Capitulo 14

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No he dormido desde hace meses, como Diosa, no necesito dormir como lo hacen los humanos y la noche anterior no es la excepción. A medida que mi cuerpo se va cansando, o que mis poderes necesiten una recarga, me inducen a un sueño en el cual las anunciadoras médicas reparan mi cuerpo y poderes. Hace una noche, una de las candidatas despertó uno de los Dones más fuertes afectando el espacio, y otra ha comenzado a corromper su alma con pensamientos negativos y oscuros. Mi preocupación va en aumento, no solo por no saber quiénes son, sino que además no he podido hallar en los paneles que muestran las áreas de este mundo el daño causado por la candidata, mis sensores no me dicen nada, aunque no me fio ya de ellos ya que desde hace mucho no funcionan bien. En el Alto Mando; lugar donde se muestran todas las zonas de los dos mundos y son supervisadas por mi equipo, es donde la mayoría del tiempo estoy, cuando no me encuentro luchando por salvar los portales. Y aquí estoy, repasando una vez más los paneles tratando de encontrar la más mínima señal de que algo está mal.

-Alteza, ya es hora de que vaya a ver a las niñas. – Jyata se acerca a mi dándome un apretón de hombro – Todo estará bien, nosotros nos encargamos.

Miro a mi alrededor, aquí están todos los Sabios que ofrecieron pasar la noche revisando conmigo los mundos, incluso Koldo se ha ofrecido a alejarse por un tiempo de mi lado para revisar los paneles, todos quieren que enfoque mi energía en seguir los entrenamientos de las candidatas. Estoy por irme, pero Virhun se para frente a la puerta y en un susurro casi imperceptible deja una voluntad de él; "Dales la oportunidad de despedirse", y sin más vuelve a sentarse con los demás. Si él lo pide, podre reconsiderar la idea de enviarlas a sus casas por un día.

Cinco minutos más tarde ya estoy en el coliseo esperando a que ellas decidan aparecer, a pesar de tener tantos años encima, aun la paciencia no es mi mayor virtud, para ser una Diosa la verdad es que a veces me comporto aun como humana. Poco a poco van apareciendo las niñas, Chariot bostezando mientras arrastra sus pies, Altaira y Enora como siempre vienen juntas conversando aun con voz adormilada. Galatea trae ojeras en su rostro y mira a todos lados como si en algún momento fueran a atacarla, finalmente Idara aparece detrás de nosotras; ya había llegado al coliseo y no la había notado siquiera.

-Llegan tarde – Digo bruscamente.

-Lo sentimos Alteza – Dicen todas al unísono mientras hacen su monótona reverencia.

-La puntualidad es una virtud que aprenderán tarde o temprano, siempre es valiosa en una batalla, te da ventaja.

Permanecen en silencio, sé que están nerviosas y confundidas, puedo sentir que están asustadas por esta misión. Yo estaba igual cuando fue mi turno hace muchos años, mis compañeras y yo llegamos llorando frente a la Diosa en turno, creíamos que íbamos a morir ese día y por eso rompimos en llanto. Sacudo mi cabeza al recordar lo tonta que fui, y aparto los recuerdos dando manotadas al aire, hoy no se trata de mi sino de ellas.

-Bien, comenzaremos individualmente. Altaira, tu vienes conmigo primero.

Todas están perplejas, y miran a Altaira como si fuera la última vez que la fueran a ver. Esta, se sacude la pereza del cuerpo, da unos saltos de calentamiento y avanza a grandes pasos hacia mí, le indico con la mano el salón cerrado del coliseo que usaremos, ese que ellas no gustan usar. Traga sonoramente y me sigue mientras las demás se quedan calentando en el lado exterior.


-Altaira, quiero que trates de derrumbarme.

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Altaira

La Diosa ha pedido que trate de derrumbarla? Lo hace parecer fácil, se muestra indefensa sin ningún arma encima, con solo su traje pegado al cuerpo de color negro, sus manos están desnudas y las tiene puestas atrás en su espalda, sus pies están firmes en el suelo, también desnudos, su cabello recogido en lo alto de su cabeza se mueve con el viento artificial de la recamara.

Aquí estoy yo, observando su belleza mientras mi cerebro también procesa lo que acaba de decir. Solo tengo diez años, hemos tenido pequeñas batallas como simulacros, con el equipo de batalla que acompaña a la Diosa, son muy suaves con nosotras, es una locura pensar que unas escuálidas como nosotras podremos derribarla.

Mis ojos se pasean por toda la habitación, es de color gris oscuro, con un techo con altura de más de ocho metros, sin ventanas y cuenta solo con el panel del simulador de campo en la parte exterior. Mis dedos se mueven como si estuviera tecleando en algo invisible, llevo guantes sin dedos, mis brazos y piernas van descubiertos, mi traje de entrenamiento es de color azul oscuro, un traje sin mangas y descubierto desde los muslos hacia abajo. No puedo camuflarme con el aquí, debo pensar como acercarme un poco a ella sin recibir daño, pero debo hacerlo ya de lo contrario ella atacara primero.

-No, no te voy a atacar primero, deja de dudar de ti misma. – Su tono es de aburrimiento – Por otro lado, felicitaciones, estás pensando en una situación de presión.

Aprovecho que cambia su postura, y corro hacia ella, lanzando palmas a su cara mientras mis piernas tratan de desequilibrarla, ella me esquiva y hace una posición de defensa con sus manos, evitando mis ataques aéreos. Sigo atacando por varios minutos, de vez en cuando dejando salir gritos para aumentar mi adrenalina, finalmente la Diosa se cansa de mis intentos y ataca suavemente, aunque para mí es como pelear con un ejército. Sus ataques son precisos y fuertes, no titubea en atacarme, para ella yo no soy una simple niña, una civil.

-Usa tus poderes adquiridos, de eso se trata esto!

-No puedo usarlos bien aún!

-Si puedes, solo que no quieres. – Lanza un puño a mi estómago y me hace volar varios metros de ella, fue como espantar una mosca – Sino haces algo, seré yo quien acabe contigo y no te convertirás en nada.

Sus palabras deben haber hecho click con algo en mi cerebro porque ante el temor de ser rechazada por ella, mi ídolo, mi cuerpo se tensó y todo nuestro alrededor se nublo. Una niebla de donde no había agua? El agua que esa en el aire! Me concentro en ella y formo una barrera entre ella y yo, luego me arrodillo e imagino que la niebla la rodea tratando de inmovilizarla pero una parte de mi la comienza a estrangular, quiero demostrarle que soy fuerte y que no debe subestimarme.

-Perfecto.

Su voz es lejana, y ronca, abro los ojos de golpe y la veo frente a mí, todo lo que imagine es real ante mis ojos, la estoy estrangulando con la niebla. Ella no se mueve ni se agita, cierra sus ojos y hace desaparecer todo.

-Dominas muy bien esta técnica, aun tienes que mejorar para controlarla, pero lo hiciste bien.

Lo último que escucho es un pitido fuerte detrás de mí, me da vueltas todo el lugar y me falta el aire.

La Corona de la DiosaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora