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No aceptaré ese destino, antes prefiero escribirlo.
No seguiré tu voluntad, pues es mi vida la que se someterá.
No te amaré por obligación, si es obvio que tuyo no es mi corazón.

Extracto del libro: En la época que eras para mí.

Anónimo

2018, Londres.

—Es una mentira, ¿verdad? —susurró Kenny, percatándose que la boca empezaba a secársele mientras su padre seguía explicándole algo, por milésima vez, y ella ya no llegaba a escucharle.

¿Casarse con Shepard?

—¡No! No lo haré —cortó el monólogo de su padre, verdaderamente espantada. Se suponía que ella elegiría, Joseph le dijo que buscara a un hombre que le gustara; y Nathaniel no aplicaba a ese grupo de muchos hombres sexys y de sonrisa arrebatadora. Es decir, ese malnacido no sabía lo que era sonreír.

—Lo harás —aseveró el hombre de cabellera avellana, clavando sus ojos en ella—. En caso de que te rehúses: debes saber que cancelaré tus tarjetas y te pediré muy amablemente que te marches de mi casa. Esto va mucho más allá de lo que deseo para la empresa. Es por ti, Kenny. Nathaniel te cuidará mejor que nadie el día que yo no esté.

—Papá, ese hombre sólo quiere tu dinero. —Sujetó sus manos, con los ojos llorosos y las manos temblorosas.

—Lo conozco de años, le he abierto las puertas en este mundo, es normal que quiera cuidar de BeyMel, él creció junto a la empresa.

No podía negarlo, Nathaniel trabajaba en la compañía de su padre —la cual se dedicaba al desarrollo de software— mucho antes de haber ingresado a la universidad. Jamás supo cómo llegó a conocer a Joseph, pero ya nada podía hacer, ese hombre se había metido en su vida a la fuerza.

—Pero que lo haga —bramó, histérica—, no necesita de mi trasero para eso. —Alborotó su cabellera color chocolate.

—Pero yo quiero que también cuide de ti.

—No me ama, papá, él tiene una novia.

Sabía perfectamente que Nathaniel tenía una relación con Charlotte, una modelo que recién se abría puertas en el mundo del modelaje.

—En realidad Nathaniel no tiene novia, es muy reacio a las mujeres —aclaró su padre y ella rodó los ojos.

—Es adicto al sado.

—Eso es mentira, él mismo me lo garantizó.

«Lo intentaste, Kenny, al menos lo intentaste» Se consoló, últimamente sus mentiras no estaban teniendo mucho éxito. Era una lástima que lo del rumor haya sido desmentido tan rápido, ella quería agregar a los seis hijos que abandonó junto a sus sumisas.

—Pero...

—Ve a tu alcoba, la modista llegará pronto —concretó su padre con sequedad, girando sobre sus talones, y dando claras indicaciones de que nadie dejara salir a su hija.

1822, Londres.

Ginger sabía que era una locura —aparte de ser muy tarde—, pero no podía quedarse así; con la curiosidad de enterarse si esa mujer podría darle una solución a sus problemas o al menos advertirle sobre cómo debería tomar su destino y mantenerse a salvo de un mal matrimonio.

—Emma, ¿en serio no nos harán nada? —repitió su pregunta, otra vez, y su doncella sonrió con ternura.

—No, tranquila, Srt. Bellamy, no son personas malas. Al menos no las que llegaron esta temporada.

Este siglo no es míoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora