- Gracias por venir.
Hani miró al apuesto muchacho de arriba a abajo. Llevaba un traje de dos piezas negro, con una camisa del mismo color ligeramente desabrochada, pero no lo suficiente como para parecer descarado. Los aretes de las orejas destacaban entre tanta negrura, igual que el brillo en sus labios, teñidos de color cereza. Se había delineado ligeramente los ojos en la parte exterior y el pelo le caía partido en dos sobre la frente. Estrechó a la pequeña muchacha entre sus brazos.
Cuando Hyun había salido de la habitación de Nam llorando a pleno pulmón con un ataque de ansiedad, distrayendo a Jungkook de su diaria partida en su juego online favorito, pensaba que habían roto. No había sido hasta horas más tarde, cuando la pelirroja volvió a casa de los chicos hecha un desastre, que supieron lo que había ocurrido. Haeri había matado a su padrastro con un cuchillo. Habían encontrado el cadáver del hombre con más de quince heridas por todo el torso, y a Haeri... a Haeri la había encontrado esa pequeña y morena chica en la azotea de su instituto, con las muñecas abiertas. Los paramédicos llegaron demasiado tarde.
Pasaron unos días antes de que su teléfono móvil vibrase en plena noche. Jungkook había estado perdiendo el tiempo por internet, algo distraído, asistiendo a clases algo más desanimado. Hacía días que se preguntaba cómo estaría Hani, si habría hecho más estupideces. Recordaba perfectamente lo que le había dicho. Le había dicho que él había quebrantado su burbuja, su protección, que había conseguido despertarla de nuevo. ¿Y qué tenía que decir él? Estaba confuso, pero cada vez tenía más claro que lo que sentía por Hani no era puramente atracción física. Había más. Casi como si Hani le gustase, cómo si le gustase de verdad.
Así que cuándo la pequeña le pidió por Kakao Talk con un simple y corto mensaje que le acompañase al entierro de su amiga, no dudó en acceder. Sabía que no encajaba muy bien ahí, que Namjoon acompañaba a Hyun porque era su novio, y que ellos no eran nada, pero aun así Hani se lo había pedido, y la sonrisa de bobo que se le había quedado en la cara, aunque la situación no fuese la más adecuada, no se la quitaba nadie.
Y finamente llegó el día, y cuando la vio con ese vestido negro bajo la chaqueta de pandillera, con esos diminutos tacones y el pelo mojado por la lluvia de la que no se había resguardado, se le partió el corazón. Porque estaba rota. Kim Hani estaba rota otra vez. No quedaba nada de esa sonrisa cuadrada, de ese sarcasmo punzante pero cariñoso a la vez, de esos ojos risueños y pícaros. ¿Y lo más alarmante? Volvía a llevar el cubrebocas.
- Ven aquí. - dijo Jungkook acercándola a su cuerpo y envolviéndola en un abrazo. Olía a flores y a humedad, y estaba fría como un hielo. - Estás empapada.
- No importa. - dijo en un susurro desanimado. Jungkook sufría viéndola así.
- Ya empieza. – comentó él al ver un chico de pelo rosado haciéndoles señas.
Caminaron en silencio hasta el cúmulo de gente, esquivando innumerables pilones de granito con una pequeña bandera nacional ondeando al lado de cada lápida. Un sacerdote recitaba palabras que ni a Hani ni a Hyun les interesaban, pues ellas no creían en Dios alguno. Hye estaba al lado de la pelirroja, cogidas de la mano y llorando sin parar. Al centro, una pequeña mujer desconsolada se tapaba el rostro, mujer a la que Jungkook identificó cómo madre de la rubia.
Las palabras fueron breves y en pocos minutos el ataúd de Haeri ya estaba cubierto de tierra. Hani había estado entre sus amigas, con las manos cogidas y los ojos llorosos, y Namjoon y Jungkook las habían acompañado silenciosamente. Cuando la gente empezó a dispersarse, las tres chicas con cazadora de mariposa escarlata se fundieron en un abrazo, destrozadas. Y Jungkook no vio venir a la mujer que se les acercaba hecha una furia.
- ¡Vosotras! - gritaba la madre de Haeri con los ojos fuera de órbita. Los familiares de la difunta desviaron su atención hacia la mujer, quién señalaba a las pandilleras agresivamente- ¡Putas! ¡Es todo culpa vuestra! ¡Culpa vuestra!
- Señora, cálmese. - dijo Namjoon interponiéndose entre las chicas y la pequeña mujer. Ella le empujó, aunque Namjoon no cedió ante la poca fuerza de la señora.
- ¡No me voy a calmar, no me voy a calmar! ¡Zorras! ¡Asesinas! - voceó fuera de si. Jungkook apretó los dientes, y una nube de pelo negro se interpuso entre sus ojos y la señora.
Era Hani. Hani se había acercado a la madre de Haeri. Le temblaban las manos y el pelo se le pegaba a la cara. Todos supieron que nada bueno iba a pasar cuando se apartó la tela de la cara y se acercó peligrosamente a la señora con los ojos llorosos.
- Eres asquerosa. - dijo Hani en un punzante y gélido susurro, que fue aumentando a medida que sus palabras salían de sus rojos labios- Tu lo sabias, eras consciente de todo, ¡de todo! El hijo de puta de tu novio abusaba de ella, ¡y te daba igual! ¡Tu propia hija te daba igual! Que hacías tu mientras ella estaba siendo violada, ¡¿eh?! ¡¿Que hacías?! Eres una desgracia de madre, ¡mira lo que has conseguido! ¡¿Nos llamas asesinas a nosotras?!
- Hani ya basta. - Hyun y Hye se habían acercado a la pequeña que lloraba entre gritos. La madre de la difunta estaba rígida cómo un palo, roja de la cabeza a los pies. La gente cuchicheaba.
- No, no basta. No basta. Es culpa suya, ¡es culpa suya! ¿Sabéis que fue lo último que dijo Haeri antes de morir? ¿Lo sabes? - miró a sus amigas y después volvió la atención a su presa; escupió con furia, soltándose del agarre de las chicas- Que las H escarlata éramos su familia, ¡su maldita familia! ¡Que nos quería! ¿Cómo pudiste dejar que le hicieran esto a tu propia hija? ¿A la dulce Haeri? Si está muerta es por tu culpa, porque tú lo permitiste.
- Hani...- Jungkook la había tomado por la cintura, pero ella le pegó un manotazo, aun gritando. Todo lo que decía era horrible, pero era la verdad. Y la verdad siempre duele.
- ¡Eres tú, la asesina! ¡Tu silencio es lo que ha matado a Haeri, nos la has quitado!
- Hani, venga, ya está. - Jungkook la alzó en el aire, cogiéndola por los muslos, apoyándola en su pecho.
Y finalmente Hani se rindió. Porque por mucho que escupiese veneno, eso no iba a cambiar el hecho de que Haeri se había ido para siempre. No iba cambiar que la única persona que la podía proteger bajo esa morada hubiese preferido quedarse en silencio, y que una dulce niña con un presente turbio, pero seguramente un brillante futuro, se hubiese rendido. No era su culpa, y no estaba en sus manos, y eso era lo que más daño le hacía a Hani. Porque nuevamente había sido incapaz de evitar una muerte de un ser querido. Así que mientras Jungkook la llevaba al coche en brazos, ella no pudo hacer más que llorar contra su pecho, hecha una bola, temblando; rota. Porque había sucedido otra vez, cuando todo parecía empezar a mejorar, cuando había conseguido ver la luz del pozo y poner una mano en el borde para empujarse hacia arriba, la vida le había apartado los dedos y la había hecho caer de nuevo en la oscuridad. Lo que ella no sabía era que Jungkook estaría arriba para darle la mano cuando fuese capaz de intentar salir otra vez.
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The Last [JJK] - EDITANDO
FanfictionHani es una macarra: fuma, bebe y se mete en líos. Todo en su cabeza empezó a torcerse después de un grave acontecimiento en su vida, una pérdida, un sinfín de malas decisiones. Pero cuando una serie de acontecimientos entretejen su vida con la de u...
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