13. Son falsas ilusiones

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¿Qué mierda me pongo?

Ese es el dilema de mi cabeza. No sé si la cita será formal o informal.

¿Me llevará a un restaurante?

¿Me llevará al cine?

¿Me mandará al demonio?

Preguntarle a él no es una de mis opciones, por eso estoy haciendo skype con mi consejera Halsey, definitivamente ella sabe mucho más sobre ropa y eso se ve a simple vista. Mis sudaderas corrientes no dan una buena imagen de mi estilo. Cinco prendas son las que he encontrado en el armario. Cinco que pueda llevar. Mi armario ya está escaso de ropa. Teniendo en cuenta que el invierno está muy cerca y el viento se propaga con rapidez todos los conjuntos son abrigados.

—Te digo que la tercera opción es la mejor—se queja por séptima vez. Halsey no es que esté en su mejor etapa. Se encuentra entre un montón de colchas arropada como bebé. Pañuelos usados rodean a Halsey como si fuera decoración. No hay ningún tipo de luz más que la del portátil que tiene en sus manos.

—Creo que es muy bonito—intento acaparar lo próximo que voy a decir—pero también creo que es algo que solo podrías llevar tú.

—¿A qué te refieres?—alza ambas cejas dando una cucharada al helado de chocolate.

Ella sabe a qué me refiero. Cada mujer puede ponerse lo que quiera, como si le apetece ponerse una hoja para cubrirse como si no pero yo soy algo discreta con enseñar partes de mi cuerpo como el denominado "escote", es decir, no me siento cómoda con que el aire golpee mis pechos. Suspiro de frustración volviendo a mirar las cinco nombradas.

A la mierda, me pongo el tercero.

Agarro el atuendo por la peculiar percha de color rosa y la giro en el aire inspeccionándola. Es un vestido blanco con un escote en V que enseña pero no deja paso a la imaginación, lo acompaña una chaqueta vaquera grande que le da el toque informal y un par de zapatillas simples. Asiento dándole el visto bueno. No está nada mal.

—No pensarás llevar la chaqueta, ¿verdad?—dice sorbiendo los mocos de su nariz provocando un molesto sonido.

—¿Por qué no?—hago un gesto de confusión con la mano sobrante.

—¿Y me lo preguntas?—ríe como si fuera una niña ingenua—Si tienes frío Alan te dará su chaqueta—sube y baja sus cejas repetitivamente.

—¿No te parece demasiado cliché?

Ella se encoge de hombros pasando un pañuelo por su nariz sonándose los ya nombrados mocos. Aún tenía que ducharme y arreglarme. No sé el porqué me preocupo por mi vestimenta cuando el verdadero problema tiene nombre.

Henri.

El hombre por suerte ha estado ciego y no ha visto ninguna de las miradas, besos y tocadas que nos hemos dado. Posiblemente, nos decapitará a ambos y luego nos tirará al río para no dejar rastro cuando se entere. A menos que A de Pretty Little Liars se aparezca, porque esa sí que encuentra a cualquier muerto como si ella misma los hubiera asesinado.

(...)

Ni cine, ni restaurante, ni me mandó al demonio. Esta cita estaba siendo perfecta, demasiado para ser verdad. La vida no jugó a mí favor y Alan no trajo chaqueta, esos momentos cliché no me pasarán. Caminamos hasta un campo abierto donde hizo un picnic y extendió un mantel para ver la estrellas cuando llegara la noche. Aunque no lo crean, Hudson ayudó con esto. Sobretodo ayudó a distraer a Henri hablando sobre pájaros. Henri ama los pájaros. En el jardín trasero tiene unos cuantos pájaros que lo visitan para que les den de comer básicamente.

ALAN © Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora