El frío suelo es lo que siento al despertar la mañana del sábado. No podía levantarme al lado de Alan, no, tenía que ser en el suelo. Cojo fuerza en los brazos y elevo mi cuerpo hasta estar en pie. Alan está justo en el borde de la cama con las sábanas tapándole medio cuerpo. Poco le falta para acabar como yo estaba. Estiro mi cuerpo alargándome en el sitio y haciendo crujir algunos de mis huesos. Esta sensación es tan satisfactoria. Pongo mis ojos en blanco con placer plasmado en ellos. El despertador indestructible de la mesilla indica la hora exacta, las ocho de la mañana. La pregunta es...
¿Qué hago despierta a estas horas?
Un bostezo se escapa de mis labios llevando mi mano a esta por educación. Salgo con mi móvil en las manos y una muda de ropa. Haciendo el menor ruido posible, me dirijo al cuarto de baño con mis pies saliendo de la moqueta de mi habitación, sintiendo el frío del pasillo. Pongo mis manos a ambos lados del lavabo observándome en el espejo como cada mañana. Estoy horrorosa. Aún no comprendo cómo existe gente que se despierta como si nada, con el cabello intacto, sin baba de por medio...¡yo quiero eso! Abro el grifo y mojo mi cara borrando las marcas que proporcionaban mis repugnantes babas. Con mis dedos intento arreglar mi cabello en vano.
Decido meterme en la ducha dejando correr cada una de las gotas sobre mi cuerpo eliminando cualquier rastro de suciedad en él. Salgo y me cambio a una muda más limpia. Coloco las lentillas en cada uno de mis ojos. Meto la ropa sucia en un canasto del baño y bajo a la cocina a por algo para desayunar. Mi cabello húmedo choca contra mi espalda por cada paso que doy en los escalones. Me asomo por el marco de la puerta y lo primero que veo es a Hudson sentado en una de las sillas de la cocina mojando lo que supongo que son galletas en un vaso de leche. Él voltea y me fijo en que ha dormido igual que Alan, sin su camiseta, ¿costumbres de hermanastros? Quién sabe.
—Buenos días—suelto el saludo mañanero olvidando la escena embarazosa de ayer.
—Tú en vez de buenos días tuviste buenas noches—dijo arqueando una ceja con diversión. Era necesario ponerme roja a estas horas de la mañana por lo que veo.
—¿Qué desayunas?—pregunto poniéndome de puntillas simulando querer saber qué es. Claramente, evitando el tema.
—No lo sé—dice hundiendo su galleta—Necesito un desayuno de verdad—pone pucheros en mi dirección.
—Con esto—señalo la poca comida que hay en la nevera—no se puede cocinar nada—ruedo los ojos cerrando la puerta de la nevera.
—Cierto, vayamos a desayunar—dice elevándose de su asiento con decisión.
—¿Desayunar?—pregunto confusa.
—Claro, me vas a llevar a un lugar decente para desayunar—replica con obviedad en su tono.
No me dejó ni objetar. Hudson ya estaba subiendo escaleras arriba para prepararse. Me entretuve mirando mis mensajes hasta que Hudson bajara. Alex cuestionándome si saldré de mi cueva algún día. Me pregunto si Halsey al final lo habría visitado. Pienso pasarme por su casa después de esto, eso seguro. Sonidos de pisadas me hacen voltear del sofá y fijar mi mirada en el Adonis. Dios lo dotó muy bien, oh sí.
—Buenos días, ratoncita—se acerca dándome un beso en la frente—¿vas a algún sitio?—pregunta mirando mi vestimenta con arrugas formándose en su frente.
—Íbamos a ir Hudson y yo a desayunar, ¿te apuntas?—pregunto con una sonrisa, sin embargo, no le hace mucha gracia.
—¿Hudson y tú?—pregunta alzando ambas cejas—¿No me lo ibas a decir?
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ALAN ©
Teen Fiction¿Quién es Alan? Solo si lees esta historia podrás saberlo, así que coge una pizza y ponte a leer chic@ wattpader. Nada es lo que crees. Los protagonistas no están a la venta, no vayan a Google a buscar. Creada para leer en sitios donde finges que es...
