CAPÍTULO 13: "Entre dos cielos"

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Me pare, y mire el barco. Aunque ahora ya sabía que esperar, me seguía sorprendiendo la opulencia del barco, jate o como sea que se llame.

Había aceptado cenar con él, y estaba aterrada. Hacía años que no cenaba con un hombre,  que no estaba en una cita. La noche anterior después de besarla, le sonrió y le dijo que la esperaria al día siguiente para que cenaran juntos. Luego se fue. Sin más palabras. Lo agradeció, no hubiera sabido que decir. 

Esperaba encontrar a algun empleado de Hâlil que la hiciera subir, pero fue él mismo quien me saludó.

- Buenas noches, Maguie. Estas preciosa.  - Le sonreí en agradecimiento. Había elegido ponerse un vestido sencillo, pero bonito. 

-Usted también está muy guapo, señor jeque - bromeé, no sabía que decir. 

Me tomó la mano y subimos los pocos escalones hasta llegar a la parte delantera del jate

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Me tomó la mano y subimos los pocos escalones hasta llegar a la parte delantera del jate. Habíamos avanzado varios pasos, cuando Hâlil frenó de golpe, dio media vuelta y me besó. Me tomó de la nuca, apretandome hacia él, y me besó como lo había hecho la noche anterior. Posesivamente. Me estremecí. 

- Ahora sí, Maguie, buenas noches - reí, y lo miré a los ojos. Le brillaban.

Pasaron una velada hermosa, tomaron vino, y champán. Demasiado. Demasiadas burbujas, le había dicho y él había reído. Hâlil me había llevado a un sillón, delante de un enorme televisor. Trajo una fuente con pororó y vimos una película de acción. No sé en que momento me dormí, pero desperté tapada con una pequeña manta. Me levante, y ví que me había sacado los zapatos. Lo busqué, y lo encontré en la parte superior, al mando del timón. Estábamos moviendonos. Lo miré, tenía una mirada nostálgica. Casi triste. Me sorprendí.

- Hola - susurré. Se dio vuelta y me miró, sonrió. Toda la angustia que le había visto en los ojos desapareció.

- Despertaste - respondió - ven - me acerqué a él, y me puso entre su cuerpo y el timón, me abrazó y miramos adelante. Las estrellas brillaban con la luna llena. Era una noche de otoño fresca, pero agradable. Alrededor se veía pasto y pasto. Estábamos lejos del muelle.

- ¿Cuanto hace que el barco se mueve?

- Una hora, lo qe llevas dormida.

- Sabes que tengo que volver, ¿no?

- Pues lo siento - susurró - te he secuestrado toda la noche para mi solo.

Me dio un suave beso en los labios. Y le sonreí.

Fue una noche hermosa, hablamos de nuestras vidas y de cosas banales. Le hable de Santi, y de Julián. él me habló de sus costumbres y de su familia. De su pueblo, al que tanto amaba. Comimos helado y tomamos café. Me dormí en sus brazos mientras me acariciaba el cabello y me susurraba, me contaba detalles de sus caballos árabes tan famosos.

Me desperté por el sonido de mi celular, me estaban llamando. Me di cuenta que estaba apretada al cuerpo de Hâlil, todavía recostados en el sofá. Me moví, el sol brillaba afuera, así que seguramente era tarde. Hâlil me apretó más.

-Quieta, estoy calentito - refunfuñó.
- Me está sonando el celular, puede ser mi hijo - dio un largo y ruidoso suspiro demostrándome sus molestias, pero me soltó. Respondí sin ver quien era.
-Hola

-Hola Maguie, estamos con Santi en la puerta, ¿por qué no nos abres?

-No estoy en mi casa. ¿Qué hacen ahí?
- ¿Cómo que no estás acá? ¿Dónde estás? ¿Fuiste a buscar comida? Nosotros te venimos a buscar para almorzar los tres juntos. 
- Mejor, encontrémonos en el restó de siempre. Nos vemos ahí, en media hora.

- Está bien. - la respuesta seca de Julián, me hizo darme cuenta que el sospechaba cual era mi paradero. - treinta minutos Maguie.

- Sisi, adiós. - corté, y me levanté corriendo, buscando mis zapatos

- ¿Que sucede Maguie? ¿Por qué estas tan apurada?
- Julián y Santiago me tocaron la puerta, estaban en mi casa. Y yo, obviamente no abrí. Tengo que encontrarme en un restó cerca de mi casa en treinta minutos, y me va llevar más de media hora.

- Maguie, Julián te lo está haciendo a propósito y tu estas cayendo en su trampa. 

- Lo que sea Hâlil, mi hijo tocó la puerta de su casa y nadie le abrió. No puedo permitir eso.

- Vamos, relájate, yo te llevo. - lo miré suspirando, mientras ataba la tira de los zapatos

- El que me lleves no hará que sea más rápido.
-¿Estás segura? - Hâlil alzó su ceja izquierda con una sonrisa en su... hermosa boca.

Veinticinco minutos después de que cortara la llamada con Julián, me encontraba bajando del auto de Hâlil. Me habían dado varios mini-infartos por la velocidad con la que maneja el hombre. Pero se lo agradecí.

Hâlil se bajó del auto y me abrió la puerta. ¿Modales árabes? Tal vez. Suspiré.

- Gracias por la rapidez. Buscaré el auto apenas pueda. ¿Si?

- No hace falta, tu auto debe estar estacionándose en tu edificio.

- ¿Si? - Me sorprendí.
- Sí. Uno de mis hombres lo estacionara. Despreocupate. 

- Okey. Gracias. Me voy. - Me di vuelta, pero no llegué a irme completamente. Tiró de mi brazo y me besó. 

Tre men do... beso. Ni parecido a los que me había dado.

- Hâlil, podría vernos alguien.
- Shhh... sólo nos vio quien tenía que hacerlo.

- ¿De qué hablas? - cuestioné.

- Nada, ya, relájate. Disfruta tu almuerzo. Te llamaré.

Entonces me di vuelta, y ví por la puerta de vidrio del restó, el furioso rostro de mi ex. 

Mi HijoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora