– Mete esto en la maleta. Te hará falta. –me dijo Grace tirándome literalmente a la cara una caja de preservativos.
– ¿Qué? ¿Lo dices en serio? Voy a hacer un reportaje no a tirarme a media California, Grace. ¿Por quién me tomas?
– Bueno nunca se sabe. Si no mira el otro día.
– Por favor, dejemos ese tema.
Sí, aún no había recordado nada de esa noche excepto el beso y ni siquiera el beso íntegro. Era extraño como mi mente se había cerrado en banda a recordar ese dichoso día. Tal vez, solo tal vez, mi mente no quería recordarlo porque fue algo desastroso. Y esperaba que no fuera eso, o que en realidad no hubiera tenido sexo con nadie aquella noche. Y a decir verdad, prefería la segunda opción. Sería un quebradero de cabeza menos.
– ¿A qué hora sale tu avión mañana?
– A las siete en punto.
– ¿Quieres que te lleve?
– Te lo agradecería. Los taxistas son unos estafadores cuando se trata de llevarte al aeropuerto. Y no quiero ir cabreada un viaje de once horas.
– Se te va a quedar el culo plano.
– Gracias por tu animo "Amiga". –digo fulminándola con la mirada.
Grace había decidido que lo mejor para poder salir a tiempo era que se quedara a dormir. Y en ese momento empecé a sopesar que mi amiga se mudaría a mi casa el fin de semana que estuviera fuera. Y no solo lo sospechaba. Sabía que lo haría.
A las cinco y media, ni un minuto más ni un minuto menos estaba arrastrándome hacia el baño para estar presentable. Tenía los ojos rojos e hinchados. Apenas había dormido un par de horas por culpa de los nervios y recé para que en esas once horas de vuelo Morfeo acudiera a mi desesperada llamada.
Antes de salir de casa me tomé un café bien cargado, por lo menos para mantenerme despierta hasta que mi avión hubiera despegado. Cosa que funcionó, eso y la persistente conversación de Grace sobre cosas que podría hacer si disponía de un tiempo libre en mi fin de semana en California. Cosa que dudaba.
A las siete menos veinticinco de la mañana estaba embarcando para mi tedioso viaje.
Para más inri no me había tocado la ventanilla sino que mi asiento estaba entre dos mujeres bastante orondas y me sentía bastante incómoda. Eso de viajar en turista tantas horas sería el mayor suplicio de mi vida.
No habían pasado ni dos horas cuando una de las azafatas dijo mi nombre. Cosa que me sorprendió, así que como pude levanté a mano entre esas dos ballenas que tenía por compañeras de viaje y por fin me situó.
– Señorita Mills ha habido un error con su asiento.
– ¿Qué problema?
– Tiene un asiento en Business.
– ¿De verdad? – mi cara no pudo expresar otra cosa que no fuera alivio y satisfacción ante las palabras de la poli operada azafata de vuelo.
– Por supuesto. Acompáñeme por favor.
En un santiamén me puse en pie cogiendo mi bolsa de mano y entrando por aquellas ligeras cortinas de satén azul que separaba la clase turista del resto del avión.
– Este es su asiento señorita. Disculpe las molestias.
Con una sonrisa le agradecí el gesto a la azafata y guardé mi bolsa de mano.
Cuando me senté en aquel asiento de cuero he de decir que fue como estar en éxtasis, bueno eso tal vez sería exagerar, pero sí que me daban ganas de mearme del gusto, como decía Grace cuando algo le gustaba tanto que no podía describirlo.
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30 Días ©
Roman d'amourSpencer Mills tras empezar como columnista en German Phillips, uno de los periódicos más famosos de Londres, conocerá a la persona que le cambie su vida para siempre. Harta de planificar su vida constantemente decide correr el riesgo y conocer a Dan...