Llevaba despierto desde las nueve, aunque continuaba en la cama dando vueltas. A su lado estaba Sandra, como siempre. Roncando, como siempre. Aquella mujer que lo tenía tan loco desde hacía más de un año. Loco en el sentido literal de la palabra. Era un encanto de mujer, pero su belleza no compensaba sus momentos de soberbia y arrogancia. Por eso mismo no estaba nada seguro de la boda.
―¿Ya estás despierto, cari? ―le preguntó Sandra dándose la vuelta y abrazándose a él.
―Sí, llevo un buen rato pero no quería despertarte, ¿por qué?
―No, por nada. Oye, ¿te pasa algo? Te noto la voz un poco rara.
―No, es que estaba pensando.
―¿Y en qué? Si puede saberse.
―En la boda.
―Ah, yo también pienso mucho en eso ―contestó con un sobreactuado gesto soñador―. ¿No es genial? Me encanta la idea.
―Ya pero es que...
―¿Pero qué? ―preguntó incorporándose un poco.
―Pero es que tengo mis dudas, ¿sabes?
―¿Qué dudas? No te entiendo. Seguro que esto ha sido cosa de tus hermanas ―dijo incorporándose del todo.
―No metas a mis hermanas en esto, que no tienen nada que ver ―contestó incorporándose ahora él―. Son cosas mías, que ya soy mayorcito. Es que hay veces que no te entiendo. Estamos bien así, ¿para qué tenemos que cambiarlo?
―Porque a mí me hace ilusión.
―¿Esa es tu razón? ¿Te hace ilusión casarte?
―Pues sí, me hace ilusión.
―¡Pero si es un simple papel!
―¡Bueno, pero yo quiero tener ese cacho de papel!
―Es que no lo entiendo, Sandra. Una mierda de papel no va a decirte que te quiero. ¿No te basta con que sea yo quien te lo diga?
―¡Pues no!
―Yo alucino. ¿Tú nos estás viendo? Es que parecemos dos gilipollas discutiendo ¡por una mierda de papel! ―dijo levantándose finalmente.
―¡Y dale con que es una mierda de papel! ¿Es que no me puedes entender? ¡Yo necesito tener ese papel! ―argumentó poniéndose a su nivel.
―¿Para qué? ¿Para convencer a la gente de que te quiero? ¿Para autoconvencerte tú?
―¡Pues sí! Para ambas cosas es muy válido.
―Haré como que no he escuchado eso ―dijo levantándose de la cama―. Me voy a duchar y, cuando salga, seguiremos hablando más tranquilos ―finalizó yéndose al cuarto de baño.
―No ―contestó ella levantándose también―. Quiero una respuesta ahora. O nos casamos o me voy.
―¿Me estás dando un ultimátum?
―Llámalo como quieras ―comentó cruzándose de brazos.
―Muy bien, de acuerdo ―dijo.
A Sandra ya se le empezaba a ver la media sonrisa, pues pensaba que había ganado la batalla.
―Ten cuidado cuando cierres la puerta no te vayas a dar.
Sin esperar ninguna respuesta se fue a duchar, dejándola allí. Sandra no daba crédito a lo que escuchaba. En efecto, Nacho había cortado con ella y ni siquiera se acordaba de por qué había empezado todo. Se vistió lo más rápido que pudo y salió de allí, dispuesta a vengarse como una buena mala de película. Aún no sabía cuál podría ser su venganza, pero seguro tenía mucho tiempo para planearla.
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La playa
Ficción GeneralTras seis meses de su inesperada marcha, Nadia ha vuelto a casa. Ahora se tendrá que enfrentar a su familia, sus amigos y sus decisiones. La playa será testigo de su historia, de sus amores y desamores, del retomar de una amistad que parecía perdid...
