CAPÍTULO XXXIV

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Tierra húmeda, lluvia torrencial. Era casi como si el mismísimo cielo llorase la muerte de Kim Taehyung.

Jungkook bajó del coche con el resto de os chicos. Todos de traje, parecía casi como si fuesen los guardaespaldas de alguien. La lluvia les empapó instantáneamente mientras caminaban hacia el cúmulo de gente de negro reunida al lado de un agujero en el suelo. Era doloroso hasta para él. Habían enterrado a Haeri hacía menos de un mes. No era justo.

Divisaron a Hani rodeada por una pareja de mediana edad, así como dos abuelos cogidos de la mano. A medida que se acercaron Jungkook pudo comprobar el mal estado de la chica. Tenía las piernas aún más flacas que de costumbre, y unas enromes ojeras reposaban bajo unos irritados y rojos orbes oculares. Ni siquiera se había maquillado, algo raro en ella. El pelo se le pegaba a la cara, como si antes de refugiarse bajo ese enorme paraguas negro se hubiese estado empapando en la nada.

Cuando vio a los apuestos chicos intentó esbozar una torpe sonrisa que no hizo nada más que acabar en llanto, haciendo que la mujer de su lado empezase a llorar también. Jungkook corrió hacia ella, parándose antes de abrazarla, mirando a la familia que tenía los ojos puestos en ella. Hye y Hyun charlaban en la lejanía con Jisoo y los amigos de Taheyungh, resguardadas de la lluvia bajo un enorme árbol.

- Hani. - susurró Jungkook con delicadeza, cogiéndole una mano. Estaba helada y débil.

Probablemente no había comido nada en los cinco días que habían pasado desde el accidente. Cinco días en los que había ignorado a todo el mundo y se había quedado encerrada en casa, sola, llorando la muerte de su hermano, viviendo un horror.

- Kookie. - sollozó ella dando diminutos pasitos hasta apoyar su rostro en el pecho de Jungkook. Él quedó enternecido ante ese mote.

- Ven aquí pequeña. - dijo envolviéndola con sus brazos, alto y ancho cómo era.

Cuando se separaron los demás le dieron el pésame, y también a sus tíos y abuelos, quiénes no hacían más que repetir lo guapos que eran los amigos de Hani. No dijo nada más, simplemente volvió con su familia y los demás fueron con Hye y Hyun, quiénes ahora lloraban también.

El entierro fue pesado, húmedo, y Jungkook acabó llorando también. Hani notó su corazón partirse aún más al verle desde debajo de su paraguas negro, allí, en medio de la lluvia, con el pelo pegándose a su frente, los labios lilas y la mirada perdida. Dolor. Todo lo que Kim Hani sentía era dolor. Un agudo dolor que no la dejaba respirar, que le había cerrado el estómago, le había roto el corazón en mil pedazos y después le había aplastado con una enorme mano, como si se lo hubiesen arrancado del mismísimo pecho. La ansiedad la carcomía a todas horas, y seguía llorando, aunque su cuerpo se hubiese quedado ya sin lágrimas que soltar. Estaba sola. Estaba completamente sola. SU padre ni siquiera había hecho el esfuerzo en ir al entierro de su hijo, algo que para Hani significó darle por perdido del todo. Quién sabe, a lo mejor ni siquiera lo sabía. Su tía le dijo que estaba internado en el centro de rehabilitación, pero Hani dudaba mucho que no le dejasen salir para ir al entierro de su propia sangre.

Miró cómo un señor trajeado decía una sarta de estupideces que ni siquiera se limitó a escuchar con atención. Luego empezaron a cubrir el robusto ataúd de tierra, y Hani lloró desesperadamente mientras la separaban finalmente del cuerpo de su hermano. De su rayito de sol, de su propia familia, de su vida.

La gente se fue dispersando en cuanto acabó el entierro, pero ella se quedó en el epítafo, dejándose caer sobre la tierra removida, llorando en silencio. Acarició el granito donde habían grabado el nombre de Taehyung. "Hijo, hermano, amigo.". Hani pensaba que todas esas palabras dejaban mucho que desear, que ni siquiera describían una milésima parte de lo que Kim Taehyung había sido durante esos cortos dieciocho años de vida.

The Last [JJK] - EDITANDODonde viven las historias. Descúbrelo ahora