Despertar en un lugar desconocido.
Ver un rostro jamás antes visto.
Saber que ahora, todo es distinto.
Oh por Dios, este siglo no es mío.
Extracto del libro: En la época que eras para mí.
Anónimo.
2018, Londres.
Para Ginger, sentir dolor mientras dormía no era una novedad, es decir, no era su primera ni última vez. Con su padre, seguramente no.
El olor era agradable, sin embargo, no era parecido en nada a lo que estaba acostumbrada. La cama era bastante cómoda y acolchonada, pero ni eso la ayudaba a aminorar su malestar, le dolía el cuerpo en su absoluta totalidad, las piernas le temblaban y la espalda le palpitaba, ya ni siquiera quería pensar en el dolor que estremecía su rostro.
Deseaba llamar a Emma, no obstante, sus ojos no tenían la intención de abriese y alejarla de ese letargo que la distanciaba de su triste realidad. No recordaba mucho, sólo que había caído por una pendiente y seguramente tendría algo roto.
Un golpe —el de la puerta contra la pared— fue lo que escuchó. No se movió, sólo esperó. Su padre, Matthew, venía a golpearla. El alcohol posiblemente ya lo habría abandonado y ahora su mano aterrizaría en los lugares más certeros de su ya maltratado cuerpo.
Siendo llevada por una abrumadora fuerza, anclada a su brazo, Ginger abrió los ojos; por unos instantes la luz la cegó, todo era tan borroso que tuvo que entrecerrarlos. Su cuarto jamás fue tan iluminado, la luz de las velas no era tan generosa como aquella que ahora la aturdía y lastimaba en los ojos.
No llegaba ningún golpe, mas la peligrosa presencia le informaba que tarde o temprano algo sucedería. Juntó los parpados, frotándoselos con delicadeza con el dorso de la mano libre.
Parecía un gatito inofensivo.
—¿En qué carajos estuviste pensando, Kenny?
Alarmada por el escandaloso vocabulario, y la profunda voz desconocida, dejó de acariciarse los párpados y los separó buscando al hombre que la tenía sujeta.
—¡Responde! —La zarandeó, impidiéndole concentrarse en sus facciones e incrementándole el temor.
¿Qué fue lo que hizo? ¿Acaso le ocasionó algún daño material en su caída? Oh por Dios, la adivina nunca le dijo que un desconocido iba a maltratarla.
—No sabía lo que hacía, por favor, perd...
—Nos vamos, tu padre hablará seriamente contigo —le dijo el castaño, tirando de su brazo para que se pusiera de pie. El pánico afloró, provocando que sus rodillas flojearan y terminaran en el piso—. ¿Qué demoni...?
Nathaniel quiso gritarle a la estúpida que ahora estaba de rodillas en el piso, pero ver el horror en su mirada lo hizo callar. Ella observaba el lugar, anonadada, como si hubiera visto un homicidio allí mismo.
—Levántate, él nos espera. —Quiso tomarla del brazo, pero quedó helado ante lo siguiente que sucedió.
—¡No! ¡No me toque!
Kenny se puso de pie, huyendo a uno de los extremos de la habitación, y Nathaniel supo que pronto perdería los estribos. ¡¿Qué demonios le sucedía a esa maldita loca?!
—Oh mi Dios —La escuchó balbucear, y avanzó hacia ella—. ¡No se acerque, no me toque! —Como de costumbre, poco caso le hizo y pronto empezaron a forcejear. Le importaba un comino su opinión, él se la llevaría a la fuerza y una vez que Joseph le asignara su castigo; en su departamento le enseñaría el por qué nadie se burlaba de él.
—¡Ayúdenme por favor!
La petición cargada de agonía, hizo que Nathaniel la soltara y retrocediera, aturdido. ¿Qué le sucedía? Jamás creyó que viviría lo suficiente para ver llorar a Kenny Grace Bellamy.
—Ayúdenme —susurró esta vez, dejándose caer hecha un ovillo en el piso. ¿Dónde estaba? Esa no era su casa.
—¡¿Qué sucede?!
Al escuchar esa voz, Kenny sintió un escalofrío recorrer su espalda y se abrazó a sí misma. Era su padre.
—¡¿Qué demonios hiciste?! —Lo escuchó gritar como nunca, y su llanto se intensificó. Iba a matarla.
—Yo... Yo... —balbuceó el hombre que quiso llevarla.
—Kenny...
Alzó el rostro, y fue el único momento donde pudo moverse por gusto y aferrarse a los brazos de Emma, al menos no estaba sola.
—Que no me lleven por favor, no quiero... —lloriqueó, guiada por el miedo.
—Pero hija...
Se acercaba, Matthew no le permitiría alejarse, él la quería a su lado para hacerla miserable.
—¡No, no quiero! ¡Déjeme, padre, se lo suplico! —Se arrodilló, dispuesta a suplicar por su misericordia.
—Hija... —Joseph Bellamy perdió el equilibrio por la imagen que tenía ante él, y si no hubiese sido porque Nathaniel y su chófer lo sujetaron, ahora estaría en el suelo—. Yo... Perdóname... —musitó con voz queda.
—No. —Se rehusó a hacerlo—. Si yo lo perdono, será cuestión de tiempo para que vuelva a lastimarme.
Nathaniel sintió sus venas palpitar, y sin poder controlarse, sujetó de los hombros a la estúpida que pensaba arruinar sus planes.
—¿Estás loca? Tú harás lo que tu padre te ordene. ¿Me entiendes? —escupió muy cerca de su rostro.
—¡No! —gritó fuera de sí, liberándose de su agarre para aferrarse a su doncella que parecía una estatua—. ¡No dejes que me lleven, Emma!
Emmy quiso corregirla, pero pronto su espalda chocó contra el piso porque Kenny se desvaneció sobre ella, alterando la tranquilidad de su padre.
—Kenny... —Joseph se arrodilló junto a su hija—. Vamos, iremos al hospital. —Se dirigió a su chófer para que levantara a su hija—. Debes venir, está muy nerviosa. —Miró a Emmy con suplica, era en la única persona en quien podría confiar por ahora.
Nathaniel quiso alzar a Kenny, pero Joseph se lo impidió, retirando sus manos con brusquedad del cuerpo de su hija.
—Lo mejor será que te marches —indicó con frialdad.
Peter, el chófer, tomó a la señorita Bellamy en brazos y la sacó de la alcoba, seguido de la rubia que no pensaba meterse ni escuchar la conversación que se avecinaba.
—Joseph, no puedes dejarte manipular, ella es una embustera.
—¡Mi hija me suplicó para que no la casara! —elevó la voz—. ¡Pidió auxilio cuando estaba contigo! ¡Por tu culpa está como está! ¡¿Qué le hiciste?! —Acarició su sien con cansancio al ver la sorpresa en el rostro de Nathaniel—. Hice mal. A la fuerza nada sale bien. Lo siento, Nathaniel, pero ahora lo mejor será que dejes a mi hija tranquila. No se casarán.
—¿Qué? Pero... Pero...
—Si quieres renunciar e irte a Canadá, tienes mi apoyo, haré lo que desees porque te aprecio. Sin embargo lo siento, mi hija es primero y si no te acepta como su esposo, no lo serás. —Y dichas esas palabras, Joseph abandonó la alcoba para dirigirse al hospital. No debió forzar nada, fue algo muy duro para él verla arrodillarse a sus pies. ¡Su Kenny no era así!
Emmy le debía una explicación, ¿por qué su hija estaba herida? ¿De dónde había sacado ese atuendo? ¿En qué fiesta se habrían metido? Necesitaba saber qué le sucedía.
Nathaniel empuñó sus manos y la sangre dejó de circular por ellas, dejándolas totalmente blancas, sentía como sus uñas se clavaban en su carne enardecida.
¡Esa estúpida se las iba a pagar! Ellos se iban a casar, Kenny Grace Bellamy iba a ser su mujer a como dé lugar.
***
"Ese momento glorioso en el que tu vida mejora porque al menos Nathaniel tiene peor suerte que tú" Atte: Kristal.
¿Cómo le irá a Grace? o.o
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Este siglo no es mío
Romance¿Qué sucede cuando un acto de rebeldía provoca un cambio de ciento ochenta grados en tu vida? Kenny Ginger sólo quería conocer la suerte de su desgraciado destino y Kenny Grace sólo quería escaparse de su fiesta de compromiso. Y por eso, ahora el Du...
