Capitulo 6

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Mi nombre es Idara, y hoy cumplo cinco años. Mis padres están organizando una fiesta muy elegante, será un almuerzo de 20 platos sin incluir postre y por la noche una lluvia de fuegos artificiales. Yo nunca quise nada de eso, me siento apenada por todo frente a todos, no me gusta pensar que vienen por obligación. Preferiría estar en un parque, o eso creo, sé que han invitado a los hijos de sus socios para que socialicen conmigo pero sé que no les agrado y por más que me esfuerce en hacerme su amiga, no lo consigo.

-Buenos días señorita – Camelia hace su aparición en mi habitación. – Le gustaría tomar un baño?

La verdad es que no me gustaría en estos momentos, pero no quiero incomodarla, así que solo asiento lentamente.

Espero sentada en el sofá de mi habitación mientras prepara el baño, varias veces atrás intente hacerlo yo pero siempre rehúsa mi ayuda. Una vez, lo hice sola y me corte un dedo mientras abría una lata de jabón, mi madre se puso histérica y despidió a mi antigua niñera por permitir que yo me lastimara e hiciera su trabajo. Mis padres me sobreprotegen, todos dicen que soy muy débil o frágil, como una muñeca de porcelana y mi apariencia no ayuda para desmentir eso, mi cabello es tan largo que cae hasta debajo de mis rodillas y es un poco ondulado, es de un fuerte color rubio al igual que mis ojos, mi piel es tan blanca que mis venas se ven a través de ella y hablo muy poco para evitar causar problemas. Sigo recordando aquel día hasta que Camelia se acerca a entregarme la bata de baño, entro dedicándole media sonrisa y cierra la puerta dejándome sola en el amplio baño. Me baño sin el mayor de los ánimos, cierro mis ojos y puedo sentir como el viento golpea la casa, esta poniéndose feo el clima. A veces imagino que este me eleva y me lleva volando a lugares más tranquilos, donde poder conseguir amigas y pueda vivir a mi gusto, otras solo me gusta imaginar que el viento me envuelve y no deja que nadie me proteja y que solo él lo hace. He perdido la noción del tiempo, temo que esto le cause problemas a Camelia, así que salgo lo más rápido que puedo y me seco antes de salir por la puerta del baño. En mi cama puedo ver el vestido purpura con zapatillas blancas que hacen juego con un chaleco manga larga. Camelia y Anabella están frente al tocador para ayudar a peinarme y untarme crema, cosa que me parece vergonzosa puesto a que eso puedo hacerlo yo misma pero mis padres no lo permiten, mi madre dice que podría "dislocar mi brazo o herir mi columna tan solo peinándome".

-Como quiere ser peinada, señorita? – La voz aguda de Anabella me hace sentir feliz, es como la gota de alegría que le falta mis días, y Camelia es la calma que necesito.

-Yo... -No logro terminar la frase, mi puerta se abre de par en par y entran mis padres.

-Oh dulzura mía... Hoy cumples cinco años. –La voz de mi madre suena entrecortada.

-Feliz cumpleaños cariño, pide lo que quieras, hoy es tu día – Mi padre y su gruesa voz hacen que me gire para verlos.

Ambos me cargan y me besan, yo solo les devuelvo los gestos y mientras mi padre me insiste en que elija un regalo, mi madre indica a Anabella como debe peinarme y a Camelia como debo oler.

-Yo... quisiera... - Todos los presentes voltean a verme, es muy poco frecuente que yo hable. – Ir y conocer a la Diosa...

Mi madre se desploma en su sitio, mientras intenta ahogar un grito de terror como si me hubiera escuchado lanzar una blasfemia. Camelia y Anabella están con la boca tan abierta que casi llegan al suelo, mi padre por otro lado esta atónito, no ha movido un solo musculo desde que mencione mi deseo.

-Dulzura, eso no es posible, hemos realizado varios intentos de invitar a la Diosa para tu fiesta pero tú sabes lo que pasa a los cinco años de una niña.

-Padre, pero quiero ser candidata...

Mi madre vuelve a gritar y se echa a llorar como si hubiera muerto alguien, mi padre se agacha y me mira directamente mientras yo no dejo de ver a mi madre, me entran ganas de llorar, la he lastimado y he causado que se molesten conmigo. Me encojo en mi sitio mientras mi padre me sostiene de las manos.

-No, tu no quieres eso verdad nena?

-No padre... tienes razón.

Mi madre se alienta un poco y se toma un tiempo en recomponerse. Mis padres se arreglan de toda la sorpresa que acaba de pasar y salen, yo me quedo sentada frente al tocador mientras Anabella y Camelia hacen su trabajo, siento su mirada de lastima y no puedo evitar llorar.

Salgo de mi habitación una vez tengo un peinado bastante elaborado con trenzas y flores, y huelo a frutas tropicales hasta parecer una canasta de frutas. Camino alrededor de la casa, pero me detengo frente al comedor. Mis padres están hablando mientras esperan el desayuno y a mí.

-Querido, ella no puede ser candidata, no sobreviviría...

-Tranquila amor mío, no creo que la Diosa elija a nuestra hija. Ella es un poco débil e insegura aun. Las candidatas deben ser toscas y ágiles.

-Sí, pero tú sabes que su destino lo elije ella, no las niñas...

-Si la Diosa viene, le ofreceremos dinero o tierras, diremos que Idara no está en condiciones de ir.

-Tienes razón... Mi ángel no puede irse de nuestro lado...

Mi corazón está dividido, por una parte mis padres no confían en mí, en que pueda ser lo suficientemente buena para ser elegida, por otra parte me alegra de que quieran defenderme y mantenerme a su lado. Me repongo de mi tristeza y entro al comedor, ambos se levantan y permiten que me siente en el puesto de mi padre. Desayunamos en calma y luego comienzan a hablar sobre lo que será "mi fiesta de cumpleaños", no tengo idea de la mayoría de los platillos que discuten con el chef de la casa, solo miro el movimiento de todas las personas que hacen sus labores para este día.

-Decidiste que quieres cariño?

Niego con la cabeza, solo cierro los ojos y escucho el viento.

-Te sientes bien amor?

Mi padre se incorpora para tocar mi frente y rectificar que no esté enferma. Mi madre sonríe aliviada y sigue en su conversación con el chef. Yo juego con el borde de mis mangas y veo como papá me mira atento, casi con lastima, solo le dedico una sonrisa y decido pedir lo primero que se me ocurre.

-Quiero...- mí petición es interrumpida por un trueno.

-Vaya! Será que lloverá? –Pregunta mamá - Debemos hacer el almuerzo dentro y, sera que debemos posponer los fuegos artificiales?

Un segundo trueno y una hermosa melodía retumban de nuevo en el comedor.

-La Diosa ha atravesado el portal. –Dice el chef un poco distraido.

Mis padres se miran entre sí con miedo. Yo siento una nueva sensación en mi cuerpo, una energía que quiere salir, es mucha emoción comprimida, son ganas de gritas de alegría y miedo: Adrenalina!

Mi madre grita de nuevo, y con ella mi padre, sus caras se iluminan por una luz, y al girarme veo como una esfera flota detrás de mí, emitiendo sonidos como de campanillas.

-Idara, tu deseo...


La Corona de la DiosaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora