Leyendo los poemas que te escribí,
recordando la emoción de haberte conocido
y la promesa radiante de tu sonrisa,
me asombra, todavía,
que hayas desaparecido tan repentinamente de mi vida.
Tal vez mis versos te espantaron,
tal vez eras una especie de diosa
cuya única condición para permanecer en la tierra
era que nadie te describiera.
Te has ido.
Pero vas a volver
desde las mismas estrellas,
con los mismos crepúsculos confundida.
Brillarán nuevamente todas las cosas
que se oscurecieron con tu partida.
Yo siento que estás llegando.
El amor crece en mí como una enredadera.
Estás trepando dentro mío, buscando dentro mío
la salida para tus caderas.
Tus ojos se abren paso.
Nuevamente están temblando los astros.
Yo siento que estás llegando.
Te siento en mi corazón,
graciosa y morena.
Saltando en mi corazón,
ardiendo en mi corazón
con el fuego de oscuras ceremonias aztecas.
Destrozas mi corazón
golpeándolo con tus caderas.
Estallas en mi corazón,
furiosa y morena.
Te siento llegar. No he podido
verte todavía.
Pero bailas en mi corazón,
bailas en aquellos astros que con tus movimientos vibran.
Desde el fondo del olvido,
como un rayo
atraviesas los mares y los continentes.
Yo siento que estás regresando.
Te escucho saltar en las rocas
de milenarias montañas.
De altos templos te desplomas,
ruidosa y sagrada.
Te lanzan desde los arcos de ancestrales combates.
Llena de fuego avanzas por la tierra y por el aire.
Escucho en ti los tambores que anuncian la caída
de imperios y de profetas.
Hacia ti corren las flechas, hacia ti corren las piedras
de todas las guerras.
Te persiguen y te envuelven
los ríos de tu tierra.
Los ríos van hacia ti, seducidos por tus piernas.
Todos los ríos te quiebran, te parten en danzas hirientes.
Hacia todos lados saltas en chispas de fuego y belleza.
Te rompes de tan bella que eres.
