Capítulo 28

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Narrador Omnipresente

Aquella cena en casa de Elizabeth había sido estupenda, ambas se habían esmerado en preparar el cocido madrileño. Y todos las halagaron, David se encargó de contar anécdotas de la castaña. Y las muchas travesuras que había hecho desde que se mudó a España.

–La cena estuvo genial.—Dijo La castaña lanzándose a la cama, Victoria asintió.—Huh lo fue.—Victoria camino hacia la cama para después echarse junto a Elizabeth la cual en el momento en el que Victoria toco la almohada la atrajo hacia su cuerpo.

—Eres hermosa.—Halago la castaña dándole un beso tierno en los labios.—Si piensas que así me vas a seducir...—Victoria intento decir pero se vio interrumpida por los labios de Elizabeth, los cuales tomaron los suyos en un beso lento y húmedo donde sus lenguas se encontraron y se acariciaban con desespero.

Elizabeth chupo la lengua de Victoria provocándole un jadeo. – ¿Qué decías?— Pregunto Elizabeth con cierta arrogancia al separarse de los labios de Victoria.

Victoria logro cambiar de posición con la castaña haciendo que esta estuviera debajo de ella. Y dejo un camino de besos húmedos por su mandíbula, permaneció un poco más en su cuello mordiéndolo y succionándolo sacándole a la castaña un jadeo.

Victoria's POV

Mis manos viajaron hacia el borde de la camiseta de Elizabeth levantándola lentamente has lograr quitársela. Elizabeth me miraba con una pequeña sonrisa, la cual me atrevería a decir que era tímida. Cuando logre despojarla de su camiseta y su short.

Observe atentamente todo su cuerpo, esta vez sí pude apreciar aquella cicatriz en la parte interior de su muslo y las cicatrices en su torso tampoco pasaron desapercibidas por mi vista. Volví a sus labios dejando un beso húmedo.—Te amo.—Le susurré mientras descendía por su cuello.

Jugué con ella depositando besos alrededor de sus senos, y ante la mirada de súplica que me dedico sonreí. Tome uno de sus pezones en mis labios chupándolos y mordiéndolos levemente causando que la castaña se hundiese en la cama y cerrase los ojos.

Continúe mimando su seno con mis labios mientras que el otro era masajeado por mi mano. Ya sus pezones estaban duros a causa de la excitación y lo que antes eran jadeos poco a poco se convirtiendo en gemidos.

Continué mi camino por su cuerpo y al pasar por su abdomen deje besos por cada cicatriz que tenía. Cuando llegue a sus muslos bese aquella cicatriz que tanto me intrigo tiempo atrás. Elizabeth suspiro y se hundió aún más en la cama al sentir mi respiración en su entrepierna, la cual todavía estaba cubierta por una pequeñita braga negra.

Lentamente se la fui quitando jugando con su deseo. –Vamos, Rojita no seas mala conmigo. —Hablo haciéndome sonreír. Uno de mis dedos se coló por su sexo y al notar lo mojada que estaba sonreí.

Mientras mi pulgar se encargaba de frotar su clítoris mi lengua se encargaba de jugar con su entrada. La hundía totalmente dentro de ella. Sus manos ya estaban en mis cabellos enredándose en estos y haciendo que mi cabeza no se moviera un centímetro de donde se encontraba.

Un dedo se hundió en ella haciendo que los gemidos empezaran a ser más fuertes y rasgados. La velocidad varia, a veces iba sumamente lento y otras sumamente rápido o incluso hacia un cambio brusco desde lo más rápido hasta lo más lento haciéndola gemir por lo alto.

Mi lengua seguía jugando con su clítoris y mis dedos no pensaban parar. Elizabeth me halaba el cabello con más fuerza cada vez, sus gemidos se hacía más fuertes y las típicas contracciones me indicaban que estaba cerca de llegar, el ritmo de mis embestidas aumentó y con ello los gemidos de Elizabeth la cual movía sus caderas al mismo ritmo que mis dedos.

Pelirrojo Enredo (Editando)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora