Me gustaría saber la diferencia entre Adonis y Alan. No hay ninguna, así es. Mis ojos se abren lentamente cegados por la luz que penetraba las ventanas. Lo primero que vi hizo que automáticamente este día fuera uno de los mejores. Alan tenía sus párpados cerrados impidiendo que sus pupilas vieran algo. Sus pestañas eran tan alargadas que casi tocaban sus pómulos. Su cabello negro se había desecho del tupé convirtiéndose en algo desordenado pero tremendamente sexy. Su mandíbula estaba relajada. Parecía un ángel descansando. Tenía la tentación de pasar mi mano por su cabello o su mejilla y así lo hice. Mi mano toca con suavidad sus facciones provocándome una sonrisa tonta. Cuando llego a apartar la mano sus ojos se abren de forma pesada, se abren y cierran hasta abrirlos completamente. Sus ojos se topan con los míos con una sonrisa socarrona en su boca. Susurra un buenos días y estos se abren. Se gira a mirar el despertador.
—Llegamos tarde—me avisa con horror en su voz.
Él había llegado hace un día al instituto y que falte el segundo día no creo que de una buena impresión pero que manera de estropear el momento. Cada vez que yo faltaba era como cometer un pecado, Henri se ponía de los nervios, literalmente. Como él solo está unas horas para dormir no puede despertarme y a veces no escucho la alarma, así que me quedo dormida. Me levanto apresurada de la cama en la que sigue estando Alan con sus codos en las rodillas sosteniendo su cabeza con amabas manos intentando terminar de despertarse.
Sin decir nada corro a mi habitación y cojo lo primero que veo. Meto todo lo que veo a la mochila y me dirijo al lugar donde había despertado. Alan ya estaba listo pero no muy arreglado. Se notaba que estábamos apresurados. Agarra mi mano apretándola suavemente para conducirme hasta el garaje. Su mano me suelta dejándola sin su calor. Tardo un par de segundos en reaccionar hasta darme cuenta de que Alan espera a que saque la moto. Rápidamente lo hago y en unos minutos ya estamos aparcando frente al instituto.
Halsey y Alex no nos esperan supongo que ya habrían entrado. Nos bajamos corriendo despidiéndonos. Tomamos diferentes caminos. Saco los libros de mi taquilla y corro hacia la clase de inglés. Por suerte, esta profesora no me dio mas que una advertencia. Tomo asiento al lado de Halsey, compartíamos esta clase. Me observa con una ceja fruncida.
—¿Qué pasó ayer?—susurra coqueta—No creas que no me he dado cuenta de lo que tramáis.
Le miro confundida,—¿Que supones que tramamos?—río por lo bajo debido a su comentario.
—¿Aún sigues siendo virgen?—susurra pero más alto.
—¡Halsey!—le reniego abriendo los ojos para que se callara pero sabía que no se callaría ni debajo del agua—y sí, sigo siéndolo, solo tenemos dieciséis años—le exclamo sacando los libros de la mochila.
—Yo tengo diecisiete, y tú también los tendrás dentro de poco—corrige chocándome el hombro divertida.
Siempre me pregunté cómo algunas personas pensaban tanto en el sexo. En mi opinión la virginidad es algo importante, es decir, con la persona adecuada. No digo que tengas que esperarte hasta casarte pero sí que es algo demasiado especial para mí. Halsey ya no es virgen y se siente orgullosa de eso, no le recrimino nada, puede hacer lo que quiera con su cuerpo. Yo solo espero a alguien que se lo merezca. Yo soy alguien que espera a su príncipe azul, rosa, amarillo o como sea.
—Lo sé—ruedo los ojos recordando que mi cumpleaños se acercaba.
—¿Qué es eso?—pregunta extendiendo el brazo hasta tocar algo en mi cuello, inmediatamente me doy cuenta de lo que toca. El colgante que me regaló Alan.
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ALAN ©
Teen Fiction¿Quién es Alan? Solo si lees esta historia podrás saberlo, así que coge una pizza y ponte a leer chic@ wattpader. Nada es lo que crees. Los protagonistas no están a la venta, no vayan a Google a buscar. Creada para leer en sitios donde finges que es...
