-7-

2.1K 338 60
                                        




Ese comentario la dejó fría, y se volvió hacia él, quien con movimientos escuetos se sentaba en la cama. Quiso salir huyendo, pero sus músculos le fallaron y no pudo moverse ni un ápice.

—Tienes que recordarme, cariño —Sujetó sus manos y ella sollozó. Él la estaba confundiendo con otra.

—Yo no tengo ningún prometido —espetó con voz amortiguada.

Por unos segundos el silencio los acompañó.

—Es verdad —dijo por fin él—, pero ayer íbamos a comprometernos.

—¿Ayer? —Conectó sus miradas.

—Sí —asintió eufóricamente, mirando de soslayo la puerta—. Somos muy felices, tú vives conmigo, en mi departamento, no puedes dejarme, quiero volver a casa contigo hoy.

—¿Qué? —su voz se quebró, sin comprender nada. ¿Qué mujer vivía con un hombre sin antes casarse? ¿Acaso era una cortesana?

«Las cortesanas no se casan».

¿Qué rostro tendría, seguiría igual? Siempre supo que la magia era peligrosa, no debió acudir a la adivina.

—¿Vendrás conmigo? Tu padre se pondrá muy feliz... —Su piel se erizó, y tiritó violentamente—. Él quiere que nos casemos.

—Yo...

—Sé que estás confundida, pero pronto todo pasará, sólo debemos revivir todo lo que hicimos y recordarás.

¡Pero si ella no era la mujer que él quería! No podía engañarlo. No así.

—No sé quién eres —Intentó liberarse de su agarre.

—Tranquila, preciosa. Yo te ayudaré a recordar —musitó con voz aterciopelada.

Ginger negó al instante, había un error. Ella no estaba comprometida con nadie, ¡nadie quería estar con ella!

Sus lágrimas fueron retiradas por los suaves dedos del hombre, que la tocaba sin pena alguna, y juntó los parpados por el calor que su tacto le generó. Nadie le había tratado así en años, desde que su madre murió, afecto era algo que no volvió a recibir.

Nathaniel pasó saliva por su seca garganta e inhaló con pesadez, ¿lo estaba invitando? ¿Acaso por fin podría tocar esos labios? Inclinó el rostro con lentitud, mirándola con fijeza, se veía tan natural que lo enardecía. Ella abrió los ojos, y él se impulsó para unir sus labios antes de que se echara para atrás.

La única manera para que su mentira tuviera solvencia, era esa. La besó, y para su pesar, lo hizo con una loca ansiedad porque ella separara los labios. Llevó una mano a su nuca y con sutileza tiró del cuero cabelludo, haciéndola jadear, logrando así, arremeter con su lengua sobre la suya. Gimió encantado mientras ella trataba de retirarse, mas su insistencia la hizo menguar y terminó acunando sus mejillas, siguiendo el ritmo de sus labios.

Si las cosas marchaban bien, embarazarla sería más fácil de lo pensado.

—¿Vendrás conmigo? —interrogó sobre sus labios, mermando la pasión evocada.

Ginger aprovechó de la separación para respirar, y lo observó con el cuerpo lánguido. Su primer beso acababa de ser robado por un hombre que no era ser suyo, y él pensaba lo contrario.

—Yo...

—¡Eres un maldito aprovechado!

Ambos respingaron y Kenny lanzó un grito cuando la mujer que tenía el rostro de Emma, se abalanzó sobre el castaño, provocando que ambos cayeran al piso. Horrorizada por la escandalosa situación, buscó por el lugar a alguien que la ayudara —o más bien socorriera a ese pobre hombre que era víctima de los golpes de la rubia—, pero no hubo nadie a su alrededor.

—¡Sólo fue un beso! —dijo él, tratando de frenar los pequeños puños.

—Un beso mi trasero, cabrón —chilló ella, fuera de sí.

Como pudo se puso de pie, con las piernas temblorosas, y asustada por el pantalón que llevaba puesto. ¡Las damas no usaban eso!

—Este... disculpa —se acercó, temerosa, y la rubia se giró hacia ella.

—Kenny —Se puso de pie, dejando a un Nathaniel herido en el piso.

¿Kenny?

—Escúchame Grace, no creas en nada de lo que este hombre te diga, es un estafador.

Grace... así que ese era su segundo nombre. Procesó las palabras y se tensó, ¿un estafador?

—No es cier...

—No mientas, Nathaniel.

Nathaniel... ese era su nombre, lo había dicho con anterioridad pero no pudo atraparlo en sus recuerdos.

—Cariño, ¿tú le crees?

—¿Cariño? —Emmy ahogó un grito, incrédulo—. No mames, idiota, si Joseph se entera de tu atraco te corta las bolas. Estás usando tus mejores cartas para eng...

La carta... ¿Dónde estaba la carta? Barrió el piso con la mirada. Esa no era su vida, ella no podía robar la felicidad de la otra Kenny. Miró conmocionada a las dos personas que discutían como niños pequeños, y pasó saliva, ese... era su prometido, y como era de esperarse, era un tirano que su padre había elegido para ella; pues creía más en la rubia que en él.

No lloraría, no entraría en pánico, simplemente... encontraría una manera para regresar a su mundo sin salir mancillada.

—¿Podrían salir? —soltó con suavidad, callándolos a ambos. Esa... Era su casa después de todo.

—Claro, amiga, yo me encargo de este rufián —aseveró la desconocida.

—Pero Ken...

Retiró la mirada. Odiaba estar allí, que esos ojos azules la taladraran y su pulso aun corriera a toda prisa por el apasionado beso que compartió con un extraño. Un extraño que tenía toda intención de engañarla y seducirla.

«Él es muy diferente a lo que has visto hasta el día de hoy, aunque al igual que cualquiera ama el dinero. Si no sabes tratarlo, lo perderás».

Entonces recordó todo lo que le dijo Berliz: que ese era su destino, que la otra mujer estaría muy bien y que... prácticamente esta sería su nueva vida.

Las piernas le fallaron y cayó en silencio, quedando de rodillas frente a ellos.

—¡Kenny! —Los sintió próximos, pero no los escuchaba, no los miraba, sólo lloraba... lloraba por haber acabado en un lugar que parecía estar a años de su hogar.  


Compensando mi desaparición.

Deben comprender, soy tipo Christian Grey de día y Batman de noche. Mi vida es ocupada 💅😂 ¡¡Mentira!! Estoy en modo Diva On.

Este siglo no es míoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora