltas y vueltas en su cama sin conseguir conciliar el sueño de ninguna de las maneras, algo raro en él, pues el muchacho era de sueño fácil. Tenía el torso sudoroso y el pelo se le pegaba a la frente por el calor así que decidió levantarse e ir a por un vaso de agua.

Caminó a tientas, con los pies descalzos crujiendo bajo las maderas del suelo. Si su familia se llegase a enterar que vivía dentro un contenedor de tren reformado perdido de la mano de Dios en las afueras de Seúl le habrían hecho volver a Busan con un cohete en el culo. Pero ellos pensaban que el chico estaba internado en la residencia de estudiantes del instituto masculino, así que mientras siguiese con la mentira no sospecharían nada.

Cuando conoció a Hoseok y a Namjoon, los creadores de la casa-container, pensó que no eran más que un par de colgados de la calle, pero a medida que el enorme contenedor de paredes metálicas fue decorado, amueblado, y hasta conectado ilegalmente a la red de luz y agua de Seúl, acabó sintiéndose como si de un piso céntrico se tratase. Pasó de puntillas por el comedor, donde descansaba un chico de pelo verde tumbado en el sofá, roncando ligeramente con una pierna colgando en la nada.

Se encerró en el baño para después enjuagarse la cara con agua fría. La luz del baño le endurecía las facciones, que habían resultado más angulosas en cuanto la pubertad le había azotado como un tren. Sus ojos castaños centellearon bajo el parpadeo del fluorescente. Ladeó la cabeza, acordándose de las chicas del túnel.

Estaba más que claro que eran sukeban, pandilleras, macarras. Aun así le llamó la atención lo guapas que eran, sobre todo la de pelo oscuro y lacio hasta mitad de espalda. Recordó sus ojos oscuros, su posado serio y agresivo. Pero recordó que lo que más le había llamado la atención fue la forma en la que su mirada pedía ayuda impotentemente.

. . .

- ¡Hani! Hani, llegaremos tarde.- Taehyung golpeaba la puerta del baño insistentemente con el puño.

- ¡Vete sin mí, no voy a ir hoy!- gritó ella por encima del ruido del agua.

Hani no solía asistir a clases, algo que Taehyung reprobaba sin decir nada, solo frunciendo el ceño cuando la chica se separaba de él en la puerta del instituto. Aunque no lo expresase, él se sentía algo decepcionado cada vez que su hermana se alejaba del instituto después de dejarle en la puerta. Sabía que su madre y la chica siempre habían estado muy unidas, probablemente por el hecho de ser mujeres, y entendía que aunque hubiesen pasado ya dos años, ella lo siguiese pasando mal, lo que no entendía era porqué se había metido en esa estúpida banda ni porque seguía en ella.

Sabía que las sukeban se metían en peleas estúpidas por orgullo, sabía que molestaban a la gente y a veces robaban en establecimientos pequeños. Esa descripción era ahora la de Kim Hani, su propia hermana, alguien quién había solido ser dulce, tímida e inocente, como su madre, cómo él. Echaba de menos esa ancha sonrisa en su rostro, siempre cubierto por la oscura tela que Taehyung odiaba. A veces, cuando la chica le besaba la frente por las noches, cuando le dejaba la comida preparada, cuando le ayudaba a limpiar la casa, a veces veía algo de esa Hani en ella, de la cariñosa gemela que había estado a su lado desde que tenía memoria. Después llegaba a casa herida, golpeada, muchas veces borracha o drogada, con una mirada fría e impasible, y perdía la poca fe que le quedaba en que la chica pudiese arreglarse nunca. ¿Se trataba de eso? ¿Podían las personas ser arregladas? Taehyung creía que el amor y el cariño podían volver dócil hasta al cachorro más agresivo, lo había comprobado de primera mano al rescatar a un perrito callejero y arisco cuando tenía sólo cinco años, cachorrito que se había convertido en su mejor amigo durante su infancia. ¿Podía suceder algo parecido con las personas? Fuese cual fuese la respuesta, la tristeza le invadía al recordar que su hermana estaba cerrada a cualquier tipo de amor, ni siquiera propio.

Sacudió la cabeza, notando ese maldito pinchazo de decepción en su pecho. Cogió la mochila que reposaba sobre la puerta del baño y salió de casa sin decir nada.

Hani dejaba que el agua se llevase la sangre seca de las heridas de la última pelea. Tenía las manos llenas de rasguños, pues la chica a la que había tenido sujeta había intentado soltarse varias veces. Parecía que la hubiese arañado un gato con mala baba. Se envolvió con una toalla, secándose suavemente el pelo para después peinarlo con delicadeza. Cuando se veía sin cubre bocas se sentía incómoda. Había algo en su nariz que no le gustaba, envidiaba que su hermano se hubiese llevado la bonita nariz de su madre, hasta el pequeño lunar en ella, y que ella hubiese nacido con esa nariz pequeñaja que había odiado desde que era una cría. Sus ojos recorrieron su propio rostro. Sin quererlo, se encontró pensando en el chico del túnel.

Algo en él la había puesto nerviosa. Ese pelo castaño peinado a la perfección, esa sonrisa burlona, sus anchos hombros, sus botas chillonas... aún recordaba cómo su mirada la había hecho ruborizar y daba gracias a Dios por haber podido esconderlo bajo la máscara. ¿Desde cuándo Kim Hani se ruborizaba? Ella no creía en el amor, la única persona a la que quería en esa maldita vida era a su hermano. Había querido con locura a su madre y el horroroso dolor que le conllevó perderla le hizo negarse a querer así a nadie más, aunque no había podido romper vínculos con Tae. Era tan bobo, tan inocente... la asustaba que alguien se aprovechase de él, sentía la imperiosa necesidad de protegerle aunque ya no fuese un niño.

El sonido de su teléfono móvil la sacó de sus cavilaciones, haciendo que su corazón se acelerase un poquito por el susto. Abrió Kakao Talk. Las H Escarlata estaban aporreando el grupo a mensajes.

Hyun: ¿Salimos hoy? Me abuuuuu-rroooo D:

Haeri: A mí me apetece pillar un buen pedo, mi padrastro le está gritando a mi madre otra vez y estoy hasta los ovarios de este capullo.

Hyun: A mí me quedan cervezas de la última vez aún

Hye: Pedo en las vías abandonadas?

Haeri: Lo veo

Hyun: Lo mismo digo

Hye: Hani di algo, voy a hablar con Jackson a ver si tiene buena mercancía

Haeri: Tía, te quiero hahaha

Hye: Solo porque os consigo material XD

Hyun: Hani?

¿Alcohol y drogas en las vías abandonadas del tren? ¿De noche? Cualquier chica cuerda se hubiese negado, pero Hani no estaba en su completa cordura desde que su madre se había ido, así que no dudó en responder.

Hani: Contad conmigo perras


N/A:¡Holaaa! ~ Por fin consigo algo de tiempo para continuar este fanfic. Siento haberme retrasado un poco en actualizar, pero entre los últimos exámenes, el gimnasio y el trabajo, no tengo tiempo para nada D: Lo siento. Espero que os guste este capítulo y que sigáis apoyando tanto ésta novela, cómo Paper Hearts. ¡Muchas gracias! ¡Nos vemos!

The Last [JJK] - EDITANDODonde viven las historias. Descúbrelo ahora