CAPÍTULO XXIV

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Hani torció la esquina que la separaba de su colegio con el corazón a mil por hora y sin aliento. No había podido dejar de pensar en los escalofríos que le provocaba ese cielo. Completamente rojo, teñía las nubes rosadas y le recordaba un mar de sangre, y rezó para que no fuese un vaticinio de lo que la esperaba en el instituto.

No sabía si la había encontrado alguna pandilla, algún exnovio o si simplemente había cometido alguna estupidez. Hani estaba nerviosa. Y no por esa sensación que la invadía siempre al entrar una pelea, no la invadía esa euforia, esas ganas de partir huesos. No. Hani estaba preocupada, estaba angustiada y... ¿porque no admitirlo? Tenía miedo.

Sabía que Haeri no lo estaba pasando muy bien. Que sufría abusos en casa, que tenía la cabeza llena de demonios, como ella durante los últimos dos años. Pero Haeri no quería a nadie, ni a ella misma, y sin amor los demonios no se van. Hani se había dado cuenta de que el amor más importante para salir del pozo es el que cada cual se tiene a uno mismo, con un empujoncito de otras personas que te importan. ¿Era es la fórmula de la felicidad? No lo sabía, pero parecía ser la que le había funcionado a ella. Tae, Hyun, Jungkook... todos habían conseguido que se quisiera un poquito más cada día, hasta conseguir quererse lo suficiente como para cuidarse y recuperar las ganas de vivir.

Hani abrió la puerta lateral del colegio de una patada, pues sabía que solía estar abierta, y subió las escaleras cómo una loca. Si Haeri quería cometer alguna estupidez lo más rápido sería lanzarse desde la azotea, y si no era así, era el mejor sitio para buscarla, pues desde allí se veían todas las instalaciones.

Cuando abrió la pesada puerta de la azotea, jadeando y con la frente llena de sudor, notó cómo las piernas le fallaban. Y no fue exactamente por la carrera.

- ¡Haeri! - chilló Hani al ver a la pálida rubia tumbada en el suelo con la espalda apoyada en una de las paredes del cubículo que llevaba a la otra parte del colegio.

Los brazos de la rubia colgaban inertes a ambos lados de su cuerpo, heridos, y de ambas heridas verticales que rasgaban sus muñecas no dejaba de emanar un líquido rojizo, brillante y espeso. Hani hiperventiló, agachándose a su lado. Había mucha sangre.

- Haeri Dios mío...- dijo Hani con los ojos llorosos zarandeando a su amiga.

La frente de Haeri estaba perlada de sudor, y su tez era extremadamente pálida, con círculos oscuros bajo sus ojos y los labios resecos y con señales de mordedura. Hani se percató en las rozaduras de su cuello. Eran marcas de manos.

- Haeri- imploró entre sollozos, goleando levemente las mejillas de la chica sin obtener resultado alguno.

Llamó a una ambulancia con el corazón desbocado, y después de dar las indicaciones necesarias se quitó la sudadera con nerviosismo y la echó un lado, quitándose también la camiseta, cogiendo la navaja ensangrentada que yacía en la mano derecha de Haeri. Cortó su camiseta con torpeza y las manos hechas un lío, hiriéndose sin querer en el acto, y ató las tiras de ropa con fuerza alrededor de las muñecas abiertas de la chica, ignorando las ganas de vomitar y sin dejar de llorar.

- Hani...- la voz ronca que sonó hizo que Hani diese un bote. Haeri. Estaba viva.

- Haeri, Haeri no me dejes, escúchame. - dijo Hani cogiéndole el rostro por las mejillas y contemplando esos oscuros y casi inertes ojos que emanaban lágrimas lentamente, al borde de la inconsciencia- La ambulancia está a punto de llegar, no me dejes ¿me oyes? Concéntrate en mi voz, estoy aquí, estoy contigo. Estarás bien.

- Hani le he matado. - cuando la rubia esbozó una cansada sonrisa, brolló sangre de su boca, haciendo que todos los pelos de Hani se pusieran de punta nuevamente. Sabía a quién se refería, no hacía falta ser muy listo, Haeri había acabado con su sufrimiento, había matado a su padrastro- Ya no está, ya puedo irme. Ya puedo ser libre.

- Haeri no, no.- lloró Hani mientras contemplaba los ojos de su amiga cerrarse poco a poco. Notaba que ella misma iba a desmayarse en cualquier momento.

- Diles a las chicas que lo siento. Erais mi familia y yo... - le costó pronunciar las palabras, pero Hani pudo descifrarlas todas, y también las últimas que pronunció, y que desgarraron el pecho de Hani de una forma horrorosa- os quiero.

- ¡No! - chilló Hani sacudiendo el inerte cuerpo de Haeri- No, no, no... esto no puede estar pasando. ¡Haeri! ¡HAERI!

El nombre que Hani había gritado resonó por todo el cielo teñido de rojo, como sus manos, como las muñecas de Haeri; escarlata. Hani la zarandeaba, le golpeaba las mejillas, la intentaba despertar. Pero era en vano. Se dejó caer al lado del cuerpo, llorando desesperadamente, con la cabeza apoyada en ese frío e inerte hombro. Se iba a desmayar, lo sabía, apenas tenía un radio de visión claro. Nada de eso estaba pasando, ¿cierto? Todo había sido una pesadilla, ¿verdad? Que ingenua estaba siendo, pues tarde o temprano debería afrontar la cruda realidad. Otra pérdida, otro corazón roto. Haeri ya no estaba, Haeri... era libre.


N/A: Odio matar a mis personajes, de verdad que lo hago TT. Aun así era necesario para el avance de esta historia y el desarrollo de nuestra querida Hani *suspira* A partir de este capítulo las cosas entre Hani y Jungkook comenzarán a despegar, así que (por fin) vais a poder leer sobre Jungkook, quién había quedado un poco desplazado de la historia (lo siento). No voy a decir nada más porque no quiero hacer spoilers pero ahora empieza lo bueno. ¡Hasta el siguiente capítulo! ~ 

The Last [JJK] - EDITANDODonde viven las historias. Descúbrelo ahora