16. Como cuatro gotas de agua

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Ya estamos a viernes trece, ¿casualidad?

No lo creo.

Otro maldito día más de instituto. El invierno ya está presente al igual que los abrigos, las bufandas, los cafés cargados y el frío. Camino directa al instituto, sí, caminando. Hoy no tengo ganas de coger la moto. Durante estos días Alex y Alan se han hecho muy amigos. Al igual que Hudson el chico más popular según la página de cotilleos del instituto. Este ahora salía por la noche y bebía hasta no poder caminar. Más de una vez hemos tenido que ir a buscarlo a bares nocturnos. Nada para hacerle recapacitar, ni siquiera la ayuda de Alan.

Halsey camina a mi lado con una bufanda tapándole la mayor parte de su rostro. De vez en cuando estornuda parándose. Dedico gran parte del tiempo a leer sumida en mis pensamientos. Por ahora no había descubierto nada más y eso me tiene de los nervios. Froto mis manos con rapidez para que entren en calor. Debía haber hecho caso a Henri y haberme puesto los guantes. Ninguno de los tres hablamos con Henri desde que Erika se fue. Sabemos que él también esconde información. Henri ahora parece estar más en casa y deja el trabajo de lado diciendo que tiene unas "vacaciones". Todo es tan extraño.

Por una parte quiero encararle y decirle que hable de una vez pero no. Me niego a escuchar esas palabras de la persona que me crió si estas me afectarán y sé que lo harán. Mis manos heladas suben a mi cabeza para volver a colocar bien mi gorro. Es fascinante cómo ha cambiado el clima tan rápido. Halsey continúa hablando de manera locuaz sin saber que no le estoy prestando atención.

—....Entonces no sé si me gusta,—bufa tirando de las correas de la mochila—¿tú que opinas?—me mira inocente.

—Espera, ¿qué?—pregunto cuando la realidad me pega una cachetada.

Halsey sigue caminando pataleando. Bufa cuando se da cuenta de que no le he escuchado en todo el camino. Sonrío de forma cómplice acariciando mi brazo. Sé que soy bastante despistada, torpe y que eso de escuchar de me da muy mal. Soy una amiga terrible.

Doy un suspiro soltando todo el aire de mis pulmones,—Lo siento, sabes que no puedo concentrarme con esto en la cabeza.

—¿Sigues con lo mismo?—pregunta echándole el ojo a unos chicos que están en la acera delante de nosotras—Ya sabes lo que pienso sobre eso—dice sin apartar la mirada ni un segundo.

—Ya lo sé—ruedo los ojos fijándome en los chicos de la acera—Que debería dejar el asunto—digo lo más sarcástica posible.

Entrecierro los ojos para poder ver a los chicos mejor pero esto es un poco complicado ya que se me olvidaron las gafas y las lentillas en casa. Lo sé, algo estúpido de mi parte. Acaricio el puente de mi nariz desesperada por no ver tres en un burro. El instituto está lo suficientemente cerca para que nuestros cuerpos atraviesen las puertas de la entrada. Halsey gime de satisfacción cuando el calor invade nuestros cuerpo. Yo, al contrario, sonrío cuando veo a Alan cerca de Alex hablando sobre no sé qué cosa.

Me acerco trotando cual caballo hasta estar a sus espaldas regalándole un abrazo. Alan y yo ya no vamos juntos al instituto. Él ha empezado a hacer ejercicio por las mañanas y la verdad es que se le ve mejor de forma activa. El nombrado se da la vuelta hasta estar a mi altura. Visualiza mi rostro y me da uno de esos besos que te llevan a otro planeta de otra galaxia. Separamos nuestros labios y apoya su nariz contra la mía.

—Buenos días, ratoncita—sonrío como tonta al escuchar esas palabras.

No puedo describir lo que se siente cuando dice ese apodo que antes pensaba que era molesto.

ALAN © Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora