-Villamil... ¿¡Qué es esa cosa que tienes en la pierna!?- Le pregunté alarmada.
-¿Esto?- Preguntó señalando una mancha negra en su gemelo.- Es de nacimiento.
-Puede que usted tenga cáncer.- Soltó Simón relajado.
Villamil se asustó.
-Lo dice para asustarte.- Aseguré acariciándole la cabeza.
-Pues lo consiguió.- Se burló Marto.
Miré hacia ambos lados.
-¿Y Isaza?- Pregunté algo alarmada.
-Estará con su nueva novia.- Respondió María mientras abrazaba a su novio.
-¿Tiene novia?
Todos negaron con la cabeza.
-Como su novia no sea la pizza...- Se burló Simón limpiándose las gafas.
-Con extra de queso.- Añadió su hermano.
Todos reímos animados.
-¿Por qué no nos vamos de fiesta?- Preguntó María.
-¿Eso a qué viene?
-Echo de menos ir de fiesta contigo.- Me dijo ella señalándome.
-Ya no soy una borracha.- Le aseguré.
Todos giraron los ojos y se rieron.
-Lo digo enserio.- Me quejé cruzando los brazos.
-Laura sin ser una borracha, Isaza desaparecido, Villamil enamorado...- Contó María.- Todos habéis cambiado.
-No haber desaparecido.- Le eché en cara.
-Por favor... Necesito fiesta.- Me rogó.
Después de unos segundos reflexionando acepté su propuesta. Ella empezó a celebrar mi respuesta. Villamil me abrazó agradecido y todos sonrieron. Isaza entró por la puerta.
-Perro, nos vamos de fiesta.- Le anuncié.
Él me miró raramente. Ya llevaba días y días mirándome de esa manera. Parecía no tener alma. Me daba incluso pena. Ambos fingimos una gran sonrisa.
-Claro, ¿por qué no?- Soltó él fingiendo felicidad.
-Pues vamos a prepararnos.- Ordenó María levantándose del sofá.
Después de quejas y bufidos nos fuimos a preparar. María y yo nos encerramos en el baño y nos maquillamos.
-Ese pintalabios te queda muy bien.- Me piropeó María mientras se esparcía la sombra de ojos por el párpado.
Sonreí agradecida.
-Espero que no se vaya a tomar por saco cuando beses a Villamil.- Se burló ella.
Alguien aporreó la puerta.
-Salgan ya.- Ordenó Simón.
Salimos como una pareja de gatas. Villamil se estaba abotonando la camisa, Isaza se colocaba el sombrero, Simón se emperifollaba en el espejo y Marto se peinaba la melena pantene.
-Parecéis las de Sexo en Nueva York.- Me burlé buscando mi bolso.
-Pero sin sexo.- Añadió María peinándose.
Ambas nos reímos de forma animada. Alguien me tocó el hombro. Al girarme me encontré a Isaza entregándome su sombrero.
-¿Puedes...?- Me preguntó.
Sabía perfectamente lo que quería. Asentí con la cabeza y, con sumo cuidado, le coloqué el sombrero en la cabeza.
-Ya está.- Solté sonriendo.
Él asintió agradecido.
-¿Nos vamos?- Sugirió Simón mirando el reloj de su móvil.
Todos nos pusimos en camino a la discoteca. Al llegar todo eran luces de colores y personas amontonadas como sardinas. María agarró a su novio y se pusieron a bailar. No pude evitar reír al ver bailar a Marto. Por alguna razón todos los de mi alrededor bailaban exageradamente bien, me llegué a plantear la posibilidad que, en esa discoteca, hacían clases de baile. Con tantos desamores se me había olvidado qué se hacía en una fiesta. Sí, me encontraba rodeada de futuros bailarines profesionales. Empezó a sonar una canción de reggaeton intenso. Todas las parejas bailaban muy pegadas. Eso parecía una orgía más que una fiesta. Me giré hacia Villamil.
-Yo no sé bailar esto.- Le confesé como si fuese una abuela.
-Yo le enseño.- Soltó él de manera pícara agarrándome de la mano y atrayéndome hacia él.
Empezamos a bailar. Sinceramente: no sabía si estaba incómoda o era uno de los mejores momentos que había vivido nunca. Estar tan pegada de Villamil era demasiado tenso, después de todo, no quería arruinarlo. Al poco rato le conseguí pillar el truco a ese "baile". Cuando acabó la canción pude ver como Isaza me miraba desde la lejanía.
-Ahora vuelvo.- Le dije a Villamil mientras me encaminaba hacia Isa.
Me acerqué a Isaza. Ambos nos miramos sorprendidos.
-¿Qué te pasa?- Le pregunté.
-Me imagino mi vida sin usted.- Respondió él bajando la cabeza.
-Idiota, no me voy a ir a ningún sitio. Simplemente estoy saliendo con Villamil.
Isaza me agarró de la cintura con firmeza. Su mirada se volvió intensa y exageradamente pícara.
-¿Acaso le amas?- Me preguntó.
-Aléjate.- Le ordené.
Mis palabras no sirvieron de nada. Juan Pablo me besó sin permiso alguno. Cuando se separó de mi le pegué una bofetada con rabia, haciendo que la marca de mi mano se plasmara en su enrojecida cara. Él se colocó la mano en la mejilla. Yo le miré con rabia.
-Te dije que te alejaras.- Le grité enfadada.
-Pero...
-De pero nada. Tengo novio y estoy muy feliz con él.- Le reñí.
Me fui corriendo con Villamil. Marqué una falsa sonrisa en mi cara.
-Hola, ¿he tardado mucho?- Pregunté dulcemente.
Bailé y hablé con Villamil durante horas. Hasta que María no se sostenía en pié por si sola. Fuimos a casa y decidimos ir a dormir. Yo con Villamil, Isaza en una cama en solitario, Simón en otra y Marto y María en otra.
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Enamorada de ambos
Hayran KurguLau, una chica de 19 años, y su amiga María, de su misma edad, deciden irse a vivir a Madrid una temporada para aclarar ideas. Pero no pueden aclarar mucho ya que sus vecinos de arriba son músicos y hacen bastante ruido.
